<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425</id><updated>2011-09-01T02:05:43.148-05:00</updated><title type='text'>Umblicus</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://umblicus.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>41</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-1812698709704698904</id><published>2010-05-13T23:44:00.001-05:00</published><updated>2010-05-13T23:52:05.357-05:00</updated><title type='text'>Entrevista a Eduardo Matos Moctezuma</title><content type='html'>&lt;embed src="http://blip.tv/play/AYHd_SsC" type="application/x-shockwave-flash" width="430" height="370" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-1812698709704698904?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/1812698709704698904'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/1812698709704698904'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2010/05/entrevista-eduardo-matos-moctezuma.html' title='Entrevista a Eduardo Matos Moctezuma'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-103272295617633374</id><published>2010-05-13T06:19:00.001-05:00</published><updated>2010-05-14T05:31:54.574-05:00</updated><title type='text'>Crack social, político y diplomático</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S-0mGFTVKeI/AAAAAAAAClw/MO_wRAxkvXk/s1600/Crack.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 337px; FLOAT: left; HEIGHT: 336px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5471071008269347298" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S-0mGFTVKeI/AAAAAAAAClw/MO_wRAxkvXk/s400/Crack.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Jorge Volpi juega. Afirma en su &lt;em&gt;Código de procedimientos literarios del Crack&lt;/em&gt; que “los miembros (de este grupo) tienen el derecho —como todos los escritores &lt;em&gt;del mundo&lt;/em&gt;— de escribir sobre cualquier tema que se les ocurra”... De ahí en adelante, Volpi insiste y reclama incluyendo en varias ocasiones esa frase: “como todos los escritores del mundo”, y la repite en sus consignas determinando la fuerza de un empecinado liberalismo cosmopolita, asentado tanto en la individualidad liberal como en la broma; es un juego intelectual que se inició hace mucho más de diez años (él dice que fue así desde el verdadero nacimiento del &lt;em&gt;Crack&lt;/em&gt; cuando se vivían los tardíos años sesenta y “nacieron sus miembros”). Varias veces escuché decir a Volpi que la única fórmula del grupo ha sido “hacer”... Más elegante sería decir “emprender”, tal y como lo corregiría un político con colmillo, para que hablen de uno y no dejen, por razón evidente o remota, de comentar de criticar de detestar y de mencionar tu nombre... Y pareciera que tal esfuerzo, en el llamado grupo del Crack, enfrentó los altos muros de la humildad mexicana, congénita y ramplona, a veces infranqueable, en un país grosero donde, por paradoja, la timidez es virtud y la protesta y el atrevimiento, vulgaridad. Simplemente, la del grupo parecía una inusitada e inaceptable pretensión. De ahí en lo subsiguiente se justifica, sin usar más que la lógica, que se atravesara la puerta hacia una obligada e intensa búsqueda de la internacionalización. Ahora se cumplen diez años del “Día D” en que una casa de cultura de San Ángel albergó la presentación en sociedad del &lt;em&gt;Manifiesto del Crack&lt;/em&gt; (1996), un cuadernillo amarillo que me empeño en conservar como testimonio y que en pocas décadas, espero, será tasado desmesuradamente por la sociedad Smithsoniana. Estaba integrado con sugerente visión de futuro por hojas oficio donde Ignacio Padilla, Ricardo Chávez Castañeda, Eloy Urroz, Jorge Volpi y Pedro Ángel Palou colocaron endogámicamente pasajes y críticas entrecruzadas. A diez años de ese momento que me negué a acompañar entonces con cualquier otro encargo que no fuera la de simple espectador, tres de los siete supuestos miembros del &lt;em&gt;Crack&lt;/em&gt; viven en el extranjero, tres en México vinculados a instituciones de quehacer prototípicamente internacional y el último, para colmo, se hizo diplomático para traquetear su carrera literaria a golpes de burocracia y alimentar así ociosos cuestionamientos sobre su pertenencia al grupo que Volpi no acepta definir más que como “entelequia” o “amistad literaria de sus miembros”. Jorge Volpi vive en el norte de España “internacionalizando” aún más voces y amoríos; recordamos que estudió largo rato en España en un momento en que su estadía en el viejo continente semejaba una fuga; fue consejero cultural de México en Francia y dirigió el Instituto Cultural de México en ese país, algo que nunca se ausenta de sus perfiles y tarjetas de presentación. Padilla no sólo recorrió pasajes paralelos estudiando con Volpi en Salamanca y siendo el agregado cultural de México en Londres en la misma época en que su amigo calaba en el mundo francés, sino que además sus vivencias de juventud en Sudáfrica y Escocia lo han llevado a afrontar las más severas consignas sobre cosmopolitismo supuestamente descomprometido. Eloy Urroz lleva ya lustros vinculado a la literatura mexicana, sólo que desde la observación del académico de universidad estadounidense en una suerte de perpetuación de la experiencia peculiar de supervivencia de un Javier Marías o un Ruiz Zafón; amplió horizontes con un año de vida creativa en Arles, Francia, para regresar inmediatamente a los Estados Unidos. Ricardo Chávez Castañeda, viajero incansable de los espacios geográficos y mentales, está cerca de volverse emigrante definitivo en el alto frío del noreste de Norteamérica. Vicente Herrasti fue cosmopolita desde la plataforma de sus traducciones y su colaboración con el mundo editorial español. Y Pedro Ángel Palou, el más arraigado a lo local, dirige una universidad de corte y nombre estranjerizante, no sin antes convertirse en el artífice de un tenaz lanzamiento de anzuelos a autores del mundo para que arriben a su intimísima Puebla, todos ellos representando aires nuevos y provocadores para México. Nada de esto es muy nuevo ni se aleja mucho de las dos tendencias claves de la formación de jóvenes escritores en nuestro país. Primero la tradición de los maestros del grupo: Sergio Pitol, José Emilio Pacheco o Carlos Fuentes, capiteles en la búsqueda imaginativa de una creatividad moderna en todos los autores de México, necesitada de rebasar, con la energía de sus modelos y sus temas “mundiales”, las antiguas consignas de nacionalismo hierático.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Aun así, el Crack no deja de establecer paralelismos involuntarios, únicos e inoportunos con el tufo de un repudio peligroso que en México tomó su más severa versión, la que aún resuena, en el caso de Los Contemporáneos. En segundo lugar, se destaca la histórica vinculación, aún no estudiada del todo, que ha existido entre los escritores de nuestro país y el extranjero por vía de la diplomacia, relación cualitativamente distinguida frente a la forma en que otras naciones, principalmente latinoamericanas, únicamente generaron una suerte de albergue entre los Ministerios de Educación y su respectiva intelectualidad. Sin embargo, el propio Jorge Volpi, en su jocoso &lt;em&gt;Código de Procedimientos&lt;/em&gt;..., citado como mecha de esta reflexión, no pudo escaparse de un deseo de ubicación social y hasta una especificidad nacionalista: (El Crack) no pretende asumirse como conciencia global ni como ejemplo a seguir (...) se considera sobre todo como un grupo mexicano, independientemente de que algunas novelas de sus integrantes ocurren en Finlandia, Chipre o Mongolia (...) se siente orgulloso de pertenecer a la rica tradición literaria latinoamericana (y) pese a lo establecido (...) detesta el nacionalismo entendido como marca excluyente. Sus miembros consideran que es posible amar a Dostoievski e Ibargüengoitia al mismo tiempo. Parecería fácil, entonces, confirmar de nueva cuenta la forma en que este grupo ha tentado al destino, voluntaria o involuntariamente, para incorporarse más allá de su pretendida pureza artística a los momentos definitorios de una reflexión sobre los caminos sociales de nuestra literatura y, más aún, sobre su relación con el mundo literario internacional. ¿Por qué tenía que estar el Crack justamente inmerso en la determinación más reciente, más debatida y más agitada que ha vivido la compenetración entre los cuadros de la diplomacia y los de la intelectualidad para cumplir la meta de generar una presencia cultural de México en el mundo, algo que ocurrió al inicio del nuevo siglo? Las designaciones en 2001 de Volpi y Padilla como cabezas de la gestión cultural en dos de las capitales de Europa Occidental, entre otro cúmulo de nombramientos, fue el epicentro de meses concentrados en dimes y diretes en torno a las personalidades que México necesitaría para realizar una auténtica gestión cultural internacional penetrante, finamente priorizada, por vía de su diplomacia... Su sutil pero no inadvertido abandono de la diplomacia en 2003 fue eje de un nuevo temblor capaz de demostrar que el tema de los intelectuales en la diplomacia seguía motivando preguntas, tanto sanas e insidiosas, pero no respuestas. Se cuestionó así la problemática de que el Servicio Exterior Mexicano no ha dedicado recursos y esfuerzos serios a formar escuadrones de gestión cultural en sus filas de diplomáticos, problema que persiste agravándose irremediablemente; problema que trasciende a un servicio civil prestigioso pero anquilosado, que todavía se debate, por su exiguo tamaño, entre principios ontológicos como “especialistas” o “generalistas” entre sus miembros. Se trata de una fuerza de trabajo que empieza apenas, tímidamente, a decantar personal capacitado específicamente en la protección consular, en la promoción económica o en la comunicación social, cuando durante años lo único que formó con visos de rama peculiar y distinguida fue la de los “multilateralistas” elegantes y un tanto sabihondos, ya que ser multilateralista garantizaba vivir en una localidad atractivísima, elegida mundialmente para el debate sobre el paradero de la paz mundial. También la gestión cultural, por su parte, ha tenido tradicionalmente la ventaja de que sus responsables, cuando no provienen del Servicio Exterior Mexicano, alcanzan ciudades de muy buena vida, donde el arte y la cultura refinada es materia de competencia internacional (París, Madrid, Londres, Buenos Aires y hasta San Francisco). Los miembros del Crack fueron a lugares prototípicos de esta lista, poco extensa, y agitaron con ello el avispero en un momento clave de nuestra política exterior. El debate entre intelectuales o miembros del Servicio Exterior Mexicano que ocupan los puestos de responsabilidad en la promoción de la cultura mexicana, una tarea no menor y crecientemente más sustantiva, parecía ya zanjado en su parte logística, antes de esa designación en el 2001, lo que daba pie, al menos, a una calma irreflexiva. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Tan simple como decir que la tradicional miscelánea entre unos y otros, impuesta a discreción, funcionaba bien para paliar presiones al interior del medio intelectual mexicano, disipando compromisos por amistad y muy por encima de la mínima necesidad de honrar cuotas políticas. No alcanzaba para hablar de la gestión cultural como herramienta de la política exterior del país. Pero al Crack le tocó congeniar con un proceso de apertura, transformación y genuino atrevimiento político, algo único que no dejó de estar ligado al ámbito estrictamente literario: si bien la política exterior había servido (no innecesariamente) sobre la fórmula de no interferir mayormente con el mundo para que el mundo no interfiera para nada en México y en sus evidentes deficiencias internas, a partir de la transición del nuevo siglo, tal política ha tenido que aceptar que en el mundo contemporáneo resulta necesario provocar reacciones de otros países para propiciar a su vez cambios y desarrollo en el patio doméstico. Muchas de estas provocaciones pueden ser dolorosas y dar pie a las rencillas y al ensimismamiento temeroso. El Crack, o al menos algunos de sus miembros, tenían el filo suficiente para hacer los escarceos con irreverencia tal que de inmediato se provocaran señales, por equívocas que se sintieran, desde las voces internacionales hacia la vida intelectual de México. Falta tiempo para medir su significación una vez que se asienten las envidias, al igual que las jactancias injustificadas. La estrategia de su nombramiento no estuvo exenta de defectos básicos: no se desplegaron con antelación instrucciones precisas para limitar la promoción personal en contraposición a la necesidad de promover la cultura colectiva de la nación (el principal referente en el pasado estuvo repleto de figurones como Alfonso Reyes, Rosario Castellanos, Fuentes, Paz, etcétera, cuya hiperbólica distinción personal no se significaba como un problema sino, muy al contrario, como una ventaja única para México considerando la situación tecnológica y las comunicaciones en esa época); otro tanto sucedía con el hecho de no haber ofrecido una estructura de recursos presupuestales suficientemente sólida y no haber terminado de vincular la actividad de los promotores a los proyectos centrales de la política exterior. Pero sobre todo tuvo un defecto formal en tiempos donde la forma se reitera como sustancia: la exageración, ya que junto a sus nombramientos llegó casi una cuarentena de designaciones, irregulares por naturaleza y manchadas de gestiones deficientes, decisión que despreció, no sin consecuencias, la poca o mucha experiencia acumulada en el Servicio Exterior Mexicano. Cierro diciendo que el grupo del Crack pagó caro (aun cuando obtuvo ventajas) el nivel de estridencia con que se acompañó su natural incursión en los ámbitos de la política exterior. El propio Crack, en el conjunto de sus voces, iniciativas y obras ha resaltado el hecho de que no se pervive con estridencias de trasgresión, por la trasgresión misma. La moraleja, en el tema de la promoción cultural internacional será, como siempre, la reiteración del valor indiscutible del balance. El balance resuena y persevera con eficacia. Tarde o temprano toma relieve el peso específico de la inteligencia personal de quienes trabajaron por la promoción cultural de México, sin importar su origen, contra quienes no hayan detentado tal inteligencia; tarde o temprano se subraya la vocación de servicio como fundamento central frente a quienes no la tuvieron, pero en todo ello se manifiesta que el Crack, al menos, dio un paso más, gracias a su vínculo por vocación con los debates intelectuales internacionales, en la conformación de su sentido social en la literatura mexicana contemporánea. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Alejandro Estivill&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Revista de la Universidad de México&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-103272295617633374?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/103272295617633374'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/103272295617633374'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2010/05/blog-post.html' title='Crack social, político y diplomático'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S-0mGFTVKeI/AAAAAAAAClw/MO_wRAxkvXk/s72-c/Crack.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-9098435165005361851</id><published>2010-05-02T14:03:00.000-05:00</published><updated>2010-05-02T14:07:07.022-05:00</updated><title type='text'>Laicidad en México</title><content type='html'>&lt;embed src="http://blip.tv/play/AYHRjB4C" type="application/x-shockwave-flash" width="430" height="370" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-9098435165005361851?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/9098435165005361851'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/9098435165005361851'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2010/05/laicidad-en-mexico.html' title='Laicidad en México'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-4612760254132246758</id><published>2010-05-02T09:21:00.005-05:00</published><updated>2010-05-03T06:49:23.075-05:00</updated><title type='text'>Humboldt y México: un amor correspondido</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S92gWYYzh7I/AAAAAAAACkI/eYOE9b2nkQc/s1600/Humboldt.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 231px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5466701829061707698" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S92gWYYzh7I/AAAAAAAACkI/eYOE9b2nkQc/s320/Humboldt.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En Taxco, sitio de una de las primeras minas que los españoles explotaron en la Nueva España hay una noble casa que el timepo y la tradición han bautizado como la "Casa de Humboldt". En la ciudad de Cuernavaca y en otras poblaciones que el barón alemán visitó durante su viaje científico de once meses y medio por el Reino de la Nueva España, existen lugares que perpetúan su nombre. La fachada de una vieja casona del centro de la ciudad de México (antigua Calle de San Agustín No. 3) consigna en una placa las fechas de su estancia en la ciudad cuyos edificios neoclásicos le recordaban a París o San Petersburgo, y cuyo progreso artístico e intelectual admiró tanto: “Ninguna ciudad del nuevo continente, sin exceptuar las de los Estados Unidos, presenta establecimientos científicos tan grandes y sólidos como la ciudad de México”. A unos pasos, en el lugar de la cruz atrial del antiguo convento de San Agustín que desde hace más de un siglo aloja a la Biblioteca Nacional, se levanta una estatua de Humboldt develada durante las Fiestas del Centenario de la Independencia en septiembre de 1910. “Tengo cincuenta y dos años de edad -escribió Humboldt en 1822, a su hermano Guillermo- y mi espíritu es muy joven todavía. Mi resolución esta tomada y es firme. Quiero salir de Europa y vivir bajo los trópicos, en la America Española, en un lugar donde he dejado algun recuerdo y en donde las instituciones se armonizan con mis anhelos... Tengo un gran proyecto de un gran establecimiento de ciencias en México, para toda la América libre... Mi idea es acabar mis días de un modo más agradable y mas útil para la ciencia, en una parte del mundo donde soy extraordinariamente querido, y en donde todo me da razones para esperar una existencia dichosa”. Al menos en cuanto al afecto de los mexicanos, no se equivocaba. Sin excepción, todos los mexicanos ilustrados de la época le profesaron un amor sin cortapisas. Lucas Alamán, el intelectual mas distiguido de la primera mitad del siglo XIX, le escribió hacia 1825, en su calidad de Ministro de Negocios Extranjeros: “Por vuestras luminosas obras... puede formarse una idea de que México llegara a ser regido por una buena constitución, ya que este país posee todos los elementos indispensables para su prosperidad... su lectura no ha contribuido poco a avivar el espíritu de independencia que germinaba en muchos de sus habitantes, y a despertar a otros del letargo en que los tenía la dominación extraña. La nación entera está pletórica de gratitud por vuestros trabajos”. México lo invitaba formalmente a volver y Humboldt expresaba su deseo de contemplar de nueva cuenta “las majestuosas cordilleras de Anáhuac, de estudiar otra vez sus producciones naturales y de gozar del placer de ser testigo de la felicidad creciente que debe nacer en vuestra república del seno de las instituciones libres y de las artes de la paz”. Este intercambio epistolar de entusiasmo casi mesiánico, ocurría durante los años que siguieron a la Consumación de la Independencia de México, en el momento de una fugaz esperanza colectiva que pocos habían ayudado a inspirar tanto como Humboldt. El animo correspondía puntualmente a sus reflexiones sobre la riqueza y potencialidad del suelo mexicano. Los criollos mexicanos -herederos por fin, tras una espera de tres siglos, de la antigua Nueva España- llegaron a leer el célebre ensayo de Humboldt publicado en 1811 más como una profecía nacional que como un libro científico: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;El vasto reino de Nueva España, bien cultivado, produciría por sí solo todo lo que el comercio va a buscar en el resto del globo: el azúcar, la cochinilla, el cacao, el algodón, el café, el trigo, el cáñamo, el lino, la seda, los aceites y el vino. Proveerfa de todos los metales, sin excluir aún el mercurio; sus excelentes maderas de construcción y la abundancia de hierro y cobre favorecerían los progresos de la navegación mexicana; bien que el estado de las costas y la falta de puertos... oponen obstáculos que serían difíciles de vencer. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El tiempo y la dura realidad desmentirían casi todos los entusiasmos. Durante largas décadas, México no consolidaría sus instituciones libres, no cosecharía los frutos de su legendaria (y sobrevalorada) riqueza, ni conocería la paz. Por el contrario: viviría un largo, caótico periodo de guerras civiles e internacionales, de bancarrota y desprestigio, de desorientación ideológica y moral que lo llevaría a perder la mitad de su territorio y lo conduciría hasta el borde de la desintegración nacional. Este país “de revoluciones” y pronunciamientos, cerrado en su mentalidad y sus instituciones, repelía por su violencia a las corrientes de inmigración típicas del siglo XIX. No hubiese podido alojar el paraíso de la ciencia que el sabio alemán tenía en mente. Humboldt, por su parte, no era tan libre como las proclamas de su filosofía. El rey de Prusia tenía otras encomiendas para él. Durante la década de los veintes y treintas atenuó su nostalgia fungiendo como una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;especie de cónsul general honorario de México: asesor6 empresas europeas (inglesas, alemanas) que invirtieron en México, prestó múltiples ayudas a mexicanos en Europa. Nada había faltado en su vida fascinante. Colocado en el gozne de dos siglos, había sido un protagonista de la Ilustración alemana; había conocido a Schiller y Schlegel; ajuicio de Goethe, Humboldt destacaba sobre toda su generación “en conocimientos y en saber vividos. Nadie abarca más; todo lo domina y, en cualquier asunto, nos da alimento con sus tesoros espirituales”. Había presenciado los prodigios y desventuras de la Revolución Francesa, cuyos ideales de libertad lo habían marcado tanto como la filosofía kantiana. Desde el corazón de Europa, fue testigo de todas las perplejidades de la primera mitad del siglo XIX: la revolución parisina de 1830, las revueltas europeas de 1848, las luchas nacionales, el ascenso del socialismo, el fantasma del comunismo, la guerra de Crimea. En su madurez parisina conversaba con Heine y desconfiaba de Marx. Pero aún viviendo en aquella capital del siglo XIX lo azuzaban los recuerdos del remoto país que había dejado un 7 de marzo de 1804. Durante el siglo XIX, liberales y conservadores podían diferir sobre todos los temas imaginables -y matarse por ellos- salvo en la admiración por el Barón de Humboldt. El célebre villano de la historia mexicana, el operático general Antonio López de Santa Anna que entre 1833 y 1853 fue ll veces presidente de la República, lo premió en 1854 con la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe, reconocimiento que Humboldt agradeció de esta forma: “Habiéndoseme concedido la más amplia libertad para determinar, yo el primero, por medio de medidas directas, la maravillosa configuración del suelo mexicano, y para observar la influencia de esa configuración sobre el clima y la variedad de la cultura, pude dar a conocer a la Europa, con la publicación del Ezsayo Político sobre México, el valor de las riquezas minerales y agrícolas del vasto país, cuya prosperidad, confiada a vuestra sabiduría, es el objeto de vuestra constante solicitud”. Tres años más tarde, el gobierno que derrocaría a Santa Anna, presidido por el liberal moderado Ignacio Comonfort, dispondría la fundación de tres ciudades en el Istmo de Tehuantepec -cintura de México en la que se construía el primer ferrocarril que uniría a los dos océanos. Una de esas ciudades llevaría el nombre de Humboldt. El proyecto fracasó porque cuatro meses después estalló la Guerra de Reforma entre liberales y conservadores. Al poco tiempo, en 1859, Humboldt moría, a los 90 anos de edad Al enterarse, el gobierno liberal radical presidido por Benito Juárez se apresuró a declarar “Benemérito de la Patria al Sr. Barón Alejandro de Humboldt” y ordenar a Italia, por cuenta del tesoro de la República, la hechura de “una estatua de mármol que se colocaría en el Seminario de Niñas de la ciudad de México con una inscripción conveniente”. El de Humboldt y México fue, sin duda, un amor mutuamente correspondido. “¿Usted ha viajado por México?, preguntó ya en su vejez Humboldt a un periodista norteamericano apellidado Taylor. Y lanzando un suspiro, agregó: &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;¡Cuántos recuerdos me ligan a Médico! ¡Qué hermosas montañas las de México! Aquellos conos de nieve perpetua es lo mas hermoso del mundo; esas cabezas de nieve majestuosa que se elevan en medio de la brillante vegetación de los trópicos. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Afiliado a la teoría de los “plutonistas” que creían en el origen volcánico del orden natural, Humboldt debió sentir por México una particular reverencia no sólo estética sino cienttfica. Quizá por eso hablaba una y otra vez de los volcanes mexicanos y conservaba un dibujo suyo del Pico de Orizaba, la montana más alta del territorio mexicano. Lo juzgaba más bello que los Himalaya. El tiempo no dañaría aquella historia de amor correspondido. Ningún otro extranjero ha mantenido en México un prestigio similar. No es difícil explicarlo: Humboldt fue un partero de la conciencia mexicana. Su Ensayo aparecerfa en 1811, a los pocos meses de estallada la guerra de Independencia. Con el tiempo, alcanzaría varias ediciones (la primera en español es de 1822) y provocaría innumerables comentarios en la prensa francesa, alemana, inglesa y norteamericana. En el nacimiento de esta nación, los mexicanos no requerhur sólo de un mito de fundación que los vinculara a las glorias de los emperadores aztecas y justificara su separación del tronco español. En el crepúsculo de las Luces y alba del romanticismo, fin de la era virreinal y comienzo del periodo in dependiente, los criollos necesitaban un evangelio científico irreprochable sobre el país que heredaban -que reconquie taban-, una obra que no sólo recogiese mucho de lo que varias generaciones de ilustrados mexicanos habían investigado en todas las ramas del saber (historia, conomía, geo grafía, mineralogía, botánica, geología, arte, etc...) sino que, sintetizando esos conocimientos, los divulgase en Europa desmintiendo las leyendas negras que corrían sobre la degradación congénita de América y apuntalando definitivamente la idea de un México respetable y promisorio. Humboldt no fue, desde luego, el primer extranjero en estudiar a México. Fue el primer extranjero ilustrado de prestigio mundial -es decir, europeo- en apreciarlo. En esencia, dio a México su carta de naturalización en la histo ria occidental. “El Ensayo político -escribió el Doctor José María Luis Mora- satisfizo la expectación pública y dio a conocer a México como hasta entonces no lo había logrado ninguna obra”. Lorenzo de Zavala, que en 1827 dio a Humboldt la ciudadanía honoraria del Estado de México, lo admiraba porque sus “pinturas, exactas en su mayoría, habían inspirado un interés vivo de conocer aquellas regiones, secuestradas del resto de las naciones por el gobierno español”. Por decenios, la obra de Humboldt fue el abrevadero que sirvió a propios y extraños como lo mis cercano a un censo nacional. En su Historia de México, Alamán sintetizó la trascendencia del Ensayo: hizo “conocer esta importante posesión a la España misma..., a todas las naciones..., y a los mismos mexicanos”. El despliegue de muchos de sus datos frente al presidente Jefferson en la visita que le hijo a Washington tras de dejar México en 1804, la amistad que se entab1ó entre ellos desde entonces y la correspondencia que mantendrían por años, arrojarían con el tiempo un tenue velo de sospecha sobre Humboldt. Según el historiador Bancroft, a Humboldt “le complacía” la pretensión expansionista norteamericana. El argumento es insostenible. Más que abrir el apetito del ‘destino manifiesto”, lo que Humboldt logró en un principio fue &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;disipar la densa ignorancia de los norteamericanos sobre los valores científicos y artísticos de México y, señaladamente, sobre el valor de la revolución de Independencia: “Su obra -le escribió Jefferson hacia 1817- ha aparecido exactamente a tiempo para guiar nuestra comprensión de la gran revolución política que ahora coloca a esos pueblos en lugar prominente del escenario mundial”. En los tiempos de la invasión, manifestó sus temores de que “precisamente el engrandecimiento terrotorial trajera consigo circunstancias que impidieran el propio desarrollo de las instituciones libres, que son y deben ser del pueblo norteamericano”. Con todo, la continuidad de Humboldt en México y su sorprendente vigencia en nuestros días reside ademas en otro aspecto de su obra: su ideario liberal. Un notable pensador del siglo XIX, Ignacio Ramírez, proponía nada menos que la “humboldtización” de México, es decir, la adopción plena del programa liberal que el sabio alemán propuso en algunos capitulos de su Ensayo. Para cuando Ramírez formulaba su neologismo, la historia mexicana, al menos parcialmente, lo había adoptado. Humboldt había criticado el pasado colonial en sus aspectos políticos, económicos, sociales, culturales y religiosos. Para que las riquezas físicas y humanas de México pudiesen florecer no había más camino que el de la libertad interior y la apertura al mundo. México había sido -a juicio suyo- un país encerrado en si mismo, una fortaleza dentro de otra, prisionera de sí misma y de una triste historia de despotismo político, monopolio económico, corporativismo social y fanatismo religioso. Había que abrir el país a la inmigración la colonización, la enseñanza libre y laica, el comercio exterior; había que fomentar la industria manufacturera, diversificar la minería, reformar la estructura feudal de la agricultura. Por eso le entusiasmaban los avances científicos que encontró en la ciudad de México debidos al trabajo de sabios como Velázquez, Gama, Alzate: en ellos veía el embrión de lo que podía germinar en otros campos de la vida nacional. Humboldt, es verdad, fue ciego a los prodigios del arte arquitectónico en México (con ignorancia o desdén, apuntó, por ejemplo, que el Sagrario de la catedral mexicana era de estilo ‘morisco o gótico”); pero su insensibilidad, en todo caso, era pecado de la época. En definitiva, su ideario mexicano suponía un escape histórico de la “teocracia” prehispánica y virreinal; un salto de siglos hacia la civilización occidental del siglo XIX. En varios lugares de su Ensayo Humboldt extrajo, si bien tibia o respetuosamente, la conclusión natural de sus ideas: sólo un país libre e independiente, gobernado por los criollos tradicionalmente relegados por la metrópoli, podía asumir un proyecto así. La premisa del ide ario era una sola, “adelantar la cultura moral” de los hombres, y ésta -creía Humboldt siguiendo a Kant- “sólo es resultado de la libertad individual”. El siglo XX, purgado de sus propios horrores totalitarios, ha redescubierto la vigencia de ese valor. Humboldt fue un padre generoso de la conciencia mexicana y un padre audaz del liberalismo en México. En el primer caso la simiente que plantó dio resultados tangibles: México no es sólo un país consciente de si mismo, es incluso un psís obsesionado consigo mismo, que para romper su ensimismamiento hace bien en seguir ahora las pautas de apertura que el propio Humboldt aconsejó. En cuanto a su segundo legado, es obvio que México no es precisamente una meca del liberalismo, pero los mexicanos gozamos de ibertades cívicas reales que ya hubiese querido la propia patria de Humboldt durante buena parte de su historia, sobre todo en el siglo XX. Si la “humboldtización” de México se limitara a estos dos legados de autoconocimiento y autoestima nacional y de liberalismo puro, se justificaría con reces su memoria viva. Pero lo extraordinario del caso es que la obra de Humboldt encierra mensajes vigentes no para este siglo sino para esta hora de la vida mexicana. Me refiero, claro, a su sensibilidad social, y en particular, a su comprobación de la lacra mayor en la historia de este 0país. “México -notó Humboldt en 1803- es el país de la desigualdad. Acaso en ninguna parte la hay más espantosa en la distribución de fortunas, civilización, cultivo, de la tierra y población”. En ese cuadro de contrastes sin estado intermedio, entre lo rico y miserable, lo noble y lo infame, nada lo impresionó más que la condición de los indios, que en ese momento componían el 60% de la población. Humboldt era un observador científico, no un sentimental romántico, lo cual vuelve más preciosas sus consideraciones. Sin pontificar, partiendo de observaciones y analogias, insistiendo siempre en el carácter provisional de sus conjeturas psiciológicas, advierte en el indio cualidades que sin ser congénitas, le parecen arraigadas: “El indígena mexicano es grave, melancólico, silencioso...no se pintan en su fisonomía aun las pasiones mas violentas; (pero) presenta un no se qué de espantoso cuando pasa del reposo absoluto a una agitación violenta y desenfrenada. El indígena del Perú tiene costumbres más dulces; la energía del mexicano egenera en dureza”. Junto a esta imagen de ferocidad, Humboldt presenta un extraordinario retrato histórico de la pasión mexicana por las flores. Por un momento, la pluma neoclásica se vuelve romántica. Humboldt anticipa a Diego Rivera y describe el delicado y multicolor entretejido de flores y frutos en un mercado indígena. Por un lado el culto de los sacrificios; por otro, el culto a la belleza y la sensibilidad de alma. ¿Cómo aclarar el misterio? El indio mexicano no liberaba su potencialidad para lo bello y lo bueno, ni se apartaba de sus costumbres de la degradación y la violencia, porque sobre él recaía aún la doble herencia opresiva del despotismo azteca y español. Los peores tiranos del indio -sostenía Humboldt- eran los propios indios de la decadente nobleza, caciques coludidos con los sacerdotes y los alcaldes mayores. Esa triple alianza del poder étnico, el sacerdotal y el político, mantenia al indígena en una permanente minoría de edad. La vigencia de las benévolas Leyes de Indias (expedidas por el emperador Carlos v en 1542 para protejer a los indios) era, ajuicio de Humboldt, el anacronismo mayor de aquella hora: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En un siglo en que se disputó con toda formalidad si los indios eran seres racionales, se creyó hacerles un gran beneficio tratándolos como menores de edad, poniéndolos bajo la tutela de los blancos y de clarando nulo todo instrumento firmado por un indígena..., y toda &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;obligación.. Estas leyes que están aun en pleno vigor ponen una ba rrera insuperable entre los indios y las demás castas, cuya mezcla está también prohibida. Miles de aquellos habitantes están impedidos de tratar y contratar y condenados a... ser una carga para sí mismos y para el estado a que pertenecen. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Para atenuar la desigualdad entre clases y castas, la receta de Humboldt no pasaba por el fortalecimiento del Estado paternal; mucho menos por el establecimiento de santuarios indígenas aislados. Pasaba justamente por la liberalización que sus seguidores en el siglo XIX pondrían en práctica: igualdad civil ante la ley, reparto individual de la tierra, fin del sistema tutelar, plena libertad de los indios para moverse y establecerse en todo el país, y para tratar y contratar con otros ciudadanos. Amparados en esta legislación, muchos atropellaron los derechos legitimos de los indígenas aprovechándose de su ignorancia, acaparando sus tierras y contratando su trabajo en términos casi serviles. Pero esa misma legislación liberó también a vastos contingentes indígenas que escaparon étnica, cultural y económicamente de su condición, hacia zonas más ricas y abiertas. El verdadero milagro de México, el mestizaje de infinidad de grupos, clases y etnias, tomó un impulso definitivo en el México liberal del siglo XIX. ‘La fusión -escribía Mora a propósito de los cambios igualitarios introducidos en el país a raíz de la Independencia- se ha verificado sin violencia, y continúa progresando, de manera que después de algunos años no será posible señalar, ni aún por el color, que está materialmente a la vista, el origen de las personas”. Mora enía razón. Gracias al legado liberal -que debe tánto a Humboldt- México es un país sin graves tensiones étnicas. En este sentido, es Europa -y muy en particular Alemania- la que en el siglo XX debió haber adoptado la “humboldtización”. México había instaurado ese pacto de convivencia y tolerancia étnica desde el siglo XIX. Hoy México vive un nuevo capítulo de aquel espectáculo de desigualdad que estudió y dictaminó Humboldt, Pero no hay que engañarse: se trata de un capitulo marginal. En Chiapas no hubo orden liberal ni mestizaje, sino una continuidad de las antiguas pautas de opresión y discriminación. Por eso mismo, la única solución es la solución probada: no la perpetuación de un régimen tutelar (con la férula de la Iglesia o del Estado, da lo mismo) sino la consolidación de la libertad civil y la igualdad ante la ley. En ese marco de respeto a la individualidad del indio, cabe -urge- la acción práctica, juiciosa, misericorde del sector moderno de la sociedad y del Estado. “Es del mayor interés... mirar por los indios y sacarlos de su presente estado de barbarie, de abatimiento y miseria”. Formuladas hace casi dos siglos, sus palabras son un programa y un llamado a los mexicanos de hoy. Tres legados: una nacionalidad independiente, libertades cívicas tangibles, rechazo firme de las diferencias de fortuna, clase, color. Tres valores: fraternidad, libertad, igualdad. La propuesta de Humboldt sigue vigente. La historia de amor entre el barón alemán y la patria mexicana, venturosamente, continúa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Enrique Krauze&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Vuelta, Julio de 1994&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-4612760254132246758?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4612760254132246758'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4612760254132246758'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2010/05/humboldt-y-mexico-un-amor-correspondido.html' title='Humboldt y México: un amor correspondido'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S92gWYYzh7I/AAAAAAAACkI/eYOE9b2nkQc/s72-c/Humboldt.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-3336425176576100852</id><published>2010-04-29T06:41:00.001-05:00</published><updated>2010-04-29T06:41:58.651-05:00</updated><title type='text'>Teotihuacan</title><content type='html'>&lt;embed src="http://blip.tv/play/AYHU7BcC" type="application/x-shockwave-flash" width="430" height="370" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-3336425176576100852?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3336425176576100852'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3336425176576100852'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2010/04/teotihuacan.html' title='Teotihuacan'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-880018053173627436</id><published>2010-04-29T06:14:00.004-05:00</published><updated>2010-04-29T06:40:55.477-05:00</updated><title type='text'>Doña Marina (La Malinche) y la formación de la identidad mexicana</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S9luSJ-DNII/AAAAAAAACjo/9IUu4oV_7nw/s1600/Malinche.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 246px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5465520880983684226" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S9luSJ-DNII/AAAAAAAACjo/9IUu4oV_7nw/s320/Malinche.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Difícil es encontrar un personaje que, habiendo sido tan decisivo para la historia, haya sido mitificado de tal modo que apenas podamos distinguir lo que de verdad esconde la historiografía. Heroína para unos, ser abominable para otros (el pueblo mexicano la ha transformado en la figura popular de la &lt;em&gt;Llorona&lt;/em&gt; o la &lt;em&gt;Chingada&lt;/em&gt;), no se puede negar que doña Marina es el primer símbolo del mestizaje, y por tanto, de la identidad mexicana. En esta línea Cristina González Hernández ha escrito una obra que, como indica José Andrés-Gallego en la presentación, “hacía falta”.3 González Hernández es doctora en Antropología y Etnología de América por la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado trabajos de investigación antropológica en México y Perú, y ha sido conservadora del Museo Nacional de Antropología y de la Biblioteca Nacional. En la actualidad se dedica a la investigación a tiempo completo. Muy bien documentado y con una amplísima bibliografía (como requiere cualquier libro de historia), la autora trata de no dejarse llevar por estereotipos ni prejuicios conduciéndonos a una aventura diacrónica a través de numerosos historiadores, de una forma amena y ordenada. Ha dividido su libro en tres partes: en la primera nos pinta de una manera breve pero completa el mundo azteca antes de la conquista. La segunda, el cuerpo más amplio, la dedica a explicar cómo se ha ido transformando historiográficamente la Conquista en una "destrucción de las Indias"4 o en algo positivo,5 y más específicamente, la propia &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;interpretación que, en consonancia, se ha hecho de la figura de la Malinche a lo largo de los siglos. La tercera se acerca a la Malinche histórica. Uno de los elementos destacables es, sin duda, la denuncia de la autora que nos hace ver que la historia se convierte en un arma arrojadiza y puede ser retocada según el bando, para justificar una ideología o unas acciones determinadas. En lo concerniente a la Conquista y a América, existe una visión negativa encarnada por la “Leyenda Negra”, que sentenciará a España como la culpable de las acciones más abominables del proceso: “Las potencias extranjeras intentaron demostrar que los españoles, por su crueldad y codicia, estaban moralmente incapacitados para mantener sus derechos sobre las Indias”6 Esta tendencia historiográfica será alimentada por los autores indigenistas y nacionalistas, que ven en su pasado azteca un marco aglutinador, a pesar de que el territorio que hoy ocupa México reunía una gran variedad de etnias distintas. También es utilizado por los defensores de los derechos indígenas, inspirándose en el silogismo de Bartolomé de las Casas, según el cual “si el indio es hombre y el hombre es libre, el indio es libre”.7 Una libertad dada por Dios, que los hombres no tienen derecho a arrebatar. Son ejemplos de esta corriente, además del propio Bartolomé, Agustín Dávila Padilla8, &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Carlos María de Bustamante9 (que llega a llamar a la Malinche "mala hembra…loca, espiona") o Manuel de Orozco y Berra.10 La traición de Cholula es uno de esos sucesos controvertidos de la Conquista. Para estos autores fue una acción de violencia desmedida cuya única culpable es, en ocasiones, la Malinche. Alfredo Chavero se pregunta: "¿Qué interés podía tener esa vieja por una india que no era de su raza y venía con los enemigos para descubrirle así sus secretos?"11 La literatura nacionalista de los últimos dos siglos ha encontrado en la Malinche un filón del que sacar tajada. El mismo Cavero escribe un drama teatral, &lt;em&gt;Xochitl&lt;/em&gt;, en el que doña Marina es a la vez traidora y traicionada,12 y Willebaldo López de Guzmán escribe &lt;em&gt;Malinche&lt;/em&gt;, trasladando al personaje a su propia época, símbolo de una nación que se vende al extranjero. Este nacionalismo ha cobrado gran fuerza sobre todo a raíz de la independencia mexicana. Octavio Paz afirma: “Doña Marina se ha convertido en una figura que representa a las Indias fascinadas, violadas o seducidas por los españoles […] el pueblo mexicano no perdona su traición a la Malinche”13 El nacionalismo mexicano surge como necesidad de un pueblo en su búsqueda de una identidad propia. Pero aquí aparecen varios problemas: ¿cómo identificarse con un pasado contrario a los valores cristianos? ¿Cómo identificarse con un pueblo venido de fuera (el español) y renunciar al pasado indígena? ¿Se debe buscar el germen de la sociedad mexicana en la América precolombina o bien a partir del mestizaje posterior a la Conquista? ¿Puede considerarse a doña Marina una traidora si aún no existía ninguna patria a la que traicionar? ¿Cómo puede ser una traidora una esclava a la que han excluido de su sociedad y que vio en los españoles la esperanza de mejorar su vida? Son demasiadas preguntas con complicada respuesta. La corriente opuesta a la indigenista, hispanofóbica o nacionalista, es la hispanista. Se inspira en lo escrito por Bernal Díaz del Castillo,14 el soldado-cronista, que se considera verídico puesto que el autor es testigo directo. La autora nos advierte de lo influido que está Bernal Díaz por las novelas de caballerías tan de moda en la época, y la tendencia que por ello tiene de escribir como si estuviera componiendo un cantar épico, con sus protagonistas y antagonistas, sin término medio. También atiende a lo escrito por el biógrafo de Hernán Cortés, López de Gómara.15 Para ellos, doña Marina (resaltando el título de doña) es una heroína, una mujer llena de buenas virtudes, leal a la corona española y que ejerció de evangelizadora. Se ensalzará sobremanera su amor a Cortés (puesto en duda por la historiografía). Fernando González Berazueta lo describe así: “En sus entrañas engendró un hijo, producto de esa unión de dos razas, simiente de una nueva, la mestiza; semilla fecunda que florecerá en una nación en que no habrá vencedores ni vencidos, una nación que unirá en una sola, con destino propio a las diversas tribus, las diversas lenguas, las diversas religiones. RAZA MESTIZA QUE NACE COMO PRODUCTO DEL AMOR”16 Y es que la relación entre Cortés y la Malinche ha sido utilizada por numerosos autores para escribir libros que, pretendiendo ser históricos, bien parecen novelas rosa, como Delamarre y Sallard, que se refieren así al episodio de la entrega de las indias en Tlaxcala, donde se regala a Cortés a la hija del cacique: “Se encontraba por lo tanto en un dilema: aceptar a la joven y arriesgarse a suscitar los celos domésticos de doña Marina […]. Al rechazar la mano de una princesa, Cortés mostró a doña Marina el respeto que le debía”17 Las últimas tendencias historiográficas apuntan a una revisión del personaje de doña Marina, más objetiva. No obstante, en la mente popular ya han arraigado conceptos como malinchismo o malinchista.18 El libro también se aproxima a la Malinche histórica, alejada del personaje que se ha recreado &lt;em&gt;a posteriori&lt;/em&gt;. Muy poco se sabe de ella con certeza, especialmente en lo relativo a su vida justo antes y después de la Conquista. Se suele recurrir a Bernal Díaz19 por ser quien más datos aporta sobre la Malinche. Al contrario de lo que se pueda pensar, Cortés dice bien poco de ella en sus Cartas de Relación a Carlos V,20 a la que tan siquiera nombra. Desde aquí creemos que esta omisión puede deberse a que Cortés quiere adjudicarse todo el mérito de la empresa, y si la nombra es sólo en relación con los sucesos de Cholula. Quizás quiera eludir la responsabilidad de ser el único culpable de una de las mayores matanzas de la Conquista. La autora hace un repaso de su vida empezando por explicar los diferentes nombres que recibe (doña Marina, Malinalli, Tenepal, Caoniana y Malinche), sin saber si el español deriva del náhuatl o viceversa. Casi se podría decir que existen tantas teorías como nombres, algunas de ellas ridículas.21 Según la historia &lt;em&gt;oficial&lt;/em&gt;, la Malinche era una indígena de habla náhuatl, compañera de Hernán Cortés durante la conquista de México. Aunque no se conoce a ciencia cierta sus datos biográficos con anterioridad a la llegada de los españoles, probablemente nació en Painala (región de Coatzacoalcos), y era hija de un cacique que la vendió como esclava en una localidad maya del estado de Tabasco. El 12 de marzo de 1519 fue regalada con un grupo de 20 esclavas a Cortés y, bautizada poco después, recibió el nombre de Marina. En un primer momento vivió con Hernández de Portocarrero, pero al partir éste a España se convirtió en la amante de Cortés, de quien tuvo un hijo, Martín. Prestó un importante servicio a los españoles como intérprete de las lenguas náhuatl y maya. Posteriormente Cortés la casó con el capitán Juan Jaramillo, al que dio una hija, María. El libro cumple de sobra el objetivo de presentarnos a Marina en su doble faceta como personaje histórico y como icono historiográfico, haciendo un amplio repaso sobre los historiadores que la han tratado, y cómo la búsqueda de la identidad mexicana ha ido modelando la visión que se tiene de ella. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Cristina González Hernández&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;___________________________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Doña Marina (La Malinche) y la formación dela identidad mexicanaMadrid: Ediciones Encuentro, 2002, 264 p.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Notas:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;1 Guitarrista mexicano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;2 Durán, D., Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;2 vols., Porrúa, México 1967.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;3 Andrés-Gallego, J., "Presentación" en: González Hernández, C., Doña Marina (la Malinche) y la formación dela identidad mexicana, Encuentro Ediciones, Madrid 2002, p. 9.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;4 Casas, B. de las, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Fontamara D.L., Barcelona 1974.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;5 “No deben examinarse los malos pasajeros que causó, sino los efectos permanentes, los bienes que ha producido[…] estos males no son por otra parte otros que los comunes a todas las guerras y más especialmente a las delsiglo en que la conquista aconteció. El camino del conquistador no puede quedar trazado sino con sangre, y todolo que hay que examinar es si ésta se derramó sin innecesaria profusión y si los bienes sucesivos han hecho cerrarlas llagas que la espada abrió”, Alamán, L., Disertaciones sobre la historia de la república mejicana, MarianoLara, México 1844, Vol.I, p.313.&lt;br /&gt;6 Molina Martínez, M., La Leyenda Negra, Ed. Nerea, Madrid 1991, p. 25.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;7 Casas, B. de las, Op. Cit., p. 37.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;8 Dávila Padilla, A., Varia historia de la Nueva España y Florida: donde se tratan muchas cosas notables,ceremonias de Indios y adoración de sus ídolos, descubrimientos, milagros, vidas de varones ilustres y otrascosas sucedidas en estas Provincias, J.B. Varieso, imp., Valladolid 1634.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;9 Bustamante, C. M., Cuadro histórico de la revolución mejicana, 3 vols., Juan R. Navarro Imp., México 1854-1855.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;10 Orozco y Berra, M., Historia antigua y de la conquista de México, 4 vols., Porrúa, México 1960.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;11 Chavero, A., México a través de los siglos, Espasa, Barcelona 1889, Vol.I, p. 83.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;12 Chavero, A., Xochitl: Drama en tres actos y en verso, Gonzalo A. Esteva, tip., México 1878. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;13 Paz, O., El laberinto de la soledad, FCE, México 1982.&lt;br /&gt;14 Díaz del Castillo, B., Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, 2 vols., Edición de Miguel León-Portilla, Historia 16, Madrid 1984.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;15 López de Gómara, F., Historia de la conquista de México, Porrúa, México 1988.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;16 González Berazueta, F, Malinche Tenepatl, Doña Marina, Delegación México, Asociación de AntiguosColegiales de Nuestra Señora de Guadalupe, México 1993, p. 34. Las mayúsculas son del autor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;17 Delamarre C. y Sallard D., Las mujeres en tiempos de los conquistadores, Ed. Planeta, Barcelona 1994, p. 57.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;18 Malinchista: persona que renuncia a su propia patria para dejarse encandilar por el extranjero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;19 Díaz del Castillo, B., Op. Cit., 1984.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;20 Cortés, H., Cartas y memoriales, Junta de Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, León 2003.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;21 http://www.arches.u ga.edu/~jolson/malinchehtml.html&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-880018053173627436?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/880018053173627436'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/880018053173627436'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2010/04/dona-marina-la-malinche-y-la-formacion.html' title='Doña Marina (La Malinche) y la formación de la identidad mexicana'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S9luSJ-DNII/AAAAAAAACjo/9IUu4oV_7nw/s72-c/Malinche.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-8742830026544090955</id><published>2009-12-14T09:32:00.000-06:00</published><updated>2009-12-14T09:33:28.559-06:00</updated><title type='text'>Fundación de México - Tenochtitlan</title><content type='html'>&lt;embed src="http://blip.tv/play/AYG12ngC" type="application/x-shockwave-flash" width="430" height="370" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-8742830026544090955?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8742830026544090955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8742830026544090955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/12/fundacion-de-mexico-tenochtitlan.html' title='Fundación de México - Tenochtitlan'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-4376931829159808633</id><published>2009-12-14T07:45:00.019-06:00</published><updated>2010-05-03T02:13:24.843-05:00</updated><title type='text'>Vida de Fray Servando</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S953P8xNG4I/AAAAAAAACkQ/z_xJGOmbECQ/s1600/Fray+Servando.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 293px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5466938113568611202" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S953P8xNG4I/AAAAAAAACkQ/z_xJGOmbECQ/s320/Fray+Servando.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En febrero 1861, durante los trabajos de demolición de una parte del convento de Santo Domingo, se encontraron trece momias tras el ábside de la Capilla de Los Sepulcros. En aquellos tiempos, cuando las leyes de Reforma habían entrado en vigencia y el clero había perdido sus bienes, el hallazgo desató los más encontrados comentarios entre la multitud que acudía a mirar los restos disecados con una mezcla de fascinación y repugnancia. Se inventaron leyendas de todo tipo. Los periódicos liberales como El Siglo XIX se apresuraron a afirmar que estos monjes preservados en polvo eran víctimas de la Inquisición, que habían sido emparedados. Por su parte, los conservadores, los católicos y las almas pías atribuye ron la pre s e rvación de los cuerpos al olor de santidad que los había impregnado en vida. Las conjeturas de ambos bandos eran igualmente extravagantes y las leyendas que circularon en torno a las momias sobrepasaron con mucho el debate entre liberales y conservadores. La gente no cesaba de acudir a la calle de Los Sepulcros en la Plaza de Santo Domingo a mirar aquel espectáculo inusitado y a escuchar toda clase de relatos. Se trata de una historia “que tiene algo del romanticismo de Víctor Hugo”, como aventuró Manuel Payno, testigo ocular del hallazgo. La demolición de aquellos conventos centenarios hizo que brotaran no sólo las momias, sino los fantasmas depositados en la memoria colectiva: los crímenes de la Inquisición, las historias secretas, los emparedamientos, los suplicios, las torturas. Algo de la fascinación gótica por los conventos abandonados y los lugares en ruinas —elementos típicos de la imaginería romántica de la época— permea incluso las notas periodísticas. Es muy posible que a raíz de la popularidad de las momias de Santo Domingo la costumbre de mirar este tipo de espectáculos se haya extendido hasta culminar con las momias de Guanajuato, ese gigantesco Escorial donde el mexicano cumple el rito de mirar a la muerte de frente y reírse de ella. El hallazgo llegó a ser tan popular y concurrido que la imprenta de Inclán, un modesto taller litográfico, reprodu&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;jo las momias en una serie de litografías y las editó en un pequeño folleto para venderlo entre los curiosos que acudían a mirarlas. El folleto incluía una disertación científica que, a medio camino entre la filología y la medicina, explicaba la razón por la que se habían conservado aquellos cuerpos, así como una breve biografía de cada uno de los trece cadáveres momificados, que no eran más que unos frailes dominicos sepultados tras un grueso muro cuando faltaron nichos para enterrar nuevos muertos en la capilla. En un principio nadie pensó que entre los cadáveres se encontrara una de las personalidades más importantes de la historia del país. Ya nadie recordaba al doctor Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, víctima del terror inquisitorial, artífice filosófico de la Independencia y, junto con José Jo aquín Fernández de Lizardi, uno de los primeros defensores de la libertad de expresión en México. Nada se sabía de sus Memorias —acaso la autobiografía más apasionante jamás escrita en nuestro país—, ni de su Historia de la Revolución de Nueva España, aunque tan sólo habían transcurrido treinta y cuatro años desde su muerte. Pasaron los meses de aquel 1861. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La gente dejó de acudir en tropel, las momias ya no fueron novedad y pronto se convirtieron en un estorbo para el gobierno. Unas se entre g a ron a la Escuela de Medicina, que se encontraba justo frente a la iglesia de Santo Domingo, en el edificio de la Inquisición, y otras fueron cedidas a un viajero que se las llevó a Chile o a Buenos Aires para su exhibición en junio del mismo año. Tuvieron que pasar cinco años más para que Manuel Payno redescubriera los textos del doctor Mier y los diera a conocer en la revista literaria El Año Nuevo de 1865, sacando del olvido a este personaje cuyo pensamiento y vida novelesca han atraído desde entonces a diversos autores. Diez años después de la aparición de los textos presentados p&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;or Payno, en 1876, apareció en Monterrey la primera biografía de Mier escrita por José Eleuterio Jiménez. Todo parecía indicar que los restos del doctor se habían perdido para siempre llevados por un circo al sur del continente. Habrían de pasar más de veintiún años para que otra vuelta de tuerca diera un giro inesperado a esta historia. En agosto de 1882 el periódico Monitor Republicano publicó una carta anónima fechada en Bruselas en la que se afirmaba que las momias de Santo Domingo estaban siendo exhibidas como víctimas de la Inquisición en un circo de la capital belga. A la historia parecen gustarle las simetrías: el doctor Mier, víctima y acérrimo enemigo del Santo Oficio, seguía alegando contra sus perseguidores después de muerto. A partir de ese momento, Servando Teresa de Mier, el mayor artista de la fuga de la historia americana, se convirtió en el santo patrono de los perseguidos, de los exiliados, de los disidentes, porque escapó no sólo de sus prisiones en vida, que fueron muchas, sino del olvido y, la mayor cárcel de todas: la de la propia muerte. El arte de la biografía es infrecuente en nuestras letras. Las excepciones no hacen sino resaltar esta carencia. Pienso en Las trampas de la fe de Octavio Paz o en el Hernán Cortés de José Luis Ma rtínez, modelos evidentes del libro que ahora comentamos. El rigor y la curiosidad histórica, aunados al talento literario, son las armas del biógrafo. No es casual que en una literatura que carece de grandes biógrafos florezca la novela histórica: el escritor de novelas históricas sustituye el dominio de sus fuentes con la imaginación. El biógrafo, en cambio, requiere de un sólido aparato crítico para abordar la vida de una figura o un período histórico determinado. Pocos autores de su generación han apostado por el ensayo y por la literatura mexicana con rigor, exigencia y precisión como Christopher Domínguez Michael. Mientras la mayoría de sus contemporáneos han mirado hacia afuera en busca de modelos, temas o influencias y en algunos casos se erigen como copias baratas de autores norteamericanos, europeos o latinoamericanos, Domínguez ha sabido mantener la mira apuntando siempre hacia la literatura mexicana y el microscopio siempre explorando otras tradiciones. Su vasta curiosidad literaria y su búsqueda de lo universal en lo más cercano le han permitido escribir páginas memorables sobre autores como Valdimir Makanin o &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Stendhal, sin menoscabo de las precisas reflexiones sobre Reyes, Cuesta o Vasconcelos. La suya es la doble vocación del constructor y del crítico, del utopista y del francotirador, del arquitecto que erige frágiles edificios y del terrorista que decide hacerlos explotar con minuciosos artefactos. Ya desde la populosa y definitiva Antología de la narrtativa mexicana del siglo XX (1989 y 1991), Domínguez nos ofreció una perspectiva, un panorama, de los nobles edificos, los paseos monumentales, los sórdidos rincones, las cantinas verbales y los bajos fondos de una ciudad —la de la literatura mexicana— que ha alcanzado el estatuto y la complejidad de una mitología. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En La utopía de la hospitalidad (1993), el autor nos ofreció un paseo deleitoso por diversas ciudades literarias, un ejercicio de ajuste de sus instrumentos, la pluma y el reloj de bolsillo: ensayos veloces y plenos de iluminaciones donde comienza a fulgurar el escritor. En aquellos dos primeros libros aparece el crítico y el ensayista, el detective y el arqueólogo. Tanto la Antología de la narrativa mexicana del siglo XX como La utopía de la hospitalidad resumen la vocación crítica de Domínguez, que se despliega en libros posteriores como Tiros en el concierto ( 1997), Servidumbre y grandeza de la vida literaria (1998) y la Sabiduría sin promesa (2001). En ellos está presente el diálogo entre la tradición y la modernidad, entre lo nacional y lo universal, pero también entre la creación y la crítica, entre el autor que explora las ciudades literarias y el que ha decidido ser parte de su construcción. Con su Vida de Fray Servando Christopher Domínguez Michael ha realizado un trabajo que combina el rigor y la imaginación para abordar la vida de uno de los personajes más enigmáticos de nuestra historia: Fray Servando Teresa de Mier. Más allá de ser el nombre de una calle, una estatua en el Paseo de la Reforma o de ser el protagonista de la novela El mundo alucinante del cubano Reynaldo Arenas, sobre Fray Servando ha caído la doble maldición de la leyenda y el franco desconocimiento, salvo quizá por Edmundo O´Gorman y su Heterodoxo Guadalupano, algunos apuntes de Alfonso Reyes y, más allá de nuestras tierras, ci ertas notas de Lezama Lima. Vida de Fray Servando de Christopher Domínguez logra algo que parecía imposible: volver real un personaje que se había conve rtido a sí mismo, con la complicidad de Manuel Payno, González Obregón y otros, en una figura de alcances mitológicos. Tomando como principio sus Memorias —un conjunto de textos autobiográficos que en muchos casos tiene el regusto de la defensa frente a sus perseguidores y en otros una desmedida vocación por la hipérbole o la flagrante mentira—, Domínguez Michael nos va revelando, a lo largo de las ochocientas páginas que componen su libro, al personaje histórico y, más allá de esto, el complejo entorno sociopolítico de uno de los períodos más importantes de nuestra historia: la Independencia de nuestro país y el nacimiento difuso de nuestra nación como tal. El libro de Domínguez Michael es antes que nada una meditación en torno al surgimiento de nuestra conciencia nacional, una exploración arqueológica del riquísimo conjunto de símbolos, eventos históricos, mitos fundacionales e imágenes que conforman eso que hoy llamamos México. La Vida de Fray Servando sirve a su autor como una suerte de dispositivo para explorar los orígenes de la conciencia nacional. Gracias a este mecanismo, como una cámara escondida, se vislumbran los orígenes de una cultura y de una época. Ahí están la Virgen de Guadalupe, el Tonalámatl, la Coatlicue, Hidalgo, Morelos, Mina, Iturbide, Mora, las Cortes de Cádiz, la discusión entre federalismo y centralismo, la masonería, los albores del liberalismo. Y en medio de todo, poniéndole fuego a este guiso, la Guerra de Independencia. Vida de Fray Se rvando es mucho más que una biografía: es una indagación sobre lo que nos conforma como nación. En este sentido el libro de Domínguez se acerca tanto a sus modelos evidentes —Las trampas de la fe de Octavio Paz, Hernán Cortés de José Luis Martínez—, como a meditaciones más sutiles, como El Laberinto de la soledad del propio Paz y La Jaula de la melancolía de Roger Bartra. En Fray Servando se combinan el axólotl de Ba rtra y el solitario de Paz. El otorgamiento del Premio Villaurrutia a Christopher Domínguez por su monumental Vida de Fray Servando confirma a su autor no sólo como un crítico preciso y directo, sino mejor aún, como uno de los historiadores de la cultura más penetrantes de nuestras letras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Mauricio Molina&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Christopher Domínguez Michael, Vida de Fray Servando, Ediciones Era/Instituto Nacional de Antropología e Historia/ Conaculta, México, 2004, 802 pp.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-4376931829159808633?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4376931829159808633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4376931829159808633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/12/quetzalcoatl-sigue-volando.html' title='Vida de Fray Servando'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/S953P8xNG4I/AAAAAAAACkQ/z_xJGOmbECQ/s72-c/Fray+Servando.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-8684193565615634443</id><published>2009-12-13T09:29:00.001-06:00</published><updated>2009-12-13T09:29:48.341-06:00</updated><title type='text'>México siglo XX - Los años locos</title><content type='html'>&lt;embed src="http://blip.tv/play/AYG1pHMC" type="application/x-shockwave-flash" width="430" height="370" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-8684193565615634443?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8684193565615634443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8684193565615634443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/12/mexico-siglo-xx-los-anos-locos_13.html' title='México siglo XX - Los años locos'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-2472115215014000</id><published>2009-12-12T18:21:00.007-06:00</published><updated>2009-12-13T09:27:13.900-06:00</updated><title type='text'>Las élites mexicanas. Élites empresariales</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SyUHfqNyr0I/AAAAAAAACcg/gGrQkmm27V8/s1600-h/AlamedaPark01b.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 246px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5414742367472365378" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SyUHfqNyr0I/AAAAAAAACcg/gGrQkmm27V8/s320/AlamedaPark01b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En mis ensayos anteriores sobre las élites intelectuales y políticas apunté algunas características comunes a ambos grupos. Los grupos dirigentes mexicanos se han visto igualmente afectados por ciertas tendencias que han influido en su educación, su centralización y el nivel de su institucionalización. El grupo que más influye en el desarrollo de la sociedad, e indirectamente en algunos de estos patrones, es el de los dirigentes económicos. Su relación con el Estado es a la vez simbiótica y antagónica. Puesto que con frecuencia los intereses de ambos grupos en apariencia se oponen, podría parecer que tienen poco en común. En realidad, en México la jefatura del sector privado comparte con el Estado ciertos rasgos. Al crecer una economía, una de las evoluciones características de los sistemas capitalistas occidentales es la expansión de las empresas y el incremento concomitante en la demanda de administradores profesionales. El administrador profesional es al sector privado aproximadamente lo que el político tecnócrata, o el político burócrata, es al Estado. Se elige al administrador profesional sobre la base de su capacitación formal, su experiencia y sus habilidades. Es el responsable ante el consejo de administración de la empresa, o ante un pequeño grupo de propietarios, en caso de que la empresa no sea propiedad pública. En la década de los sesentas, al iniciarse el proceso de expansión económica, esta clase de individuos se hizo cada vez más importante. Esto queda ilustrado con el hecho de que aun entre los directores del Consejo Coordinador Empresarial, grupo que representa los intereses de la élite empresarial en México, es posible encontrar administradores además de capitalistas importantes. El surgimiento del administrador profesional en México es importante por varias razones. En primer lugar, algunos economistas, y en realidad prominentes administradores mexicanos, creen funcionar con mayor eficiencia que sus similares capitalistas en puestos que implican toma de decisiones. Estos individuos se han hecho por sí mismos. No han.dependido de los lazos familiares ni de un capital para triunfar. Puesto que carecen de intereses creados dentro de la empresa, generalmente están más dispuestos que los capitalistas a correr riesgos y a introducir cambios innovadores en las estructuras y en la producción de la compañía. En pocas palabras, se sienten mucho más alentados por los beneficios mediatos que por los inmediatos. La aparición del administrador profesional también es significativa por sus implicaciones en el reclutamiento y el control de los empresarios. Durante los años sesenta, la dirección de las principales empresas empezó a dar entrada a individuos que no provenían de familias de empresarios prósperos. En otras palabras, el grupo del que procedían las élites empresariales se hizo más extenso. Lo anterior es importante porque no son muchos los canales de ascenso social con que cuenta una sociedad. En México, las carreras dentro del mundo intelectual, la Iglesia y el ejército son muy limitadas, tanto por el talento y el interés que se requieren, como por la demanda. Las carreras en el gobierno, pero especialmente en el sector privado, ofrecen el mayor potencial para un mexicano ambicioso. Sin embargo, si los canales de acceso a los puestos directivos dentro del sector privado están restringidos a un grupo preseleccionado de mexicanos, entonces la movilidad es limitada y la jefatura es cada vez más homogénea. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;A pesar de la fluidez del sector privado en los años sesenta, las empresas más importantes en México siguen, en gran medida, bajo el control y la administración de individuos que son hijos o nietos de empresarios sobresalientes. De hecho, las dos terceras partes de los principales empresarios mexicanos desde la década de los 1920 son descendientes de hombres de negocios.’ No obstante, resulta asimismo significativo examinar esta tendencia a lo largo del tiempo. Sería de esperar que, conforme crece la economía, disminuyera la confianza en los lazos familiares para la asignación de puestos administrativos. A partir de la generación de 1890, cuando el 41% de los principales empresarios mexicanos eran hijos de individuos que formaban parte del mundo de los negocios, se ha registrado un aumento persistente en los antecedentes empresariales de los padres. En las dos últimas generaciones, no se sabe de ningún empresario importante que no haya tenido por padre a un hombre de negocios. Curiosamente, muchos de los empresarios mexicanos destacados de finales del siglo pasado y principios de éste se hicieron a sí mismos, así como muchos individuos contemporáneos de Porfirio Díaz también se hicieron a sí mismos en la política. Mientras que la Revolución dio oportunidad a una nueva clase social de políticos y empresarios, desde entonces no se observa ese mismo grado de apertura social en las trayectorias política o empresarial. En la actualidad, por ejemplo, de los principales hombres de negocios en Guadalajara, el 44% reconoció haber obtenido su primer puesto gracias a un lazo familiar.” En la vida política mexicana, uno de cada tres líderes prominentes nacionalmente es hijo de un político o está directamente emparentado con uno. Entre los empresarios, esta tradición familiar es todavía más exagerada. La anterior comparación sugiere que ambas élites están siendo seleccionadas entre un grupo cada vez menor, el que a su vez procede de una élite y que comparte los intereses creados de sus padres en sus respectivas áreas de responsabilidad. Junto con los principales políticos e intelectuales, los empresarios comparten también otras características: son de origen urbano. Esto es cierto aun en el caso de los hombres de negocios del norte del país, los cuales provienen en forma desproporcionada de las ciudades. El ochenta y cinco por ciento de los empresarios mexicanos más importantes procede de ciudades de más de 5000 habitantes. Si bien es cierto que México se ha urbanizado mucho, también lo es que ha aumentado el número de empresarios con antecedentes urbanos. Desde 1940, ninguno de los empresarios que integraban mi muestra nació en una localidad rural. El hecho es que, los mexicanos de origen rural tienen pocas oportunidades de ascender en la burocracia política, en la vida cultural o en el sector privado. Los empresarios no sólo tienen orígenes urbanos, sino que también provienen generalmente de las capitales de los estados o de ciudades en el extranjero. Los antecedentes urbanos de los políticos y los intelectuales hablan de la concentración de estos grupos en grandes ciudades, lo que a su vez refleja la centralización de los recursos económicos, intelectuales y políticos en un número restringido de centros urbanos. Al igual que los políticos y los intelectuales, una cifra desproporcionada de empresarios procede de la capital. Uno de cada cuatro hombres de negocios importantes desde 1920 nació en la ciudad de México. No obstante, un estudio de las tendencias actuales revela un patrón todavía más exagerado. Hacia la década de los veintes el 30% de los empresarios más destacados consideró a la ciudad de México como su lugar de nacimiento, y hacia los años cuarenta esa cifra aumentó a 64%. Lo anterior, aunado al hecho de que el segundo grupo más importante de empresarios proviene de los estados fronterizos del norte, nos autoriza a decir que la mayor parte del país no está representada entre los líderes del sector privado. Sin embargo, los orígenes de los hombres de negocios tienen un elemento común con los intelectuales y que no comparten con los políticos. Desde la Revolución, uno de cada cinco empresarios importantes es hijo de uno o ambos padres de origen extranjero, sobre todo europeo, aunque también proceden del Medio Oriente. Como sostuve previamente, los españoles nacidos en la década de los treinta tuvieron una influencia muy marcada en las dos últimas generaciones de intelectuales mexicanos. Por lo tanto, en un aspecto el sector privado dio muchas más oportunidades a los inmigrantes recientes que las que ofreció el sector público. El grado de nacionalismo en México no impidió que estos inmigrantes alcanzaran el éxito financiero, en un lapso relativamente breve. No obstante, y nuevamente, la información acerca de los empresarios sugiere un cambio significativo en ese patrón a lo largo del tiempo. Entre esos empresarios importantes que nacieron después de 1930, el número de quienes tienen antecedentes extranjeros ha declinado precipitadamente, alcanzando una cifra menor al diez por ciento. Y sin embargo, aun cuando sólo el uno por ciento de la población mexicana es de origen extranjero, esto sugiere cuán desproporcionadamente significativas han sido las oportunidades dentro del sector privado. Uno de los grandes mitos del capitalismo es el del surgimiento del empresario que se hizo por sí mismo. En el ámbito intelectual, hice notar en su momento la idea falsa que existe en el sentido de que las principales figuras culturales se formaron a sí mismas. Se ha creado la misma imagen acerca de los empresarios, es decir, que la educación formal no es parte de las características de los hombres de negocios que triunfan. Nada podría estar más alejado de la realidad. Los líderes empresariales mexicanos gozan y han gozado por muchas décadas de una educación extremadamente buena. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Entre los hombres de negocios importantes desde 1920, el 61% ha obtenido algún grado universitario. En la generación de 1900 más de la mitad de los empresarios estaba terminando estudios universitarios en una época (los años 1920) en la que sólo el 1% de la población se inscribía siquiera en la universidad. Hacia la generación de 1930, el 96% de los líderes empresariales mexicanos contaba con una educación superior. Como observé en el caso de las élites políticas e intelectuales, tanto el nivel como el tipo de antecedentes educativos se han alterado. Estas tendencias tienen consecuencias significativas en los grupos dirigentes. Y esto no es menos cierto en el caso de los empresarios. Resultaría lógico pensar que la mayor parte de los empresarios ha realizado estudios en el área económica. Pero, dado que la economía es una carrera sin duda reciente en México, y dado que en la Universidad Nacional tendía a caracterizarse por una orientación ideológica izquierdista, gran parte de los empresarios importantes optaron por otros campos o estudiaron en el extranjero. En parte como respuesta a esta deficiencia, un poderoso grupo regional de empresarios, el grupo Monterrey, creó su propia institución educativa en 1943, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Es la segunda universidad, después de la UNAM, en formar futuros líderes empresariales. Los líderes empresariales mexicanos, al contrario ue sus similares en la política, también han asistido a escuelas primarias, secundarias y preparatorias privadas. Más de la mitad de los dirigentes del sector privado desde 1920 ha cursado sus estudios en escuelas preparatorias privadas, una tercera parte en el extranjero, por lo general en los Estados Unidos. Casi la tercera parte de los empresarios de México estudió también en universidades del extranjero. El hecho de que el número de empresarios que se educaron en escuelas privadas sea mayor al de intelectuales y políticos, influye en su orientación ideológica y, en última instancia, en su relación con ambos grupos. Si bien es cierto que es mayor el número de hombres de negocios que se formó en escuelas privadas, cada vez más los tres grupos están acudiendo a las instituciones privadas, inaccesibles para gran parte de los mexicanos, en los diversos niveles. Sobre la base de ciertas variables, en especial orígenes urbanos, antecedentes de clase media y alta, lazos de parentesco con otros empresarios, educación dentro de instituciones privadas y logros educativos de alto nivel, los empresarios mexicanos comparten entre sí importantes características, todas las cuales los aíslan del resto de la población, y muchas de las cuales los aíslan de otros grupos dirigentes. No debe exagerarse el nivel de cohesión dentro de la jefatura del sector privado mexicano, a pesar de estas similitudes en los antecedentes. Las actitudes de los empresarios hacia el Estado difieren en muchos aspectos. Sin embargo, en conjunto, los empresarios se han formado con una serie de inclinaciones comunes que no se encuentran entre los políticos ni entre los intelectuales. Las peculiaridades relativas a los antecedentes de los principales empresarios mexicanos perpetúan ciertas experiencias homogeneizadoras. Lo cierto es que sin unos padres de clase socioeconómica media y alta, estos empresarios no habrían sido capaces de obtener una educación superior, necesaria en la actualidad para convertirse en un hombre de negocios próspero en México. La vida intelectual y política está enormemente centralizada en la ciudad de México. Las principales figuras culturales y políticas no sólo viven y trabajan en la capital, sino que las estructuras institucionales que las apoyan se encuentran también localizadas en la ciudad de México. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;A este respecto, los empresarios no están tan centralizados como estos grupos. Estructuralmente hablando, si bienes cierto que la capital del país, junto con el Estado de México, da cuenta de la mayor concentración de plantas manufactureras, una serie de empresas importantes se localiza en Coahuila, Chihuahua y Nuevo León, especialmente en los alrededores de Monterrey, la cuarta ciudad más grande de México. Una porción significativa se ubica en la parte oeste del país. Los empresarios forman una élite definitivamente urbana, pero han establecido fuertes lazos regionales con el oeste y el norte, y estos lazos los llevan a entrar en conflicto con los líderes políticos y con los empresarios de la ciudad de México. Aunque la fuente de su capacidad productiva está relativamente distribuida por regiones, las organizaciones que representan sus intereses ante el gobierno, y ante la sociedad en su conjunto, se encuentran todas en la ciudad de México. La dirección de estas organizaciones ha estado por lo general en manos de administradores profesionales y no de capitalistas, dando así oportunidad al empresario que se hizo por sí mismo de dejar huella en el mundo de los grupos de interés. Además, antes de la nacionalización de 1982, la Asociación Mexicana de Bancos desempeñaba un papel clave de enlace entre las élites políticas y económicas. Desde el punto de vista de la organización, las empresas más poderosas de México se han burocratizado y centralizado cada vez más al convertirse en importantes grupos industriales. Los líderes de estos grupos industriales se encuentran unidos entre sí por lazos maritales, de parentesco y económicos. Estos grupos han fomentado más la unidad que la autonomía. A finales de la década de los setentas, en el apogeo de su expansión, estos grupos adquirieron numerosas empresas más pequeñas e impusieron en las líneas de producción de estas últimas una administración técnicamente capacitada pero sin experiencia práctica previa, lo que dio lugar a resultados desastrosos. Los empresarios aprendieron la misma lección que recibieron los políticos: las experiencias de tipo popular presentan ciertas ventajas para los administradores, ya sea en política, ya en los negocios. Finalmente, la influencia indirecta de los Estados Unidos en las experiencias y actitudes de los empresarios es sustancial. Un alto porcentaje de los empresarios procede del norte del país y experimentan más directamente la influencia política, económica y cultural de los Estados Unidos. No es una casualidad que un grupo de empresarios mexicanos que favorece activamente la participación política creciente, esté formado por personas que provienen del norte del país más que de la capital. Manuel Clouthier, candidato a la presidencia por el Partido Acción Nacional, es el ejemplo extremo del empresario activista. Estos individuos desean que México implante un proceso electoral verdaderamente competitivo, similar al que se observa en la política de los Estados Unidos. Además, las experiencias adquiridas en las universidades norteamericanas y en prestigiosas universidades privadas mexicanas originan en los empresarios una visión del Estado que difiere de la de los políticos y los intelectuales. Queda por verse si una creciente educación privada entre los políticos y los intelectuales alterará sus valores, acercando éstos, por su línea, a los que los empresarios hicieron suyos. No obstante, justo es decir que, en el pasado, tanto como el futuro inmediato, las visiones distintas acerca del Estado y su papel que comparte cada una de las élites se han visto afectadas en gran medida por su educación y por el medio en que fueron educadas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Rode&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;ric Camp&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Vuelta 141, Agosto de 1988&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;___________________________________________________________________________&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;Véase el próximo libro del autor The Mexican Entrepreneur. A Political Portrait (Nueva York: Oxford University Press, 1989). 2 Jorge Camarena, y Pablo Lasso, Hacia un estilo propio de dirección de empresas, proyecto piloto, Guadalajara, México Washington, D.C.: BID, 1984), p. 101. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-2472115215014000?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2472115215014000'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2472115215014000'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/12/las-elites-mexicanas-elites.html' title='Las élites mexicanas. Élites empresariales'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SyUHfqNyr0I/AAAAAAAACcg/gGrQkmm27V8/s72-c/AlamedaPark01b.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-415832085594351159</id><published>2009-12-12T18:12:00.000-06:00</published><updated>2009-12-12T18:13:07.996-06:00</updated><title type='text'>Visión de los vencidos 500 años después</title><content type='html'>&lt;embed src="http://blip.tv/play/AYG1o2YC" type="application/x-shockwave-flash" width="430" height="370" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-415832085594351159?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/415832085594351159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/415832085594351159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/12/vision-de-los-vencidos-500-anos-despues_12.html' title='Visión de los vencidos 500 años después'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-3366102751607290271</id><published>2009-12-12T17:04:00.004-06:00</published><updated>2009-12-12T17:48:29.216-06:00</updated><title type='text'>La historia como catarsis</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SyQrjhL9BOI/AAAAAAAACcY/J7LKgjZwXro/s1600-h/libro-de-texto1-300x223.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 300px; FLOAT: left; HEIGHT: 223px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5414500541210100962" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SyQrjhL9BOI/AAAAAAAACcY/J7LKgjZwXro/s320/libro-de-texto1-300x223.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Característica central en la obra de Edmundo O’Gorman es la elaboración de un discurso histórico a partir de una teoría que lo sustenta. Se trata de un caso raro, ya que muchos de los historiadores que han formulado reflexiones teóricas lo han hecho después de haber escrito sus discursos. Pocos han sido, a la vez, filósofos de la historia e historiadores. O’Gorman se inició como historiador después de haber cumplido treinta años de edad. Abogado atraído por la vida intelectual, fue buen lector de filosofía y literatura. Por lo menos en sus escritos tempranos da muestra de haber leído a José Ortega y Gasset, cuyos libros siguió leyendo y discutiendo con su amigo José Gaos, discípulo directo de Ortega. Conocía la obra de Antonio Caso y, por referencias a partir de ella, no le eran ajenos Heinrich Rickert y Wilhelm Windelband. Lo mismo sucedía con Benedetto Croce a quien, si bien no menciona, su pensamiento ronda sus primeros escritos. En un texto de 1938 cita una novedad bibliográfica: la &lt;em&gt;Introducción a la filosofía de la historia&lt;/em&gt; de Raymond Aron. Aunque años más tarde tradujo a Collingwood, desde el principio se manifestó en contra de la historia de “tijeras y engrudo”, sin llamarla así.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El abogado que optó por dejar los litigios en favor de una maestría y un doctorado en filosofía comenzó a cosechar los frutos que le daba la nueva enseñanza.&lt;span style="color:#000099;"&gt;[1]&lt;/span&gt; En sus primeros textos se dejan ver las influencias que comenzaba a recibir O’Gorman. En un artículo publicado a la muerte de don Luis González Obregón (1938) destacan por lo menos dos cuestiones: clamar por la necesidad de una historia de la historiografía mexicana (Croce) y rescatar de la obra del viejo cronista desaparecido, la atención que le brindaba a la leyenda como fuente de conocimiento histórico. Lamentablemente sólo apuntó y no desarrolló la idea, hoy muy actual, de que los historiadores no debieran limitarse a la seguridad de las fuentes escritas, sino abrirse a mitos, tradiciones y leyendas. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En sus “Consideraciones sobre la verdad en historia”, ponencia presentada en 1945, hace explícita su profesión de fe historicista, vitalista, idealista y relativista. El pasado no tiene una existencia en sí sino que la conciencia del sujeto desde el presente, se forma una idea del pasado, que es algo que constituye su ser. O’Gorman gustaba de repetir que no se trataba del pasado sino de nuestro pasado, por consiguiente, conocerlo significaba conocernos y si lo hacíamos con autenticidad, ese conocimiento resultaba catártico. La primera aproximación a la catarsis mexicana se da en 1945, con motivo de su estudio introductorio a una antología de textos de fray Servando Teresa de Mier, cuyo objeto era caracterizar su pensamiento político. La herencia historiográfica predominante de manera superficial calificaba a Mier de centralista, por haberse opuesto al federalismo. La historia mexicana, siempre dada a los enfrentamientos formales, no podía captar matices. O’Gorman presenta a Mier, no como a un centralista, sino como a un federalista moderado o precavido, que se oponía a un federalismo extremo, al cual condenaba al fracaso. La reflexión final a la que llega después de glosar los textos del ex dominico lo hace llevar a sus lectores a un primer enfrentamiento catártico con el pasado decimonónico en el que pasa del plano historiográfico al historiológico. Por esto quiero connotar la reflexión profunda sobre el sentido que puede tener el enfrentamiento entre las opciones federal y central para organizar la nueva república. El argumento que plantea O’Gorman no es del todo extraño a la época, cuando estaba fresca la idea de la “imitación extralógica” que había señalado Caso o el prurito imitativo que planteaba Samuel Ramos. Para O’Gorman, el carácter razonable mexicano lo llevaba a tratar de aplicar utopías que habían probado su buen éxito en otros ámbitos históricos, lo que quiere decir historia aplicada. Por eso las tendencias conservadoras tenían razón en la medida en que se oponían a la aplicación de lo ajeno, pero también las utópicas eran razonables, puesto que triunfaban. Pero sólo si se elaboraba una utopía propia, es decir, no históricamente demostrada, sólo así habría historia de libertad, auténtica. Y precisamente cuando estaba en el camino hacia &lt;em&gt;La invención de América&lt;/em&gt; surgió el texto que habría de hacerlo avanzar hacia la catarsis de la historia mexicana. Se trata del artículo “Precedentes y sentido de la Revolución de Ayutla”, de 1954, uno de los mejores que escribió O’Gorman en toda su vida. Ahí, lo que apenas apuntaba en el trabajo sobre Mier, crece en extensión y profundidad. Se trata en realidad de un breve recorrido por el sentido de la historia mexicana de la Independencia a la Reforma. Huelga decir que en ese recorrido no hay demasiados nombres ni referencia a hechos, lo que se busca es el sentido de la historia. De nuevo la historiología, el planteamiento de preguntas fundamentales. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Para O’Gorman la Independencia dejó un doble legado, dos utopismos: Apatzingán e Iguala. Sus significados se proyectarán a lo largo de la historia que transcurre a partir de la consumación de la Independencia y obligarán a desarrollar un proceso de síntesis que dé lugar a que la revolución de Ayutla no sea un pronunciamiento más en la historia de la primera mitad del siglo XIX sino un movimiento que establezca el triunfo de uno de los utopismos, pero permeado por el otro. El puente que establece O’Gorman entre Ignacio Comonfort y Porfirio Díaz no es mera comparación de caracteres, sino la asunción de un proceso de síntesis que tiene lugar en el “hombre providencial” que es el dictador republicano. De no haberse dado el proceso de síntesis dialéctica, la Reforma, hecha posible por el movimiento de Ayutla, hubiera ido contra la historia y no con ella, como resultó a la postre. Es decir, la tesis o utopismo liberal, para afirmarse, tuvo que asimilar dentro de sí a su negación, esto es, la tesis conservadora, para poder superarla. El problema, entonces, radicaría en asimilar ese proceso por parte de una conciencia histórica excluyente. Es muy difícil que se reconozca y acepte que lo que llegó a triunfar no lo hizo de manera “pura”. La historiografía oficial ha incurrido en la trampa de aislar el pensamiento que condujo e hizo triunfar a la Reforma de la práctica real del reformismo liberal en la arena política, que llevó a sus protagonistas a incurrir en aquello que le combatían a sus antagonistas. La búsqueda de una nueva catarsis aguardará un decenio más. En 1967, por encargo de la Secretaría de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hacienda, escribe el epílogo de un libro conmemorativo del centenario del triunfo de la República, ideado por don Manuel J. Sierra. Dicho epílogo, un par de años más tarde, adquirió individualidad en un libro de fácil manejo, pero que como todo lo de su autor, reclama atenta lectura. Se trata de &lt;em&gt;La supervivencia política novohispana&lt;/em&gt;. Es la nueva edición, corregida y aumentada, del ensayo de Ayutla, pero que ahora involucra también la experiencia imperial y su fracaso. Las dotes dialécticas de ese buen lector de Hegel que fue O’Gorman salen a colación. De nuevo el seguimiento de las tesis y las antítesis que se sintetizan para dar lugar a un movimiento histórico que desembocará en la unidad de dos contrarios al parecer irreconciliables. Poco después de celebrar sus siete décadas de vida, en 1977, Edmundo O’Gorman concluye la redacción de un nuevo texto, derivado de toda la secuela descrita: &lt;em&gt;México, el trauma de su historia&lt;/em&gt;. Si se señala a &lt;em&gt;La invención de América&lt;/em&gt; de ser el más importante de sus libros, declaro a &lt;em&gt;El trauma&lt;/em&gt;..., el más inquietante. Su génesis fue la revisión de &lt;em&gt;La invención de América&lt;/em&gt; para una nueva edición tal vez definitiva a la que quería agregar un epílogo mexicano. Tal epílogo fue creciendo hasta alcanzar las dimensiones de un libro tan breve como apretado, sin página inútil. Por esta razón, el primer capítulo es una recordación de &lt;em&gt;La invención&lt;/em&gt;..., para después adentrarse en el conflicto tradición-modernidad en Occidente y su proyección hacia el Nuevo Mundo. Después, el tratamiento está dedicado a cómo ese conflicto se dio en la historia mexicana. Cabe aclarar que, por vez primera, estas reflexiones surgieron de manera libre de parte de su autor, y no por encargo, como habían sido las obligadas de Mier, Ayutla y el triunfo de la República. Entre el ensayo sobre Ayutla y &lt;em&gt;La supervivencia política mexicana&lt;/em&gt; mediaba un avance en la consideración catártica de la historia. Una lectura superficial de sus textos lo colocarían en el bando conservador, lo cual no hubiera molestado a ese liberal &lt;em&gt;sui generis&lt;/em&gt; que fue O’Gorman. Sus argumentos en favor de la razón de ser tradicionalista, centralista, conservadora, monárquica, para lectores tributarios de la ideología oficial, lo haría muy sospechoso de inclinación conservadora. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Sin embargo, siempre admitía la razón de ser de los triunfos &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;liberales, a diferencia de los historiadores tradicionalistas, que simplemente no admitían nada que no fuera lo suyo. O’Gorman no. Una lectura cuidadosa de sus textos nos lleva a ese rigor hegeliano en el cual, para que una cosa sea tiene que contener su negación. Imposible explicar el triunfo liberal sin la razón de ser conservadora, y mucho menos, la desembocadura del triunfo en algo que no deja de ser liberal pero que no pone en práctica algo tan claramente liberal como la democracia. Querer explicar el porfirismo como una simple traición a los ideales liberales, además de ser superficial es inexacto. Díaz y su gobierno son la síntesis de lo que se gestó antes de él. Lo interesante es observar el proceso de cómo se perfilan las dos tendencias y cómo una va adquiriendo elementos de la otra. Si México es producto de su historia, su historia no es sólo la de una de las tendencias que se dieron en su formación, sino que la triunfante, al serlo, ya había asimilado mucho de la derrotada. Lo que se perfilaba desde 1945, con Mier, cuando se hacía ver que no era necesario contraponer el federalismo al centralismo, sin más, sino que era posible, como lo pensó el ex dominico, ser federalista moderado, o señalar la solución de los utopismos de la Independencia en la práctica llevada a cabo por un “hombre providencial”, en 1954, o hacer ver, en 1967, cómo se fue liberalizando el monarquismo y cómo se fue monarquizando la república, llega a su propia síntesis en un ejercicio historiográfico de plenitud en el libro escrito cuando su autor rebasaba los setenta años de vida. &lt;em&gt;México, el trauma de su historia&lt;/em&gt; es uno de los libros de historia más inquietantes que se hayan escrito en México. Aunque derivado de &lt;em&gt;La invención de América&lt;/em&gt;, para el pensamiento político mexicano es una obra plena, de importancia mayor. El problema es que la conciencia histórica asimile ese proceso traumático como una catarsis en que se reconozca y se acepte. Si la conciencia mexicana se coloca en la encrucijada de Jano que le ofrece O’Gorman, es que no se ha enfrentado a su verdadera imagen, que es la que le llega como herencia. Si se empeña en aceptar sólo una parte de su historia, seguirá caminando por un solo camino que no necesariamente sería el de su salvación. Seguiría siendo su historia aplicada, para no llegar jamás a la autenticidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Álvaro Matute&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;___________________________________________________________________________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;[1]&lt;/span&gt;: Me he ocupado de distintos aspectos de la obra de Edmundo O’Gorman en varias ocasiones. Cito los tres artículos que tienen qué ver con lo tratado en éste: Álvaro Matute, “&lt;em&gt;La visión de Edmundo O’Gorman del México nacional” en La obra de Edmundo O’Gorman. Discursos y conferencias de homenaje en su 70 aniversario 1976&lt;/em&gt;, Facultad de Filosofía y Letras / UNAM, México, 1977, pp. 75-93; “El historiador filósofo” en &lt;em&gt;Theoría. Revista del Colegio de Filosofía&lt;/em&gt;, número 3, marzo de 1996, pp. 191-196, y “El historiador Edmundo O’Gorman (1906-1995). Introducción a su obra y pensamiento histórico” en Mexican Studies / Estudios Mexicanos, volumen 13, número 1, winter 1997, pp. 1-20. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-3366102751607290271?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3366102751607290271'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3366102751607290271'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/12/la-historia-como-catarsis.html' title='La historia como catarsis'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SyQrjhL9BOI/AAAAAAAACcY/J7LKgjZwXro/s72-c/libro-de-texto1-300x223.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-5351863213275653062</id><published>2009-10-11T09:29:00.001-05:00</published><updated>2009-10-11T09:38:18.573-05:00</updated><title type='text'>El control de los recursos petroleros mexicanos - Lorenzo Meyer</title><content type='html'>&lt;embed id=VideoPlayback src=http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=-8037077213341180855&amp;hl=es&amp;fs=true style=width:400px;height:326px allowFullScreen=true allowScriptAccess=always type=application/x-shockwave-flash&gt; &lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-5351863213275653062?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/5351863213275653062'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/5351863213275653062'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/10/el-control-de-los-recursos-petroleros.html' title='El control de los recursos petroleros mexicanos - Lorenzo Meyer'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-2479470131583666493</id><published>2009-10-11T01:03:00.006-05:00</published><updated>2009-10-11T01:33:17.487-05:00</updated><title type='text'>Historia Económica de la Nueva España en la época de los Austrias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/StF7nCF_xaI/AAAAAAAAB_U/wwZFKMG6CdM/s1600-h/Historia+Economica+de+la+Nueva+Espa%C3%B1a.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; FLOAT: left; HEIGHT: 222px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5391226139446330786" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/StF7nCF_xaI/AAAAAAAAB_U/wwZFKMG6CdM/s320/Historia+Economica+de+la+Nueva+Espa%C3%B1a.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Durante la colonia se gesta el México moderno. En el ámbito económico nos lo muestra con meridiana claridad el libro de Francisco Calderón. Aunque fundamentalmente es una obra de historia económica, no todo en ella es economía. El libro comienza con el relato de la llegada del hombre al Continente Americano, aproximadamente 33 mil años antes de Cristo. Mas de 100 páginas se demora Calderón en entrar en materia para situarse en la época de su interés: los siglos XVI y XVII. Desde el punto de vista épico, contiene pasajes apasionantes, plenos de emoción narrativa a pesar del estilo llano en que está escrito. Uno de ellos es el capítulo sobre la colonización del septentrión novohispano emprendido por el gobierno virreinal. Otro es el de la batalla librada por España en el Atlántico contra las potencias que intentaban despojarla de la plata de las Indias, y que recuerda a la escenificada durante el siglo xx en ese mismo océano por los submarinos alemanes y los convoyes aliados. Dice Calderón que el Estado Español de los siglos XVI y XVII mantuvo “como política permanente controlar y reglamentar hasta los más mínimos detalles de la vida económica y social de los diferentes reinos que constituían su vasto imperio”. Esta era una tradición muy arraigada en España y que se conservó vigente no sólo respecto a las posesiones de ultramar sino en la propia metrópoli. La Corona Española fue un Estado &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;dirigista, reglamentador, interventor y omniabarcante. Esto se debió a su condición de imperio expansionista y a su carácter dogmático e iluminado, pues por razones históricas y religiosas se arrogó la tarea de defender, difundir y preservar la fe cristiana en el mundo. A ello se agrega un concepto fundamental inherente a las ideas políticas y económicas que guiaban a la monarquía española de esas épocas: que era responsabilidad personal del rey ver por la buena marcha de la sociedad y por el comportamiento recto de los individuos en sus dominios. Pero el Estado español no fue un “Estado benefactor” en el sentido moderno del término. Esto se demuestra con sólo una ojeada a su política fiscal. Durante el reinado de los Austrias, la Corona española mostró una verdadera obsesión recaudatoria, pero los recursos eran primordialmente para la subvención de la guerra permanente en que vivió España en esos siglos. No fue un “Estado benefactor” pues nunca existió la doctrina de que se acudiera por vía presupuesta1 con fines redistributivos, o en auxilio de los débiles y los necesitados. La situación fue, incluso, la opuesta. Por razones de caridad cristiana, de la Corona y de la Iglesia provinieron el amparo y la protección que se otorgaba a los indios. Pero, a su vez, la conquista los convirtió en súbditos del rey y como tales pasaron también a ser sus tri&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;butarios. Esta situación, por otro lado, no fue causa de grandes dificultades pues era esa una condición a la que estaban acostumbrados los naturales de tiempo atrás pues la habían padecido por siglos. Todo ello resultó entonces en un mero cambio de amo. Fue por dicho afán recaudatorio por lo que el gobierno llegó a incurrir en actos confiscatorios y a decretar con frecuencia préstamos forzosos. Pero, sobre todo, de ahí provino la funesta transformación de las alcabalas de un impuesto ad valorem en otro que gravaba al comercio interior. Esto, como se sabe, causó grave trastorno al flujo interno de mercancías y por ese conducto al desarrollo de la actividad económica. Dos precondiciones se desprenden siempre de cualquier intervencionismo económico, y el caso de España no fue una excepción. En primer lugar la necesidad de expedir toda una catarata de leyes y reglamentos y, en segundo, de desarrollar una burocracia encargada de su aplicación. Según John Kenneth Galbraith la actividad legislativa fue tan intensa que para el ano 1770 ya eran más de 400 mil los ordenamientos recogidos en 11 mil leyes, con la agravante, ademas, de que muchos de ellos fueron formulados por órganos carentes de experiencia de primera mano en cuanto a la realidad económica y social del Nuevo Continente. Una de las principales consecuencias fue el crecimiento de la burocracia, la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;cual si bien era reducida si se la compara con la de tiempos más recientes, resultaba inmoderada y gravosa para la economía de aquellos siglos. Otro resultado de la prolijidad y complicación de leyes y reglamentos fue la inclinación creciente y generalizada a eludir su cumplimiento. Este pasatiempo virreina1 floreció de preferencia en materia tributaria, la mayoría de las veces por vía del cohecho. Si a ello se suma, según observa Calderón, que la Corona recurría a la venta de los puestos públicos para hacerse de más recursos, “se entiende el porqué la corrupción burocrática era un fenómeno socialmente aceptado”. Lo anterior quizás ayude a explicar el origen de algunas de las deformaciones atávicas que afligen a nuestra sociedad. En primer lugar, el patrimonialismo endémico de nuestros servidores públicos, y el desdén con el que tradicionalmente han mirado las necesidades de la colectividad. El desprestigio que por lo general rodea en nuestro medio al servicio civil y la venalidad como valor entendido. La consigna regulacionista del Estado español, ya se ha dicho, abarcó prácticamente todos los aspectos de la vida económica. El hecho incontrovertible, apunta Calderón, &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;...es que el gobierno impuso todo tipo de trabas a la actividad económica, multiplicando los trámites, inspecciones y permisos, controlando los precios, suprimiendo o limitando la competencia, estableciendo normas de calidad detalladas para multitud de artículos manufacturados, fijando rutas comerciales y prohibiendo otras, creando monopolios gubernamentales, dando concesiones exclusivas a personas, corporaciones o regiones y multiplicando las gabelas fiscales que, más que altas, eran erráticas..&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El dictamen económico sobre todo lo descrito es inequívoco: rentas monopólitas y precios elevados, baja productividad e ineficaz explotación de los recursos naturales; iniquidad y privilegios; falta de competencia y una asignación ineficiente de los factores de la producción; trabas ala inventiva ya la función empresarial. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;De todo se puede acusar al Estado español de los siglos XVI y XVII menos de pereza legislativa. El cúmulo de disposiciones expedidas recuerda al ocurrido en épocas más recientes, la principal de las cuales se promulgó en 1951 con el pomposo nombre de “Atribuciones del Ejecutivo en Materia Económica”. Al igual que en nuestro siglo, particularmente ineficaces fueron las ordenanzas relativas a los controles de precios. A pesar de su persistencia los precios no sólo fluctuaron de acuerdo con la oferta y con la demanda sino que ocasionaron que las tierras se dedicaran de preferencia al cultivo de productos no regulados. Así, no obstante las múltiples prohibiciones dado que el azúcar se consideraba como un bien suntuario, el gobierno virreinal no consiguió impedir que cada vez mayores extensiones se aplicaran a la producción de caña. De los monopolios prohijados por los Habsburgo ninguno más perjudicial, más grávido de consecuencias nocivas a largo plazo, que el de la Casa de Contratación de Sevilla que acaparó el comercio entre la metrópoli y sus colonias. Esta fue una típica expresión no sólo de la mentalidad centralista del Estado español sino de las doctrinas mercantilistas tan en boga en esos siglos. Imbuidos los principales funcionarios de la Corona de esas ideas, el gobierno de&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;sarrolló una verdadera obsesión por contener las importaciones y frenar el contrabando. En el mejor de los espíritus crisohedonistas, el objetivo era la retención a toda costa de los metales preciosos dentro del reino. Una de las medidas más desastrosas fue la intervención del Consulado de Sevilla para atajar el comercio que se estaba desarrollando en el Pacífico entre los países de Oriente, la Nueva España y el virreinato del Perú. La razón era la competencia que por esa vía se hacía a las mercaderías de España. En consecuencia, explica Calderón, las exportaciones manufactureras de la Nueva España hacia el Perú, incipientes pero en expansión, quedaron suspendidas de tajo, la Nueva España hacia el Perú, con lo que se marchitó la naciente industria novohispana “y se frustró por siglos la natural integración económica entre los países hermanos”. Con ello quedó también coartada la expansión del Imperio español hacia el Asia; se bloqueó la posibilidad de consolidar la influencia hispano - mexicana en ese hemisferio, y se frustró el proyecto de establecer un importante flujo comercial hacia Europa de artículos orientales y de los virreinatos, lo cual podría haber ayudado a compensar las importaciones españolas provenientes de Holanda, Francia e Inglaterra. Por todo lo expuesto, el juicio histórico sobre las políticas económicas aplicadas por la Corona Española durante los siglos XVI y XVII no puede ser mas desfavorable. Una de sus enseñanzas es que los expedientes regulacionistas rara vez alcanzan sus metas. Lo que es más, muy contados son los casos en que terminan por favorecer a los supuestos beneficiarios de las medidas. El caso comentado del comercio del Pacífico es ilustrativo, por la miopía que significó perjudicar a los reinos de todo un continente por conservar las rentas monopólicas de un grupo ya de por sí privilegiado. Los ejemplos son numerosos y nos los ofrece en bandeja la historia. Sin embargo, hoy por hoy el meollo no es ya tanto el de aprender esas lecciones, sino el poder hacerlo a tiempo y reaccionar con oportunidad. Es lamentable que se haya tenido que desatar la terrible crisis de la deuda en 1982 para que se empezara a cuestionar la viabilidad de las estrategias proteccionistas y paternalistas que fueron, en realidad, las que le dieron origen. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Eduardo Turrent&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Vuelta 142, julio de 1989&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-2479470131583666493?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2479470131583666493'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2479470131583666493'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/10/historia-economica-de-la-nueva-espana.html' title='Historia Económica de la Nueva España en la época de los Austrias'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/StF7nCF_xaI/AAAAAAAAB_U/wwZFKMG6CdM/s72-c/Historia+Economica+de+la+Nueva+Espa%C3%B1a.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-8016883048016069254</id><published>2009-09-26T18:13:00.001-05:00</published><updated>2009-09-26T18:13:52.799-05:00</updated><title type='text'>Entrevista a María Luisa "La China Mendoza" sobre Colosio. 2 de 2.</title><content type='html'>&lt;object width="560" height="340"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/oStsLg9Vanw&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/oStsLg9Vanw&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="560" height="340"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-8016883048016069254?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8016883048016069254'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8016883048016069254'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/09/entrevista-maria-luisa-la-china-mendoza.html' title='Entrevista a María Luisa &quot;La China Mendoza&quot; sobre Colosio. 2 de 2.'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-6555370270373268429</id><published>2009-09-26T18:10:00.001-05:00</published><updated>2009-09-26T18:13:20.570-05:00</updated><title type='text'>Entrevista a María Luisa "La China Mendoza" sobre Colosio. 1 de 2.</title><content type='html'>&lt;object width="560" height="340"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/TDLtSsIpjSA&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/TDLtSsIpjSA&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="560" height="340"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-6555370270373268429?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/6555370270373268429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/6555370270373268429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/09/entrevista-la-china-mendoza-sobre.html' title='Entrevista a María Luisa &quot;La China Mendoza&quot; sobre Colosio. 1 de 2.'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-89643562361544984</id><published>2009-09-26T17:39:00.006-05:00</published><updated>2009-09-29T10:32:51.099-05:00</updated><title type='text'>Las últimas pirámides</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Sr6djB1bztI/AAAAAAAAB4g/jhr0hQtp8HU/s1600-h/%C3%9Altimas+pir%C3%A1mides.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 400px; FLOAT: left; HEIGHT: 270px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5385915429495230162" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Sr6djB1bztI/AAAAAAAAB4g/jhr0hQtp8HU/s400/%C3%9Altimas+pir%C3%A1mides.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Como una anticipación geológica de la historia que vendría, la plataforma continental de México emergió de las aguas formando una pirámide truncada. Un vasto altiplano se elevó de las costas y se pobló de otras pirámides premonitorias: los volcanes. Luego se poblaría de pirámides indígenas y finalmente de pirámides burocráticas. La dotación geológica traí a grandes reservas de plata y petróleo, tierras más forestales que agrícolas, poca agua, una multitud de valles incomunicados entre los vericuetos orográficos. Esto favoreció, por una parte, la economía de subsistencia, dispersa y autárquica; por la otra, una economía cortesana que prosperó con las riquezas del subsuelo. Fernández de Lizardi vio en esa dualidad la producción del campo frente al dinero fácil: “no adoremos el oro ni la plata (...) la naturaleza, siempre sabia, los ocultó a la vista de los hombres; mas éstos, perezosos y egoístas, rompen las entrañas de su madre para sacarestos metales y hacerse ricos de la noche a la mañana sin trabajar. ¡Qué horror! La naturaleza benéficales preparó a todos los mortales las verdaderas riquezas, no en el centro, sino en la superficie de la tierra”. López Velarde fue más lejos. En la doble herencia de México, veía una dualidad funesta: la pobreza cristiana de la vida campesina / la riqueza fáustica del inframundo. Como si la riqueza fácil implicara un pacto con el diablo, a cambio de perder el alma campesina:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;El niño Dios te escrituró un establo &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;y los veneros de petróleo el diablo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Aunque la economía del poder central en México, comoen todas partes, ha oprimido la economía campesina, no ha podido explotarla mucho. La exacción detributos agrícolas a comunidades pobres, remotas y dispersas, a través de caminos montañosos, a pie (en los tiempos indígenas) o con bestias de carga (después, antesde que hubiera ferrocarriles y motores de gasolina), fue siempre más opresiva que costeable. Elverdadero negocio central ha sido la extracción de riqueza subterránea. A partir de los yacimientos de obsidiana, se erigió el primer estado del altiplano: Teotihuacán, la ciudad de imponentes pirámides, que llegó a tener 200,000 habitantes. Por los años 350-550, mientras Roma declinaba y el imperio chino se desintegraba bajo invasiones bárbaras, Teotihuacán prosperó como la capital del mundo mesoamericano y una de las mayores del planeta. A las pirámides siguieron los templos y palacios virreinales. La plata alimentó la fastuosidad del estado español en el altiplano (y, por supuesto, en España). Hasta la fecha, México sigue siendo uno de los primeros productores de plata del mundo. También de petróleo, grafito, fluorita, antinomio, plomo, zinc, mercurio, cadmio, bismuto, selenio y hasta azufre: para que huela a bendición del diablo la riqueza extraíble. Pero hubo un cambio importante de la obsidiana a la plata. El desarrollo teotihuacano era artesanal, con exportacion al resto del Mesoarmérica. Empezó por objetos de obsidiana local, llegó a importar obsidiana para transformarla y se extendió a otras manufacturas exportables: la cerámica. los trabajos de concha (traída del mar) y depiedras finas. En cambio, la plata (como luego el petróleo) sirvió para convertir al país en casa de moneda, para exportar capacidad de pago más que trabajo de las manos: para hacer prosperar el trabajo de otras manos, ocupadas en atender las necesidades cortesanas de España y la Nueva España.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hubo un modelo alternativo, del cual quedan residuos. En el siglo XVI, en Michoacán, el obispo Vasco de Quiroga crea una prosperidad basada en la división del trabajo de las manos y el intercambio. Como en el modelo teotihuacano, pasa de la autarquía campesina a una economía más amplia y diferenciada que integra la anterior. Cada pueblo se especializa en una artesanía de exportación que intercambia con los vecinos, sin dejarde producir sus propios alimentos, ropa y techo. Se integra así la economía de subsistencia con el desarrollo protoindustrial. Más aún: a través de las manos, se integran las tecnologías indígenas y europeas. Tanto el modelo teotihuacano como el michoacano tuvieron la virtud de apoyarse en la economía previa y la cultura local para desarrollarlas, a través de la exportación. Además, el modelo michoacano, a diferencia del teotihuacano, era regional en vez de centralista. El imperio azteca heredó el centralismo, pero no el desarrollo de Teotihuacán: su capital tuvo menos manos artesanales, menos empleos exportadores, menos población. El virreinato continúa el centralismo azteca y prospera con la extracción de plata, que margina o aplasta la economía previa, en vez de desarrollarla; que polariza la prosperidad, en vez de integrarla. Frente a la economía cortesana, la economía de subsistencia queda marginada, en el mejor de los casos; en el peor, sometida, dislocada, como la cultura local. Esta polaridad reaparece en el siglo XX con el petróleo, los universitarios y las pirámides burocráticas: la nueva plata, los nuevos cortesanos y las nuevas pirámides. La economía artesanal, que pudo haber sido la basede un desarrollo más sano, fue todavía golpeada en el siglo XIX con las mejores intenciones progresistas. El poder central actuó directamente contra los gremios artesanales y destruyó gran parte de ese tejido social autónomo, sin ganar siquiera beneficios importantes para su propia economía, débil entonces.El fasto indígena y virreinal resultó inasequible para el nuevo estado mexicano, inseguro y escaso de recursos, en medio de convulsiones internas e intervenciones externas, hasta que Porfirio Díaz construyó el primer estado estable mestizo (después del español y los indígenas). Para 1900 ya hay ferrocarriles, comienzos de industrialización, 64,000 empleados públicos, una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;presidencia fuerte y centralista que se impone a través de la disyuntiva “pan o palo”: concesiones favorables para el que acepta el integrismo político; mano dura para el que no lo acepta. Desaparece el partido conservador y se establece un integrismo nacional progresista. La leal oposición, desde entonces hasta la fecha, se vuelve una tontería política, cuando no traición a la patria. Crece la capital: un tercio en población y un medio en extensión, de 1900 a 1910. El nuevo estado empezaba a crear su propia corte y sus propios fastos cuando fue destruido por la revolución de 1910. Su reconstrucción, después de nuevas convulsiones internas y amenazas externas, tuvo un apoyo decisivo en el petróleo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El primer auge (criticado en La suave patria de López Velarde y en La rosa blanca de Traven) fue en “los fabulosos veintes”, cuando México se volvió el segundo productor petrolero del mundo. Pero el estado mexicano sólo recibía migajas de la extracción, en manos extranjeras. Después de la expropiación en 1938 y la quintuplicación de precios en 1973 (que volvió costeable la explotación de reservas profundas, gigantescas), hubo un segundo auge que llegó al delirio en los años de 1979-81 y se estrelló contra la realidad en 1982. Eso impidió la inauguración fastuosa del edificio central de Pémex: una especie de gran pirámide o catedral del petróleo (naturalmente, en la ciudad de México: donde la principal actividad petrolera consiste en despilfarrar el petróleo, no en extraerlo). La Torre de Pémex puede recibir simultáneamente a más de 22,000 personas en sus 242 metros de altura. En comparación, la gran Pirámide del Sol de Teotihuacán tiene 63 metros de altura y las torres de la Catedral de México tienen 66. La empresa y el edificio (que son los mayores de México y de los mayores del mundo) subrayan la polarización extrema del país: entre el altiplano y las costas, entre la capital y el interior, entre la economía cortesana y la de subsistencia, entre la ciudad y el campo, entre la cultura del progreso y las culturas indígenas, entre el despilfarro y la miseria, entre el poder central y la dispersión impotente. Todos los habitantes de cualquier población rural de México pueden estar en la Torre de Pémex. La cual hace más consumo eléctrico, telefónico, de correos, automóviles, aviones, helicópteros, elevadores, combustible, papel, agua, drenaje, policía, que muchas poblaciones juntas. Según las compilaciones de la revista Fortune, en 1983 Pémex ocupaba el lugar número 12 entre las 500 mayores empresas industriales fuera de los Estados Unidos (y estaría en el lugar 16 entre las norteamericanas). Aparece con ventas de 16,000 millones de dólares, pérdidas de 5 millones de dólares y 157,000 empleados (excluyendo filiales). La única otra empresa mexicana que figura en la compilación es el Grupo Alfa, en el lugar 428 fuera de los Estados Unidos, con ventas de 1,000 millones de dólares, pérdidas de 68,000 dólares y 32,000 empleados. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Estas dos empresas deficitarias, y el estado mismo, también deficitario (y que en 1983 llegó a los 4,000,000 de empleados), encabezan un gigantismo recientísimo y fracasado. Aunque en las últimas pirámides parece que el salario es la normalidad misma, y el empleo un derecho universal, hasta el siglo pasado aspirar a un empleo parecía &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;extraño, enfermizo y digno de burla: se hablaba de “empleomanía”. La servidumbre deseaba ser libre, y las personas libres no deseaban la servidumbre sino trabajar por su cuenta. Todavía en 1950, la mitad de los mexicanos trabajaba por su cuenta: eran campesinos, artesanos, pequeños empresarios, profesionales libres. Y los que no trabajaban por su cuenta, trabajaban casi siempre con alguien que trabajaba por su cuenta. La sociedad estaba poco pirarnidada. El estado, las grandes empresas, los grandes sindicatos, las grandes universidades, manejan hoy un personal y un presupuesto que nadie hubiera soñado hace medio siglo. Pocas personas en el mundo tienen un poder tan ilimitado sobre tantos recursos y personas como un presidente mexicano. Alejandro Magno en toda su gloria no manejó más recursos que Pémex. El Grupo Alfa empequeñeció los antiguos sueños mexicanos de gloria empresarial; creó una burocracia moderna, ambiciosa y cortesana en el sector privado, nunca antes vista. La Universidad de México tenía 10,000 estudiantes en 1935; hoy tiene más de 300,000 y es una de las mayores del mundo: una ciudad dentro de la ciudad, mayor que el estado teotihuacano. El Sindicato Petrolero tiene un poder y riqueza mayores: comparables a los que tenía la Iglesia cuando parecía dueña del país. (Para su fortuna, este nuevo poder corporativo, legitimado por otras teologías, no se ha topado con su presidente Juárez.) Todo este gigantismo surgió en unas cuantas décadas y nadie se lo esperaba, aunque así desembocan sueños de grandeza y circunstancias latentes a través -de los siglos: la riqueza del subsuelo, el centro como lugar sagrado, la economía cortesana, el deseo de redención, que va de las reformas de Vasco de Quiroga a la reforma agraria y el progreso industrializador. De 1810 a 1921, la sociedad mexicana vivió sacudidas volcánicas comparables al trauma de la conquista en el siglo XVI. Estamentos completos, como placas tectónicas, emergieron o fueron desplazados. Los españoles nacidos en España,perdieron el poder frente a los nacidos en México, que a su vez lo perdieron frente a los mestizos. La Iglesia, las comunidades locales y los gremios artesanales perdieron bienes y privilegios en favor, no del estado, sino de la oligarquía de terratenientes, caudillos y extranjeros, que a su vez luego perdieron fuerza frente a los sindicatos, las oligarquías industriales y, sobre todo, el estado. De estas sacudidas brotaron las últimas pirámides, subsidiadas con petróleo y coronadas por la gente bonita que se fue apoderando de todo: los universitarios. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;color:#c0c0c0;"&gt;&lt;em&gt;.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Piramidal, funesta, de la tierra &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;nacida sombra, al Cielo encaminaba &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;de vanos obeliscos punta altiva, &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;escalar pretendiendo las Estrellas.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;dice Sor Juana, hablando de una sombra, en la que hoy pudiéramos ver la oscura mancha del petróleo, que se extiende y arrasa con la vida del campo, mientras la corrupción y el despilfarro (escalar pretendiendo las estrellas) arden en la punta altiva de las últimas pirámides.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color:#c0c0c0;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Gabriel Zaid&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Vuelta 122 / Enero de 1987&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-89643562361544984?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/89643562361544984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/89643562361544984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/09/las-ultimas-piramides.html' title='Las últimas pirámides'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Sr6djB1bztI/AAAAAAAAB4g/jhr0hQtp8HU/s72-c/%C3%9Altimas+pir%C3%A1mides.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-3985051112132385456</id><published>2009-05-10T23:42:00.003-05:00</published><updated>2009-05-11T13:17:26.552-05:00</updated><title type='text'>Enrique Krauze: México no debe convertirse en Venezuela</title><content type='html'>&lt;embed id="VideoPlayback" src="http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=-1092431738629574431&amp;hl=es&amp;fs=true" style="width:400px;height:326px" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" type="application/x-shockwave-flash"&gt; &lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-3985051112132385456?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3985051112132385456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3985051112132385456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/enrique-krauze-encuentro-empresarial.html' title='Enrique Krauze: México no debe convertirse en Venezuela'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-2911977562834043108</id><published>2009-05-10T23:22:00.004-05:00</published><updated>2009-05-11T12:03:11.652-05:00</updated><title type='text'>¿Hemos aprendido algo del 68?</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SghZ_gYNStI/AAAAAAAABpQ/isJM1syuNKQ/s1600-h/Tlatelolco+68.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5334612706178452178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 316px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SghZ_gYNStI/AAAAAAAABpQ/isJM1syuNKQ/s320/Tlatelolco+68.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Deploramos en 1978 el cumplimiento, no de uno, sino de dos aniversarios: el de la represión sangrienta del movimiento estudiantil de 1968 y el de la represión, también sangrienta, del movimiento ferrocarrilero de 1958, que concluiría en los primeros meses del siguiente año con el encarcelamiento de cerca de ocho mil líderes y trabajadores. Uno y otro son puntos medulares para la comprensión de la estructura política del país y ambos representaron, como todo el mundo lo ha dicho, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;un momento de quiebra, de crisis nacional, a todas luces no superado. El de 58-59 era un movimiento obrero, de corte socialmente nuevo; un brote de poderosa independencia sindical, que se producía, o se iniciaba, en el seno de una empresa del Estado (los Ferrocarriles) y se enfrentaba abierta y exitosamente al aparato burocrático del sindicalismo oficial. Los líderes ferrocarrileros barrieron literalmente en todo el país a los falsos y corruptos representantes de su gremio y tomaron las riendas del sindicato. A esa lucha se unieron importantes contingentes de trabajadores de otros sindicatos:. telegrafistas, petroleros, electricistas, maestros, cuya confluencia en un movimiento que amenazaba con rebasar los límites “razonables” de un conflicto económico y gremial, alarmó como nunca a lo que continuamos llamando “movimiento obrero organizado” que, a su modo, ha estado siempre verdaderamente organizado, y alarmó también a la empresa privada y al poder público, acostumbrados a negociar en términos convencionales los conflictos obreros. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hablaremos más adelante de las condiciones, y las causas de la derrota ferrocarrilera de 1959, pero debe &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;decirse desde ahora que esa derrota abrió una era funesta para la vida democrática del país y sentó precedentes jurídicos desfavorables para toda lucha sindical independiente. Tras la ocupación de los locales ferrocarrileros por el ejercito y la imposición de los líderes que aun dirigen el sindicato, se impusieron largas y anticonstitucionales condenas a los dirigentes del movimiento (Vallejo, Campa y otros), lo mismo que a dirigentes del PCM y del POC, que permanecieron en prisión ocho, diez u once años. Esta era la herencia política de los años sesenta, para decirlo en forma muy rápida y gruesa, pero era una herencia política, perfectamente olvidada por una clase obrera, vencida, escéptica, inmadura ideológicamente (no por su culpa), y por unos universitarios que habían contemplado el movimiento ferrocarrilero en los años de la preparatoria, corriendo delante de las fuerzas del orden y aspirando los copiosos gases lacrimógenos prodigados por los granaderos durante casi un quinquenio. Era un perfecto olvido imperfecto, porque de vez en cuando, al impulso del espíritu navideño o al calor de algún incidente escolar, alguien se acordaba de que Vallejo llevaba ahí cinco o seis años, de que no tenía recursos materiales para sobrevivir, de que era una injusticia incalificable y una verguënza nacional su prisión, etc. etc. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Y era también la herencia política que estaba destinado a rescatar, no tan conscientemente como suponen los optimistas, sino por la evidencia y la fuerza de las cosas, el movimiento de 68, que se iniciaría de manera irrelevante, como un conflicto económico y universitario (aumento de sueldos a maestros y otras demandas) y crecería desmesuradamente gracias a la pericia autoritaria y la ceguera de los gobernantes en turno. No hay tiempo, ni hay motivo, ni es el sitio para hacer aquí una historia del 68, que se ha hecho ya prolijamente. Pero debe confesarse que han abundado sobre el tema las crónicas minuciosas, los grandes reportajes y los testimonios de carácter moral, más que los análisis políticos. Era natural que así ocurriera, y eso es la prueba de que la estúpida, injustificable, bestial matanza de Tlatelolco, ha dejado realmente huella; prueba de que el movimiento y su represión insensata continua repercutiendo en diferentes aspectos fundamentales de la vida nacional y prueba de que no puede resolverse con retórica una cuestión como ésta. Hemos llorado, con sobrada razón, diez anos sobre Tlatelolco, pero todos sabemos que ha llegado el tiempo de empezar, sobre lo mismo, a pensar. Sólo, casi, a advertir esa urgencia apuntan estas lineas. Me sigue pareciendo excelente, entre los testimonios publicados dos o tres anos después de 68, el material de las conversaciones del rector Javier Barros Sierra con Gastón García Cantú; es probablemente ese el más frío, el más contenido por obvias razones, pero también el más agresivo y revelador de los testimonios emitidos en esa época. Iniciado el movimiento -dice Barros Sierra- como una protesta contra los excesos de la fuerza pública... se fue canalizando hacia la petición de medidas que tendían a democratizar la vida pública del país... derogación del artículo 145 del código penal, la libertad de presos políticos. . . En esa coyuntura, como lo señala Barros Sierra, el &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;movimiento retornaba las demandas democráticas esenciales del 58, y también, involuntariamente, espontáneamente (lo que no es alentador), retornaba buena parte de los métodos improvisados, las ilusiones políticas y las desproporciones que imprimieron al movimiento ferrocarrilero SUS oportunistas asesores “marxistas” del PCM y del POC, sobre todo (lo dijimos entonces y lo vuelvo a decir ahora). Nadie intenta justificar, ya se dijo, las brutalidades, frías o calientes, cometidas por el Gobierno en 1958 o en 1968, pero no estaremos en condiciones de entender nada de nada si no somos capaces de examinar sin mojigatería militante el papel que verdaderamente han desempeñado la llamada izquierda dirigente y los “dirigentes” en general. Barros Sierra lo dice, hablando del 2 de octubre de 1968 concretamente: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;... me pareció -usted sabe mi opinión desde entonces- absurdo el efectuar el mitin el 2 de octubre. El de una semana antes afortunadamente... no tuvo incidentes mayores, pero era previsible que ocurrieran. En la medida en que se acentuaba la represión violenta, ellos se arriesgaban (más). El pueblo acudía en número cada vez menor; el peligro que esto significaba, en cuanto a la posibilidad de provocaciones era mayor. La historia, infortunadamente, así lo registra. Ellos cometieron el gravísimo error, insisto, de efectuar el mitin del 2 de octubre en la llamada Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El rector lo sabía, los “dirigentes” no. Y sin embargo, irritado justamente por la absurda represión del 2 de octubre, el rector los defendió entonces. Y al hablar de dirigentes no hablo sólo de personas, que naturalmente tienen responsabilidad, sino de categorías vivientes de la época: de los dirigentes que podían darse en el movimiento. Marx (que como todo gran pensador también acostumbraba acertar), dice en algún prólogo de El Capital, creo que en el de 1867, que “no se puede hacer al individuo responsable de la existencia de condiciones de [las] que él es socialmente criatura”. La cuestión del oportunismo dirigente, si le podemos llamar así, es primordial. Tanto la buena voluntad y el heroísmo de los militantes de izquierda, como la mala voluntad y la criminalidad de los gobernantes que hubieran manipulado el movimiento con fines electorales (v.gr.), son cosas que se cuecen aparte cuando se trata de analizar el comportamiento político de los grupos o personas que pretenden ser factores directivos de un conflicto. ¿Dirigían realmente los grupos de la izquierda en 58 y en 68? ¿Cómo y en qué medida dirigían en un caso y en &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;otro? ¿Soñaban que soñaban que dirigían? ¿En qué medida pudieron dirigir mejor? ¿Los rebasó de tal modo el movimiento de 68 que perdieron desde el principio el más mínimo control, incluso del estudiantado? ¿Qué misteriosa potencia o deidad presidió tan expedita y magistralmente la marcha de esas catástrofes? &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;He aquí un comentario del “otro lado”, del lado del movimiento y de sus víctimas. Un comentario de José Revueltas, en la cárcel de Lecumberri (publicado en Uno más uno, abril de 1978):&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;... ¿*Fuimos nosotros quienes introdujimos ese lenguaje, esas figuras, esos lemas, esas consignas, ese estilo (Mao, el Che, Ho Chi Min, Trotsky) en el Movimiento? Sí y no. El sí se refiere a todos los grupos -a los grupúsculos de todas las tendencias marxistas que han trabajado y trabajan en la Universidad y los demás centros educativos. . . Pero es un hecho evidente que la proporción ideológica que adquirió el movimiento -y en un lapso extraordinariamente breve- dejaba muy por debajo las proporciones de la actividad que los grupúsculos pudiesen llevar a cabo, y muy por debajo la influencia que desplegaban. No; la influencia de cada uno de los grupúsculos sobre el contenido del movimiento no fue decisiva en modo alguno, sino que obró de un modo secundario y en cierto modo accidental. No existe un solo grupúsculo que pueda jactarse de que tiene o tuvo núcleos militantes en todas y cada una de las escuelas y facultades de la Universidad o el Politécnico. Los grupúsculos contaban el número de sus miembros estudiantiles con los dedos de las manos y, a más, todos ellos concentrados en facultades y escuelas muy específicas ( en el ala de Humanidades de la Universidad sobre todo).&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Irresistible y larga cita de Revueltas que puede resumirse llanamente de la siguiente manera: los “dirigentes” influyeron en su propia casa, se autoagitaron, no dirigían el movimiento espontáneo que los rebasó desde el principio. Los dirigentes fueron dirigidos por un todo que no dirigía nadie, en el sentido estratégico o militar del término. Los que menos influyeron en ese movimiento fueron los dirigentes estudiantiles, que pueden dormir tranquilos y exculpados parcialmente por los supuestos errores &lt;em&gt;de dirección&lt;/em&gt; que hubieran cometido. Pero nadie puede dormir tranquilo si nos quiere engañar, y quiere engañar a los estudiantes, a la clase obrera, al pueblo con la despreciable ficción de que “Tlatelolco fue el martirologio de la zquierda dirigente”, a la que habría que encumbrar históricamente y concederle reivindicación política justiciera. No creo que, a la altura de estos aniversarios, ninguno de los dirigentes estudiantiles honestos del 68 -los hay y los conozco-, pretendiera semejante cosa. Con Revueltas (ahora puedo decirlo), discutí estas cosas antes del 2 de octubre. Le hice ver lealmente -siempre fuimos cordiales amigos y camaradas- mi discrepancia con el romántico aliento que él trataba de darle a la organización estudiantil, le exprese mis temores de una represión implacable, que se anunciaba en el informe presidencial del lo. de septiembre de 1968. Revueltas da breve testimonio de esas discrepancias anotando mi nombre de pila en su diario de 68, de próxima publicación. Revueltas fue siempre perfecto, como hombre moral -10 &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;he dicho en otra ocasión-, estaba entregado a una causa ética y metafísica de oscura y respetable alcurnia, que lo conducía a gran desgaste físico y desesperación espiritual admirables. Era tal vez la más consciente de las criaturas, y la más temeraria, en todo ese caos, que juzgaba con humor cuando repetía su vieja broma “ Miren, un obrero! ”, para subrayar la absoluta ausencia de relación entre los grupos marxistas y el proletariado mexicano, que vive “organizado” maravillosamente en lo general. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Lo que alarma es que los movimientos no aprendan, no tengan memoria política, solía decir el propio Revueltas. Y no la tienen, no aprenden. Es claro, por ejemplo que el UNETE PUEBLO de 68 era una buena consigna de agitación callejera, pero el pueblo no se unió, aunque simpatizara con los estudiantes y no lo hiciera con el gobierno represivo de Díaz Ordaz. Al pueblo hay que explicarle como unirse, y eso no se hace en un día; hay que explicarle y enseñarle cómo organizarse, y eso no se hace en diez años. Y para explicarle eso al pueblo hay que estar organizado uno mismo. Y no estamos organizados, no lo está nadie para semejante tarea en ninguno de los grupos de izquierda del país. El 58 fue una experiencia &lt;em&gt;directiva&lt;/em&gt; de la cual tampoco aprendió nada la izquierda. Si hablamos entonces, con Revueltas, en ediciones poco menos que privadas, del oportunismo inveterado del PCM en 1958, podríamos hacerlo ahora en los mismos términos. El PCM no había visto un obrero, desde su falsa y demagógica y democrático- burguesa prosperidad de membresía (prosperidad numérica) de la etapa cardenista, y el movimiento ferrocarrilero le permitió, como al POC, la oportunidad -en el mal sentido del termino-- de intervenir en un movimiento obrero, mal o bien. Lo hizo, lo hicieron mal, claro es. El oportunismo de este género de partidos que llamamos entonces, y seguimos llamando, inexistentes históricamente, consiste en la práctica inescrupulosa de intervenir en todo movimiento para llevarlo, en la medida de lo posible, a sus últimas consecuencias, lo permitan o no las condiciones políticas del momento. La derrota de un movimiento como el de 1958 no interesa a estos grupos como tal, ni es una experiencia política para el trazo de la futura estrategia: importa para probar que se es mártir, que se dirigen obreros, que se existe. ¿A quién se le quiere probar tal cosa? La respuesta es casi infantil, pero es correcta: a los países socialistas, a los burocratizados partidos comunistas del mundo y demás organizaciones de izquierda de cuya colaboración y con cuya relación vive un partido inexistente. El Partido Comunista Francés, de membresía y poder económico considerable, es de los más conservadores de Europa, pero sus defectos son otros: puede permitirse el lujo de aburguesarse, de resistirse a la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;participación revolucionaria en movimientos con verdaderas prespectivas políticas. No es el caso de partidos como el PCM.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El 68 probó, como el 58, la inexistencia no del PCM, que ya estaba probada, sino de cualquier factor ideológico &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;y político capacitado para influir en un verdadero movimiento popular o social dentro de una línea democrática coherente y efectiva. iHemos aprendido, ya, algo del 58 y del 68? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Eduardo Lizalde&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Revista Vuelta&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-2911977562834043108?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2911977562834043108'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2911977562834043108'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/hemos-aprendido-algo-del-68.html' title='¿Hemos aprendido algo del 68?'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SghZ_gYNStI/AAAAAAAABpQ/isJM1syuNKQ/s72-c/Tlatelolco+68.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-635006379103028884</id><published>2009-05-10T20:21:00.000-05:00</published><updated>2009-05-10T20:22:07.042-05:00</updated><title type='text'>La ruptura que viene. Porfirio Muñoz-Ledo con Carmen Aristegui [3]</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/nP1MDwLK7X4&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/nP1MDwLK7X4&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-635006379103028884?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/635006379103028884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/635006379103028884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/la-ruptura-que-viene-porfirio-munoz_4501.html' title='La ruptura que viene. Porfirio Muñoz-Ledo con Carmen Aristegui [3]'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-2756761130952696365</id><published>2009-05-10T20:18:00.001-05:00</published><updated>2009-05-10T20:21:11.113-05:00</updated><title type='text'>La ruptura que viene. Porfirio Muñoz-Ledo con Carmen Aristegui [2]</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/LWmWjKbkpXA&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/LWmWjKbkpXA&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-2756761130952696365?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2756761130952696365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2756761130952696365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/la-ruptura-que-viene-porfirio-munoz_10.html' title='La ruptura que viene. Porfirio Muñoz-Ledo con Carmen Aristegui [2]'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-8909157665636438423</id><published>2009-05-10T20:16:00.000-05:00</published><updated>2009-05-10T20:18:28.228-05:00</updated><title type='text'>La ruptura que viene. Porfirio Muñoz-Ledo con Carmen Aristegui [1]</title><content type='html'>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/iwspmacGw-c&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/iwspmacGw-c&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-8909157665636438423?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8909157665636438423'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/8909157665636438423'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/la-ruptura-que-viene-porfirio-munoz.html' title='La ruptura que viene. Porfirio Muñoz-Ledo con Carmen Aristegui [1]'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-6446062698626925788</id><published>2009-05-08T21:51:00.004-05:00</published><updated>2009-05-08T22:55:08.072-05:00</updated><title type='text'>Pegaso, emblema de Nueva España</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgT9Cu1EDdI/AAAAAAAABm0/P1ksQaMCuKI/s1600-h/Pegaso+Nueva+Espa%C3%B1a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333666082085670354" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 258px; CURSOR: hand; HEIGHT: 220px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgT9Cu1EDdI/AAAAAAAABm0/P1ksQaMCuKI/s320/Pegaso+Nueva+Espa%C3%B1a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Los libros de mitología nos dicen que Pegaso es un caballo alado que nació de la tierra fecundada por la sangre de la Gorgona Medusa, decapitada por Perseo, hijo de Dánae y Zeus. El héroe realizó la hazaña con una hoz de acero que le dió Hermes. La cabeza de Medusa tenía serpientes en vez de cabellos. Con la sangre que brotó de ella nació Pegaso y también Crisaor, el padre de Geríones, portador de la espada de oro. Si los cabellos son símbolo de la fuerza -recordemos a Sansónlas serpientes de Medusa significaban la invasión de las fuerzas bajas a la cabeza. La mirada de la Gorgona petrificaba y por eso Perseo sólo pudo verla de frente reflejada en un escudo, don de Atenea. El escudo era como un espejo, símbolo de la razón. El nombre de Pegaso está relacionado con la palabra fuente y -como lo dice cualquier tratado de mitología- su mito se relaciona con las fuentes y los manantiales; volaba en los cielos y bajaba a la tierra sólo para beber agua, como cualquier potro. Belerofonte, el asesino de Corinto, con la ayuda del adivino Poliido, logro domar al indomable Pegaso, cuando -precisamente- el caballo alado bebía en la fuente Pirene; Atenea le dio la brida de oro para volver dócil el mágico bruto. Belerofonte montado en el Pegaso pudo vencer a la Quimera, que era un monstruo que arrojaba fuego; le puso en la boca un trozo de plomo, que no tardó en fundirse y quemarle las entrañas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En un siglo y un ámbito cultural en los que las alegorías y símbolos eran una suerte de segunda naturaleza, no es aventurado suponer que se encontrase natural relacionar a las tres Gorgonas y a otros monstruos mitológicos con los ídolos del México antiguo, a los españoles con Perseo y a la sangre de los indios idólatras con la que Medusa -cabeza de serpientes- arrojó cuando el acero del héroe la decapito. Me atrevo a decir que Pegaso es el símbolo de la Nueva España: la nueva entidad histórica nace de la tierra fecundada por la sangre de la Medusa -especie de Coatlicuecortada con el acero de Perseo -Hernán Cortés y sus soldados. Esta hipótesis explicaría por qué una fuente cuya figura principal era el caballo alado, se encontraba en el centro del gran patio del antiguo palacio de los virreyes. Otra explicación complementaria de la presencia del Pegaso en el Palacio es la que aparece en el tratado III, Capítulo III, del “Repertorio de los Tiempos” (México, 1606) de Enrico Martínez. Al hablar de la “zona y clima en que está esta Nueva España y de los signos y estrellas verticales, y qué planetas tienen principal dominio en ella”, dice que “la constelación que pasa por los puntos verticales de casi toda ella en la imagen del caballo Pegaso, que se compone de veinte estrellas y se extiende de la equinoccial al polo ártico desde siete grados hasta los veinte y cinco, y aunque también pasan otras constelaciones, ninguna de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;ellas la coge toda... Según ésto, la correspondencia de la Nueva España con el mundo de las estrellas se sitúa en la constelación de Pegaso. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La fuente del palacio se construyo en la primera mitad del siglo XVII. El cronista Isidro de Sariñana y Cuenca la describe en 1666, en el “Llanto del Occidente” -libro que tuve la suerte de reeditar- en estos términos “Tiene este patio cincuenta varas de encuadro, y su centro, una fuente ochavada, con su foza y pilar de mármol que remata en un caballo de bronce”.’ Durante el motín de 1624 el palacio sufrió daños muy serios. El virrey procedió a realizar obras de “aderezo y reparo” en las casas reales. Efraín Castro nos informa que el obrero mayor del palacio de los virreyes era Antonio de Céspedes y el arquitecto Alonso Martínez López, uno de los maestros mayores de la Catedral de México1 La Ciudad de México vivía en 1625 -año en que se coloco a Pegaso en el palacio- un clima de tensiones terribles: el Arzobispo Pérez de la Sena se hallaba en Madrid, rindiéndole cuentas al Conde-Duque de Olivares. Su versión de los violentos hechos del motín ocurrido el año anterior, que derrocó al virrey, era muy distinta de la que ofrecía el marqués de Gelves, que ambicionaba ser reinstalado en su cargo. El Conde-Duque decidió enviar como sucesor a un militar, el Marqués de Cerralvo, decidido a meter orden en Nueva España. Mientras tanto, sucedían en el reino nuevos trastornos -provocados por el pleito entre ese arzobispo guadalupano y ese virrey puritano y regalista- como una riña en el convento de La Merced o el secuestro de unos barcos llenos de mercancías -propiedad de los amigos comerciantes de la Audiencia- por parte de Pedro de Legorreta, adicto a Gelves. Cerralvo recibió la vara de mando de Gelves, al que, por un día, se repuso en su cargo de virrey. Inmediataménte Cerralvo procedió a restaurar el maltrecho palacio y, para congraciarse con los súbitos del virreinato, instalo el Pegaso. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En las actas de Cabildo de 1625 ya se menciona a la fuente, lo que hace suponer que se construyó en esta fecha. Es casi seguro que, después del motín de 1624, el virrey tuvo cuidado de elegir un símbolo para la Nueva España; en la fuente que se colocó en el patio central del destrozado palacio figuraba como emblema el caballo alado. En Pegaso se unían el México anterior a la conquista y la Vieja España, representados por Perseo y la Medusa, cuyo terrible encuentro tuvo, como inesperado resultado, el nacimiento del mágico potro. Pegaso simbolizaba una hermosa identidad común y, simultaneamente, aludía a la constelación que dominaba al país. Perseo, Pegaso y Belerofonte son frecuentes en la símbología de Nueva España. Cuando en 1673 entró en México en el malogrado Virrey-Duque de Veragua y Marqués de la Jamaica, se publicó un escrito, por Diego de Ribera y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Miguel Perea y Quintanilla, intitulado: Histórica Imagen de Proezas”, que describe las fiestas y el Arco Triunfal que se hicieron para ese efecto. En esta obra se compara al nuevo virrey -Pedro Nuño Colón de Portugal, descendiente de Cristóbal Colón- con Perseo. Asímismo, cuando entro en México Baltazar de Zúñiga Guzmán Sotomayor y Sarmiento, Marqués de Valero, se escribió un flolleto titulado “Simulacro Simbólico y Alegórica Idea de el Príncipe Belerophonte”. “Valero” y “Belero” fueron utilizados como motivo del símbolo. De la Maza dice: “Fue este héroe (Belerofonte), tan poco conocido, el que sirvió para el arco del Virrey-Marqués de Valero, en 1642. El nombre sería resucitado, años después, por Sigüenza y Góngora, para llamar a uno de sus libros el “Belerofonte Matemático” que fue una impugnación a las absurdas teorías de la influencia nefasta de los cometas, libro que no llegó a publicarse”.’ No estoy muy de de acuerdo con De la Maza; este folleto no es anterior a Sigüenza y Góngora, por una sencilla razón: el Virrey-Marqués de Valero, entró a la Ciudad de México el 16 de agosto de 1716. (Por cierro que murió en Madrid y su corazón fue enviado a México donde lo guardaron las Madres Capuchinas de In capital.) El folleto al que alude De la Maza, se publicó setenta y cuatro año.: después de lo que pensaba. El único ejemplar de este impreso del cual tengo noticia se halla en Austin, Texas, en la colección de Genaro García, que fue vendida en 1929. Por último, en el raro folleto titulado “Astro Mitológico”, que se refiere a la entrada a la Ciudad de México del Conde Baños, se describe a Perseo y Pegaso pintados en el arco triunfal por el artista Cristóbal Franco de Molina. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Carlos de Sigüenza y Góngora encontró en Pegaso un perfecto signo para exaltar tanto su mexicanidad como su vocación científica. En más de seis libros,5 aparece Pegaso en la portada como emblema, con un lema en latín que dice: “Sic itur ad astra” (“Así se va a los astros”). Prueba de ello es el título que le pone a una obra polémica en torno a un asunto científico: “Belerofonte Matemática contra la Química Astrológica de Don Martín de la Torre”, cuyo manuscrito -según el editor de la “Libra Astronómica y Philosóphica”- hacia 1691 ya se había perdido.6 En esta obra, Sigüenza se convertía en Belerofonte, para argumentar en su texto “donde se hallaban cuantos primores y sutilezas hasta la trigonometría en la investigación de las paralajes y refracciones, y la teórica de los movimientos de los cometas, o sea, mediante una trayección rectilínea en las hipótesis de Copérnico, o por espiras cónicas en los vértices cortesianos”, y que se oponía a las tesis de Don Martín de la Torre, que pensaba que los cometas se formaban de los excrementos y otra5 sustancias inmundas para aparecer como presagios adversos. Sigüenza, montado en su Pegaso -a manera de Belerofonte -- rumbo a los astros y al conocimiento, combatía a la monstruosa Quimera de Don Martín de la Torre. Así, la modernidad científica del sabio novohispano vencía a las quiméricas suposiciones del anacrónico yucateco que, aunque “muy instruido en matemáticas y bellas letras” -como lo dice Beristain-, era ignorante en la ciencia de su tiempo; su “Manifiesto Christiano”, era, en efecto, una horrenda quimera. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Sor Juana Inés de la Cruz comparte con Don Carlos el sentimiento criollo y la devoción a Pegaso. Es probable que esto diera motivo al título de “Inundación Castálida”, edición madrileña de sus poesías y que se publica en vida de la monja, en 1689. Enrico Martínez, 1606, dice que Pegaso &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;“luego que nació voló, y de una patada que dió en el Monte Parhaso se hizo la Fuente Castalia, donde habitan las musas, cuya agua tiene virtud de hacer a los honbres sabios”. No dice más, pero es evidente que la monja leyó el “Repertorio de los Tiempo”, uno de los escaso5 libros de ciencia impresos en México, y relacionara a Pegaso con el Monte Parnaso y la fuente Castalia (que se llamaba así por la doncella hija de Aqueloo quien se arrojó a la fuente, antes que entregarse al Dios Apolo.) Las fuentes y Pegaso -ya lo vimos- tienen estrecha relación; en su momento se llamaría Hipocrene y tras la muerte de Castalia, Castlálida: la “Inundación Castálida” se refería -tal vez- a las vicisitudes de la monja, perseguida por los cortesanos y la profundidad-a la manera de Apolo- suicidándose para el mundo, al tiempo de recibir de la fuente -a manera de inconsciente poéticola sabiduría en las cuatro paredes de su convento. Como sea, Pegaso, la Fuente Castalia y Sor Juana tienen una relación muy Sugestiva. La Ilustración logró que nos olvidáramos de toda una vertiente de nuestro ser, al imponer la razón y el cientifismo, y excluir manifestaciones de la cultura tales como la emblemática -la visión simbólica-hermetica- del neoplatonismo y sus relaciones de correspondencia. Octavio Paz explica que: “En el hermetismo neoplatónico renacentista hay que distinguir tres elementos: el filosófico propiamente dicho, mezcla de platonismo auténtico y de ideas extraídas del Corpus Hermeticum, la Cábala y otras fuentes; la nueva ciencia, especialmente la astronomía y la física; y una visión mágica del universo, derivada de la alquimia, la astrología y otras ciencias ocultas”.(8) Pegaso, símbolo de la imaginación alada, viene a servir como signo de nuestra identidad común: arriba -en el mundo de las estrellas- y acá, abajo -en el mundo ordinario de nuestro ser -- en esa búsqueda de los hombres del siglo XVII por encontrar un ser propio en el cosmos y en la historia. Juan de Boria, en su “Emblemata Morali”, nos presenta a una pirámide-obelisco con el mote “Sic itur ad astra”, lo que nos sugiere que la monja usó a la pirámide para viajar a los astros y las estrellas y Sigüenza al caballo alado. Recordemos que el tema del “Primero Sueño” es el de una pirámide que emerge del mundo sublunar hacia los astros. El poema comienza así: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;“Piramidal funesta de la tierra, nacida sombra al cielo encaminaba de vanos obeliscos punta altiva escalar pretendiendo las estrellas”. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La monja, lectora de Kircher -y, tal vez, de Juan de Boriaentusiasmada por la Egiptología, vió en la pirámide -hecha de negros vapores que suben de la tierra- y en su contrapartida luminosa, que desciende del cielo a la tierra, la “forma de un combate: las huestes de la noche asaltan al cielo” , como dice Octavio Paz. “Sic itur ad astra”, “Así se viaja a los astros”, pensaron Don Carlos y Sor Juana, ésta con su pirámide y aquél con su Pegaso, contagiados del hermetismo neoplátonico. Hoy día es difícil la comprensión de estas preocupaciones pues el enciclopedismo, el racionalismo y la ciencia moderna experimental acabaron con ese aspecto de la cultura hispánica del siglo XVII, que la Nueva España vivió intensamente. El caballito del palacio fue sustituido por una escultura que representaba a la “Fama”, después de haber sido pintado su bronce de distintos colores en el transcurso del siglo XVIII.” En lugar de un “caballito &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;alado”, la Nueva España nos lego un brioso corcel montado por un rey tonto y débil. Sin embargo, la popularidad de El Caballito sugiere la persistencia de la imagen en la memoria colectiva: Pegaso -“El Caballito”- fue símbolo de la nacionalidad mexicana en el siglo XVII. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Guillermo Tovar&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Revista Vuelta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;____________________________________________________________________________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;1. Sariñana, Isidro. “Llanto del Occidente”. Méx. 1666. Ed. Fascimilar. Bibliófilos Mexicanos. México 1977. Fol. 12.&lt;br /&gt;2. Castro Morales, Efraín. “El Palacio Nacional”. Méx. 1976. P. 53.&lt;br /&gt;3. Israel, J, Razas. “Clases Sociales y Vida Política en el México Colonial.” (1610-1670). F. C. E. México. 1980.&lt;br /&gt;4 De La Maza, Fco. “La Mitología Clásica en el Arte Colonial de México.”&lt;br /&gt;5. 1)Teatro de Virtudes Políticas, 1680. 2)Triumpho Parthénico, 1683. 3) Parayso Occidental, 1684. 4) Libra Astronómica y Philosóphica, 1691. 5) Relación de lo sucedido a la Armada de Barlovento, 1691.6) Trofeo de la justicia española, 1691. 7) Los infortunios de Alfonso Ramírez, 1690.&lt;br /&gt;6. Sigüenza y Góngora, Carlos de. “Libra astronómica...“, 1691. -En el prólogo de Don Sebastián de Guzmán.&lt;br /&gt;7 Beristáin y Souza, José Mariano. “Biblioteca Hispanoamericana Septentrional”. Méx. 1816-1821. Tomo III. P. 208.&lt;br /&gt;8 Paz, Octavio, “Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas de la Fe.” F.C.E. México. 1982. P. 223.&lt;br /&gt;9. Según De la Maza, OP. Cit. P. 103, el Pegaso del palacio fue reparado en 1805: ”...y se lo mandaron componer las alas, soldar un brazo, poniéndole una espiga de hierro y se pintó al óleo toda la estatua y aún la taza y la frente A.G.N. Ramo de Obras Públicas. T. 30. Exps. 1 y 16. Las alas eran las de la “Fama”, no las de Pegaso, pues el contrato de la colocación de la estatua lo publicó Efraín Castro. Op. Cit. P. 249. Desde 1792, en tiempos de Revillagigedo, desapareció el “Pegaso” del Palacio de los Virreyes de I.I.E. Méx. 1968, P. 64. México.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-6446062698626925788?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/6446062698626925788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/6446062698626925788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/pegaso-emblema-de-nueva-espana.html' title='Pegaso, emblema de Nueva España'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgT9Cu1EDdI/AAAAAAAABm0/P1ksQaMCuKI/s72-c/Pegaso+Nueva+Espa%C3%B1a.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-1197203913331080250</id><published>2009-05-08T09:13:00.000-05:00</published><updated>2009-05-08T09:14:58.116-05:00</updated><title type='text'>Discurso de Denisse Dresser en el Foro “México ante la Crisis”</title><content type='html'>&lt;embed id="VideoPlayback" src="http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=4024318320819233482&amp;hl=es&amp;fs=true" style="width:400px;height:326px" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" type="application/x-shockwave-flash"&gt; &lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-1197203913331080250?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/1197203913331080250'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/1197203913331080250'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/discurso-de-denisse-dresser-en-el-foro.html' title='Discurso de Denisse Dresser en el Foro “México ante la Crisis”'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-869969531281258185</id><published>2009-05-07T23:21:00.004-05:00</published><updated>2009-05-08T09:12:19.588-05:00</updated><title type='text'>Madero y Los Católicos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgQ7_aJZs7I/AAAAAAAABmU/Ekpd_PDZczo/s1600-h/Madero+y+Los+Cat%C3%B3licos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333453819250062258" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 313px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgQ7_aJZs7I/AAAAAAAABmU/Ekpd_PDZczo/s320/Madero+y+Los+Cat%C3%B3licos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La actitud de Madero con respecto a los católicos ha sido objeto de ocultación o incomprensión. Aceptaba el hecho religioso mayoritario. Por lo mismo, dada su concepción de la democracia como representación de la social, aceptaba la participación de los católicos en la política y la modificación de las leyes de Reforma, en lo que tenían de discriminatorio. Fiel a sus convicciones democráticas, aceptaba las consecuencias. Dijo en &lt;em&gt;La sucesión presidencial&lt;/em&gt;: “Temen algunos escritores que el pueblo ignorante constituya un factor poderoso (...) en manos (de un) clero que lo llevará a donde quiera, sirviéndose de la influencia de los párrocos” (...) “Si el (clero) llega a ejercer alguna influencia moral en los votantes, será muy legítima; la libertad debe cobijar con sus amplias alas a todos los mexicanos, y no sería lógico pedir la libertad para los que profesamos determinadas ideas, y negarla a los que profesan diferentes”. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En el discurso que pronunció en Durango, durante su última gira antes de la Convención, fue extremadamente claro, y Roque Estrada transmite lo esencial de sus declaraciones. Juzgaba que las leyes de Reforma eran de aplicación inadecuada, pues su único objetivo había sido combatir al Partido Conservador; ahora bien, en “nuestra” época, esas leyes no tenían ningún objeto, pues ese partido ya no existía. Consideraba que esas leyes eran atentatorias para las libertades públicas, y que el gozo de esas libertades debería de ser absoluto. Consideraba además que se les podía dar por abrogadas, ya que hacía tiempo que no eran aplicadas y que, en último caso, si era necesaria su aplicación, necesitarían una revisión previa. En Durango, estas palabras fueron escuchadas con estupor por un auditorio en el que eran numerosos los estudiantes ligados al liberalismo anticlerical tradicional. Sin embargo, Madero persiste en este tema, que es, además, una de las razones de la amplitud de sus auditorios. En el mensaje que dirigió a la Convención antirreeleccionista en su clausura, volvió sobre la cuestión diciendo que las leyes de Reforma debían continuar tal como estaban hasta que el Congreso pudiera reformarlas con el fin de adaptarse a los deseos del pueblo, lo que indicaba, evidentemente, en qué sentido debían serlo.&lt;span style="color:#000099;"&gt;[1]&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En Colima, el 30 de diciembre de 1909 escribía al licenciado Celedonio Padilla, representante del futuro Partido Católico Nacional en Guadalajara: “La unión de ustedes con nosotros aumentará la fuerza y el prestigio de ambos partidos, que aunque de diferente nombre, tienen exactamente las mismas aspiraciones y principios... respecto a la influencia que tenga su partido sobre todos los estados vecinos, no teman ejercerla libremente, pues nuestro partido... no solamente no se encelará, sino verá con grandísima satisfacción...&lt;span style="color:#000099;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Madero, vencedor, no renegó de su pasado, como lo prueba esta carta del arzobispo de México José Mora y del Río al de Guadalajara, aquel prelado que deploraba tanto la partida de Porfirio Díaz: “Don Francisco Madero (padre de Madero) ha venido a verme y me ha precisado que las intenciones de su hijo eran dar toda libertad a la Iglesia, no sólo libertad de hecho, sino también libertad de derecho, quiere que la autoridad eclesiástica y la autoridad civil caminen siempre de concierto... en suma, todas estas promesas son de las más reconfortantes.&lt;span style="color:#000099;"&gt;[3]&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Mora y del Río pidió a los obispos que apoyaran al Partido Católico Nacional en la medida en que su situación se lo permitiera, y es seguro que esto tuvo considerable influencia. Antes de las elecciones de 1912, los obispos multiplicaron las cartas pastorales recordando a los católicos que su deber electoral era sagrado. Estas elecciones, en las que se vio el triunfo absoluto de los católicos. en los estados de Jalisco y de Zacatecas, y excelentes resultados en el centro y el oeste, suministraron la prueba de la fuerza del nuevo partido. En Jalisco y Zacatecas, el gobernador y el congreso del estado estaban en sus manos. Eran preponderantes en las legislaturas de Michoacán, Guanajuato, México, Colima, Querétaro, Puebla y Chiapas. Conquistaron numerosas presidencias municipales, siendo las más importantes las de Puebla y Toluca. En Jalisco, habían tenido 43,000 votos, contra 12,000 de los demás partidos. El triunfo fue tal que numerosos jacobinos se asustaron y obligaron a anular no pocos resultados. Los católicos, que decían haber obtenido los curules en el Congreso, recibieron 4 senadurías y 19 diputados federales. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Los católicos no dispusieron siquiera de un año para desempeñar un papel político, ya que fueron arrastrados por la caída de Madero, y de manera definitiva. Los maderistas más o menos conscientes veían venir el desastre. Los hombres nuevos, de una buena fe que no daba lugar a la menor sospecha, y tan grande como su inexperiencia, eran presa fácil de los viejos en el ardid y en el engaño. La audacia y el cinismo de los enemigos de la revolución se manifestaron antes de que se consumara la derrota. Algunos miembros del gobierno sabían que la amenaza iba en aumento y trataban de parar el golpe, reuniendo a los maderistas en torno de su jefe. En diciembre de 1912, el secretario de gobernación, Rafael Hernández, convocó al representante pontificio, Mons. Boffiani, con objeto de solicitarle “la influencia del clero para lograr la pacificación del país, sacudido por intenso movimiento de revolución y bandidaje”.&lt;span style="color:#000099;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La jerarquía católica respondió a los deseos del gobierno y en la segunda Gran Dieta Obrera de la Confederación Nacional de los Círculos Católicos Obreros, reunida del 17 al 23 de enero de 1913 en Zamora, los ocho prelados presentes enviaron &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;una carta a los directores del Partido Católico Nacional, donde recordaban “la obediencia que se debe a la autoridad constituida... la ilicitud absoluta de la rebelión contra las mismas autoridades”. Ahora bien, el gobierno de Madero había sido constituido con toda legalidad. Por aquella fecha, corría ya el rumor de un complot de Félix Díaz contra Madero, y los obispos presentes en Zamora intimaron a los dos dirigentes del Partido Católico, sospechosos de participar en aquél, a que se retiraran de la conspiración. El 23 de febrero, el asesinato de Madero y de Pino Suárez ponía fin a la crisis comenzada el 9 de febrero de 1913 y dejaba el poder al general Victoriano Huerta. Los enemigos de Madero mostraron entonces su júbilo y, seguros de su triunfo, organizaron manifestaciones públicas para celebrar el suceso. Los que se habían sentido débilmente amenazados en sus privilegios por Madero no sospechaban qué cataclismo iba a provocar su muerte. Para ellos, era el final de la revolución, cuando de hecho la revolución comenzaba el 23 de febrero. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El arzobispo de Morelia, Mons. Ruiz y Flores, publicó inmediatamente una condenación del golpe de estado de Huerta. No todos los obispos, ni todos los dirigentes del Partido Católico Nacional, supieron mantenerse a distancia de aquél a quien se llamaba ya “el usurpador”. Manuel González y Ramírez, portavoz de la historia oficial en los años 50, escribe: “El Partido Católico fue uno de los principales basamentos de la usurpación. Desafortunadamente, para hacer efectiva esta cooperación, los jerarcas eclesiásticos mostraron sus simpatías a favor del huertismo. Por eso, de nueva cuenta, los púlpitos fueron usados como tribunas públicas, desde donde se atacó a la revolución constitucionalista y a los revolucionarios, y se defendió a Huerta y lo que representaba la usurpación. El obispo Andrés Segura, de Tepic, era el principal responsable de la labor antirrevolucionaria que llevaron a cabo los sacerdotes de la jurisdicción eclesiástica”. Y agrega: “En cuanto a la vinculación de los católicos militantes y del clero con Victoriano Huerta, constituyó el pórtico del conflicto que muchos quebrantos causaría más tarde a la República”.&lt;span style="color:#000099;"&gt;[5]&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ahora bien, en el caso preciso citado por Manuel González y Ramírez, el del obispo de Tepic, es cierto que el clero de la diócesis predicó contra los carrancistas y que el obispo hizo otro tanto; pero otra cosa es si tomaron partido a favor de Huerta. No lo sé todavía. Pero los carrancistas, de la hostilidad que la Iglesia les demostraba, dedujeron su simpatía por Huerta, que era su adversario. Eran ya hostiles a la Iglesia, y se volvieron todavía más. Que la Iglesia reconociera en ellos al enemigo tradicional no prueba que optara por Huerta. Un testigo imparcial nos explica cómo los obispos se distanciaron de Huerta: “Por un tiempo, Huerta colmó de favores a la Iglesia católica y creyó haberla ganado en su favor; pero, después, los dirigentes con más influencia en la Iglesia llegaron a la conclusión de que la paz no podría volver a México sino con la marcha de Huerta. Y entonces enviaron aun obispo (...) que en otro tiempo había estado en buenas relaciones con Huerta, para decirle que debería dimitir”.&lt;span style="color:#000099;"&gt;[6]&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La convicción de que “el clero, los católicos, ése es el enemigo” pasó del Partido Liberal de Flores Magón a la fracción jacobina del maderismo en el poder. Entonces despertó la vieja división entre liberales “puros” y católicos que Madero &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;había logrado borrar en 1910 - 1911. Los esfuerzos de Madero y de los católicos maderistas al estilo de Eduardo J. Correa, Ramón López Velarde, Silvestre Terrazas fueron vanos. El Partido Católico Nacional sucumbió a la tentación antimaderista y después de la caída del huertismo, tanto la Iglesia como los católicos tuvieron que enfrentarse ala embestida del constitucionalismo triunfante y enardecido por su convicción de que el porfirismo, el huertismo y el catolicismo eran una sola y misma cosa. Así, después de la breve interrupción maderista, continuó la exclusión de los católicos de la política, característica del siglo XIX desde el triunfo de la Reforma. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Jean Meyer&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Vuelta 162 49 Mayo de 1990&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;_____________________________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;[1]&lt;/span&gt; F.X. &lt;em&gt;Guerra, México: del antiguo régimen a la Revolución&lt;/em&gt;, 1988, II, 136 y 203.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;[2]&lt;/span&gt; Carta en posesión de Vicente Camberos Vizcaíno, citada en su libro libro &lt;em&gt;hombre y una época&lt;/em&gt;, I p. 143.&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;[3]&lt;/span&gt; Archivo del Arzobispado de Guadalajara, paquete 253, correspondencia particular del arzobispo, carta del arzobispo de México al de Guadalajara, de 24 de julio 1911,&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;[4]&lt;/span&gt; &lt;em&gt;El Mañana&lt;/em&gt;, 10 X11 1912&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;[5]&lt;/span&gt; Manuel González y Ramírez, &lt;em&gt;La revolución social de México&lt;/em&gt;, México, FCE, I, p. 400-401&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;[6]&lt;/span&gt; Josephus Daniels, &lt;em&gt;Shirt sleeve diplomat&lt;/em&gt;, North Caroline University Press, 1943, p. 40&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-869969531281258185?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/869969531281258185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/869969531281258185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/madero-y-los-catolicos.html' title='Madero y Los Católicos'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgQ7_aJZs7I/AAAAAAAABmU/Ekpd_PDZczo/s72-c/Madero+y+Los+Cat%C3%B3licos.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-4107287799712778218</id><published>2009-05-07T00:09:00.000-05:00</published><updated>2009-05-07T00:10:32.406-05:00</updated><title type='text'>Bitácora Méxicana: La Reforma Petrolera</title><content type='html'>&lt;embed id="VideoPlayback" src="http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=4818803410775853330&amp;hl=es&amp;fs=true" style="width:400px;height:326px" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" type="application/x-shockwave-flash"&gt; &lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-4107287799712778218?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4107287799712778218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4107287799712778218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/bitacora-mexicana-la-reforma-petrolera.html' title='Bitácora Méxicana: La Reforma Petrolera'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-588899189445193932</id><published>2009-05-06T22:48:00.004-05:00</published><updated>2009-05-07T00:06:10.268-05:00</updated><title type='text'>España y México: modernizaciones frustradas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgJr5O48waI/AAAAAAAABmE/1DKABCIJ-Hs/s1600-h/Espa%C3%B1a+Mexico+s+xix.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5332943539753763234" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 223px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgJr5O48waI/AAAAAAAABmE/1DKABCIJ-Hs/s320/Espa%C3%B1a+Mexico+s+xix.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;En este ensayo de historia comparada entre los siglos XIX en México y España, Elorza demuestra cómo ambas naciones fueron incapaces de modernizarse plenamente, y cómo las consecuencias de esto llegan hasta nuestros días.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La desafortunada historia de España y de México a lo largo del siglo XIX ha dado lugar a multitud de análisis y comentarios. Uno de los más agrios es el que tuvo por autor a Karl Marx, en carta a su fiel Engels, con ocasión de la guerra entre México y Estados Unidos. Marx elogia sin reservas el modo de ser de los estadounidenses: “Encontramos en los yanquis el más elevado sentimiento de independencia y del valor individual.” Serían incluso superiores a los anglosajones. Por contraste, la raíz hispana de los mexicanos los convierte, a juicio de Marx, en un pueblo de tarados. “Los españoles –juzga el pensador alemán– son ya seres degenerados. Pero es que el mexicano es un español degenerado. Todos los vicios de los españoles –grandilocuencia, fanfarronería, quijotismo– se encuentran elevados en ellos a la quinta potencia, sin la solidez de los españoles. La guerra de guerrillas de México es la caricatura de la española.” “Como contrapartida –concluye con sarcasmo–, hay que reconocer que los españoles no han producido un genio como Santa Anna". &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La imagen en negro, resumida en los juicios de Marx, no es sino una manifestación extrema del pesimismo con el que buen número de intelectuales contemplan, desde muy pronto, el balance de la independencia mexicana. El historiador cubano Rafael Rojas evoca los testimonios del conservador Lucas Alamán, quien al final de su &lt;em&gt;Historia de México&lt;/em&gt; carga todas las desgracias de su patria sobre la ruptura con España, y el aún más significativo del poeta cubano José María de Heredia, que explica su renuncia al independentismo por la desoladora experiencia mexicana: “Ya México desangrado, empobrecido, no es sombra del México virreinal que conocí junto a mi padre, ni menos el de otras épocas, de comienzos del siglo XIX, bajo el pacífico gobierno de España.” De las notas anteriores, cabe extraer dos deducciones: La primera, que el balance de la independencia mexicana, paralelo al que puede establecerse del tránsito al liberalismo en España pasadas las tres décadas que siguen al inicio de la Guerra de la Independencia, y a la consiguiente pérdida del Imperio, arroja una suma de limitaciones y estrangulamientos que implican la puesta en tela de juicio de la construcción del Estado-nación. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En segundo plano, la explicación de esa crisis remite en el caso mexicano al momento fundacional, un acceso a la independencia necesario, desde el punto de vista de los &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;costos de la subordinación a España, pero que tiene lugar, tal y como nos recuerda François-Xavier Guerra, no por un proceso endógeno, sino por la incidencia decisiva de una variable exterior, el vacío de poder registrado en la metrópoli por efecto de la invasión francesa de 1808. “Antes de la independencia –nos recuerda Annick Lempérière–, no se asomó en la Nueva España una sola idea nacionalista ni algo que se pareciera a una nación preparada de antemano a la separación de la península.” A esta dificultad vino a unirse el que se solapara los conflictos sociales y políticos que suscita la insurrección contra España, dando como resultado la imposibilidad durante décadas de alcanzar, lo mismo que sucede en la metrópoli, un equilibrio mínimamente estable.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Desde un punto de partida común, y con un tiempo de iniciación también coincidente en 1808-1810, México y España abordan unos procesos de modernización cargados de limitaciones, en el curso de los cuales la miopía de una metrópoli incapaz de asumir la pérdida de su colonia más valiosa genera un distanciamiento apenas atenuado por la emigración peninsular de las últimas décadas del siglo. Claro que peor será el caso del Perú, cuyo reconocimiento por España ha de esperar hasta 1879. No era ésta una historia escrita de antemano, y del lado de los independentistas conservadores se hizo todo lo posible por evitarla, desde el Plan de Iguala a los Tratados de Córdoba, con la propuesta de que un Borbón ocupara el trono imperial mexicano. Brasil fue la prueba de que resultaba factible otro tipo de separación, pero en el caso mexicano la insistencia española en restaurar el dominio colonial por las armas arruinó las posibilidades de una pronta reconciliación. De la obligación de nacionalizarse los peninsulares, inscrita en la Constitución de 1824, a la orden de expulsión de 1829, coincidiendo con la fallida invasión Barradas, va generalizándose el sentimiento de que la supervivencia de México exigía la salida de los gachupines. En su estudio sobre la primera República Federal Mexicana, Michael P. Costeloe reconstruyó las intensísimas campañas antiespañolas del año 1827, que ya entonces se traducen en medidas de expulsión acordadas por diversos Estados. El que Madrid no reconociera la independencia venía a justificar una animosidad también provocada por la conservación de posiciones de poder por parte de los peninsulares. La primera ley federal de expulsión, muy transigente, fue promulgada el 20 de diciembre de 1827. Fue el punto de partida para la apertura de un foso entre México y España que, en realidad, únicamente se verá colmado en la década de 1930 por el impacto positivo de la emigración de españoles republicanos, cuya acogida por el presidente Cárdenas culmina la solidaridad mostrada desde un primer momento con la Segunda República. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ahora bien, las posibilidades de que se produjera tal fractura eran ya muy altas en la fase final del Imperio. Los diagnósticos de los historiadores coinciden al estimar que, en la medida en que el dominio colonial alcanza cotas más altas &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;de racionalización, y por consiguiente se incrementa su rendimiento económico, para la Corona y para la pequeña minoría de peninsulares residentes, las elites novohispanas cobran conciencia del costo de la relación colonial. Ser “joya de la Corona” no resultaba nada rentable. En palabras de Carlos Marichal, México desempeña el importante papel de una submetrópoli en el espacio mesoamericano, pero el drenaje de recursos hacia la Península es cada vez mayor, conforme se agrava la crisis financiera de la monarquía. Además, una amplia mayoría de la población de raíz hispana es criolla, mientras el pequeño grupo de peninsulares disfruta de una cuota desproporcionada de poder. Las remesas enviadas a la Península al calor del auge de la minería generaban una conciencia de que la presión económica sufrida resultaba de todo punto excesiva. Cuando sobreviene la invasión francesa, y hasta 1811, son esas remesas mexicanas las que sostienen en exclusiva el Tesoro español. Como es sabido, el movimiento hacia la autonomía del verano de 1808, respaldado por el virrey Iturrigaray, habría debido culminar en la reunión de un congreso o junta nacional, proceso truncado por el golpe de Estado que protagonizan los peninsulares. Las respectivas posiciones quedaban fijadas para lo sucesivo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En sentido contrario, la puesta en marcha, en Nueva España, de una política propia se vio favorecida por la incidencia del régimen constitucional de Cádiz. La concepción de las Indias como “una parte esencial e integrante de la monarquía española”, con el consiguiente reconocimiento de la representación política en las Cortes, tenía la contrapartida de una evidente posición de superioridad por parte de la metrópoli: nueve diputados americanos por 256 peninsulares. En cualquier caso, gracias a Cádiz y a su Constitución, quedó abierto el camino para una vida política moderna cuyo eje eran los procesos electorales. La otra cara de la moneda era la entrada en escena de un sentimiento separatista, pronto percibido por los espíritus más perspicaces: “Nuestras posesiones de América, y especialmente esta Nueva España –escribía el eclesiástico Abad y Queipo–, están muy dispuestas a la insurrección general…” Es en 1810, nos recuerda François-Xavier Guerra, cuando a la distinción entre “españoles europeos” y “españoles americanos” sucede la de “españoles” y “americanos”. El esquema que enfrentará a la mayoría de criollos y mestizos con el poder peninsular va, sin embargo, a complicarse ante el carácter de guerra social que asume, desde un comienzo, el levantamiento de 1810. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Por un lado –lo mismo que ocurre en la Península a causa de la ocupación militar napoleónica–, se da en México una gran destrucción de recursos por culpa de la contienda. El precio que se ha de pagar por los “desastres de la guerra” será muy alto en ambos casos, y actúa como factor de estrangulamiento respecto del proceso de modernización política. Paralelamente, frente a las demandas de los desposeídos, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;tiene lugar la formación, en ocasiones transitoria, de redes de intereses conservadores, por encima de la diversidad de sus posiciones políticas. Lo explicó con claridad Costeloe: “Hidalgo inició un movimiento que pronto se convirtió en una guerra de clases en la que los campesinos depauperados dieron rienda suelta al odio y a la envidia que sentían hacia las clases privilegiadas.” La meta de la independencia fue subordinada a la exigencia de una emancipación social, y ello condicionó la actitud de unos criollos que aspiraban a sustituir a los &lt;em&gt;gachupines&lt;/em&gt; como elite dominante, pero que coincidían con ellos en el instinto de defensa social. Una manifestación decisiva de ese fenómeno fue el Plan de Iguala, con la elevación a un protagonismo fugaz de ese “vasco por los cuatro costados” que se llamó Agustín de Iturbide, cuya vocación autoritaria tropezó muy pronto con lo que va a ser una constante de la vida mexicana, por encima de su enfrentamiento con el Congreso: el pronunciamiento militar, instrumento de un caudillismo que refleja la imposibilidad de mantener las alianzas previas forjadas para acabar con la posición de equilibrio precedente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Tanto en México como en España, se da hasta el último tercio del siglo XIX un tipo de transición a la modernidad en la cual los estrangulamientos, la interrupción recurrente de la normalidad y los consiguientes conflictos armados atenazan literalmente los cambios. La Constitución federal de 1824 sufrirá, por otros caminos, la misma suerte que la española de Cádiz: son construcciones normativas de signo progresista, incapaces sin embargo de garantizar una normalidad por la incidencia de una cadena de agentes de desestabilización, que parten del atraso económico y la debilidad de las elites, y desembocan en la disponibilidad para la intervención armada de la plétora de jefes militares producida por el período de la guerra de emancipación (1810-1821) –paradójicamente, durante décadas, de Iturbide a Santa Anna, el predominio corresponde a quienes fueron entonces realistas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Lo que Pierre Vilar hizo notar para la España del primer liberalismo, resulta válido para el México del frustrado republicanismo federal. La sociedad liberal en el caso español, republicana en el mexicano, gestada en la etapa final del Antiguo Régimen, alcanza su institucionalización normativa justo cuando han sido destruidas las condiciones que la hicieron posible. Serían transiciones que, a falta de mejor nombre, calificaríamos de desagregación, como la que tiene lugar en Rusia por efecto de las guerras y de la Revolución entre la autocracia zarista y el poder soviético. Tanto en México como en España, las nuevas leyes y los proyectos políticos están ahí, pero se han desplomado los soportes económicos y culturales que explican su existencia. Privada del Imperio ultramarino, la España de Fernando vii no es ya la de Jovellanos y Goya, del mismo modo que el México independiente ve arruinada la explotación de las minas de plata que forjaran el esplendor de &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;fines del siglo xviii. Una sucesión de pronunciamientos y de guerras impedirá, durante décadas, la recuperación económica, y queda entonces la etapa final del Antiguo Régimen, y singularmente las postrimerías del Siglo de las Luces, como una era de prosperidad perdida. Efecto y causa del atraso, el protagonismo de los golpes militares y del caudillismo –de Santa Anna o de Narváez y Espartero– se impone sobre la vida política parlamentaria, con unas cúpulas incapaces de garantizar la estabilidad de las fórmulas de gobierno progresivas que despuntaron con las respectivas Constituciones de 1812 y de 1824. Los intereses de la minoría privilegiada, de terratenientes, financieros, y en México también del clero hasta 1856, se encontraban mejor protegidos por la acción de unos espadones que, de paso, accedían al poder político y económico por efecto de su intervencionismo. El punto de llegada de esa trayectoria convulsa, ya en la década de 1870, consistirá tanto para México como para España en una prolongada estabilización autoritaria, la Restauración canovista en España, el Porfiriato en México, preludios ambos de una ulterior agudización de los conflictos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Las variables externas tampoco contribuyeron a mejorar el panorama. Desde los inicios de la era republicana hasta la década de 1860, México vivió con la amenaza de las intervenciones extranjeras contra su independencia, que finalmente tuvo que defender con fortuna frente al imperio neocolonial que Napoleón iii ofreció a Maximiliano de Habsburgo. Y por vías muy distintas, la potencia en ascenso que habría podido contribuir a la modernización mexicana, Estados Unidos, actuó como un depredador cuyas intervenciones militares, contra México, en 1846-1848, causó el trauma de la pérdida de la mitad del territorio heredado de la colonia, y en 1898, contra España en Cuba, tuvo un efecto muy negativo sobre el respectivo proceso de construcción nacional. El antiamericanismo, aún hoy prevaleciente en México y en España, encuentra ahí su origen. En el orden de las representaciones, desde el mismo momento en que arranca la lucha por la independencia pudo observarse en México la oscilación pendular entre un indigenismo dispuesto a reivindicar la tradición azteca, y en menor medida maya, frente a una Conquista Española vista como un museo de horrores, de un lado, y de otro, quienes, liberales y sobre todo conservadores, veían en la antigua metrópoli la matriz de una posible nación moderna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La primera imagen cobra forma en vísperas de la independencia. Es entonces cuando Fray Servando Teresa de Mier culmina su descalificación del pasado colonial, iniciada nada menos que con una negación de que la cristianización de México se debiera a España, y culminada en 1813 con su militante &lt;em&gt;Historia de la revolución de Nueva España, antiguamente Anáhuac&lt;/em&gt;. Sobre un eje binario, la barbarie hispana es el polonegativo, en tanto que la organización azteca viene presentada como un cúmulo de perfecciones, con una rica agricul&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;tura sobre cuyo producto surgían palacios, templos, parlamentos y escuelas. El mito indigenista quedaba ya forjado con Mier y con su discípulo Carlos María de Bustamante, quien en medio de planteamientos confusos da, según B. Keen, un paso más al hacer notar que la opresión de los indios no ha sido eliminada por la independencia: “Todavía hoy arrastran la misma cadena, aunque se les lisonjea con el nombre de libres.” Tal reconocimiento suponía enlazar con la tradición de revueltas que desde el siglo XVII registraban las zonas con mayor población indígena, como Yucatán, con la durísima “Guerra de Castas”, plagada de violencias dirigidas a exterminar a los españoles y sus descendientes, y Chiapas. En esta última, el enfrentamiento con la herencia de los colonizadores persistirá hasta hoy, entre unos indios reacios a soportar la subordinación que siguen sufriendo, de un lado, y de otro, los ladinos y “españoles”, casta dominante a la que los primeros apodan peyorativamente como caxlanes, supuestamente hijos de indio y perra (caxlán deriva de “castellano”). &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La secular oposición a la ciudad ladina tendrá su manifestación emblemática en la toma festiva de San Cristóbal de las Casas el 12 de octubre de 1992, quinto centenario del Descubrimiento, con el derribo de la estatua del conquistador Mazariegos. Fue el prólogo del asalto de verdad a San Cristóbal que los neozapatistas llevaron a cabo el 1o de enero de 1994, que por encima de sus consecuencias políticas vino a reafirmar esa dualidad aparentemente insalvable entre reivindicación indianista –más que indigenista– y tradición hispánica. (Aun cuando en los escritos del líder neozapatista, el subcomandante “Marcos”, la evocación sacralizada del mundo maya y la personificación de sus valores en el personaje del “viejo Antonio” tenga su contrapunto en el repelente escarabajo crítico “Durito de Lacandonia”, inspirado como otras referencias del autor en Don Quijote de la Mancha: Marx habría visto en ello una confirmación de sus tesis.) &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Indigenismo e identidad revolucionaria se encuentran una y otra vez unidos desde que arranca el movimiento insurreccional frente a Porfirio Díaz. La desgraciada suerte del indio, explotado ya en el siglo xx por los terratenientes y el Estado, entronca con la de quienes fueron los vencidos por la Conquista. Regresa el esquema trazado en su día por Fray Servando Teresa de Mier, y nada lo expresa mejor que el relato contenido en las pinturas de Diego Rivera en el Palacio Nacional capitalino. El mundo prehispánico reviste los caracteres de una utopía más que feliz, a pesar de la existencia de los sacrificios humanos y la esclavitud, en tanto que la actuación de los conquistadores está marcada por la explotación despiadada, el crimen y toda suerte de horrores. El interés de Rivera por ese pasado destruido por la Conquista queda reflejado en el museo-estudio que hizo construir para sí mismo, atestado de hermosas piezas arqueológicas, al que llamó Anahuacalli. De hecho la arqueología ha venido suponiendo &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;para países como México o como Camboya, un elemento clave en la definición simbólica de la nacionalidad, y basta para comprobarlo la presentación del mundo azteca en el aún joven Museo del Templo Mayor y en las notas explicativas y documentales que acompañan, tras su renovación, a las civilizaciones prehispánicas en el Museo Nacional de Antropología. España queda fuera de campo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El trágico desenlace de la Guerra Civil Española sirvió al menos, como tantas veces se ha dicho, para colmar en parte ese interminable distanciamiento entre España y la que fuera Nueva España. La aportación de los exiliados peninsulares, singularmente en el plano cultural, ha sido objeto con plena justicia de un reconocimiento generalizado. Sólo que la prolongada ausencia de relaciones diplomáticas a lo largo de la dictadura franquista dejó la relación centrada en el espacio mexicano. Eso no significa, por cierto, que no existieran otros enlaces. El nivel comparable de desarrollo económico, y por consiguiente de mentalidad popular, hizo posible desde fines de la década de 1940 una notable incidencia de la industria cultural mexicana sobre España. No sólo fue Cantinflas. Películas y canciones llevaron a niveles muy altos de popularidad a artistas como Pedro Infante, el Trío Calaveras y, por encima de todos, Jorge Negrete, protagonista del primer recibimiento de masas en el aeropuerto de Madrid. Luego la más rápida modernización española desde los años 60, con otros gustos del público, abrió aquí de nuevo distancias, hasta que las nuevas circunstancias políticas, con la transición española, relanzaron los intercambios culturales. Queda en pie el legado del exilio, punto imprescindible de referencia para esa necesaria intensificación de vínculos entre los dos países, a la cual contribuye con brillantez la publicación cuyo aniversario hoy conmemoramos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Antonio Elorza&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Letras Libres, noviembre de 2006&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-588899189445193932?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/588899189445193932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/588899189445193932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/espana-y-mexico-modernizaciones.html' title='España y México: modernizaciones frustradas'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/SgJr5O48waI/AAAAAAAABmE/1DKABCIJ-Hs/s72-c/Espa%C3%B1a+Mexico+s+xix.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-4665042048184124419</id><published>2009-05-04T17:06:00.000-05:00</published><updated>2009-05-04T17:08:32.492-05:00</updated><title type='text'>Asilados, México y la dictadura uruguaya</title><content type='html'>&lt;embed id="VideoPlayback" src="http://video.google.es/googleplayer.swf?docid=4053350459002054223&amp;hl=es&amp;fs=true" style="width:400px;height:326px" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" type="application/x-shockwave-flash"&gt; &lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-4665042048184124419?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4665042048184124419'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/4665042048184124419'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/asilados-mexico-y-la-dictadura-uruguaya.html' title='Asilados, México y la dictadura uruguaya'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-2057276806046093006</id><published>2009-05-04T16:18:00.004-05:00</published><updated>2009-05-04T17:05:29.066-05:00</updated><title type='text'>La invención de "Ariel"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Sf9lyDklyvI/AAAAAAAABkQ/N6lU7TZOY4U/s1600-h/Ariel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5332092394456599282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 278px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Sf9lyDklyvI/AAAAAAAABkQ/N6lU7TZOY4U/s320/Ariel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El nacionalismo mexicano –como bien se sabe, gracias a los estudios de David Brading–, nació como una afirmación de la identidad criolla frente a la dominación peninsular, pero una vez alcanzada la independencia, paulatinamente cambió de objeto y de sujeto. El nuevo adversario fue el vecino del norte y el nuevo depositario fue el grupo que con el tiempo se denominaría conservador, y que desde los años treinta señaló los peligros que se cernían sobre la naciente República mexicana. Como es natural, el grupo buscó su filiación cultural en las raíces hispánicas y católicas. Las diversas corrientes liberales o progresistas que contendieron por el predominio político e intelectual a lo largo de ese siglo despertaron tarde al sentimiento nacionalista. Durante y después de la guerra contra los Estados Unidos no dejaron de escucharse voces liberales que entendían los peligros tangibles de la doctrina del “Destino Manifiesto” (la de Melchor Ocampo, gobernador de Michoacán, fue una de ellas), pero las exigencias prácticas de las guerras de Reforma y de Intervención mantuvieron los lazos entre los liberales y los gobiernos de la Unión Americana. Esta colaboración (que en 1858, como se sabe, pudo representar concesiones en verdad comprometedoras para México, como las plasmadas en el Tratado MacLane-Ocampo), siguió adelante sin solución de continuidad durante la República Restaurada y las primeras décadas del porfiriato, bajo la forma de concesiones diversas (ferrocarrileras, sobre todo) y elaborados proyectos de libre comercio. El tono de la relación, por parte de México (y en general de los círculos liberales en la América Hispana, recuérdese el admirativo y perspicaz diario de viajes de Sarmiento por los Estados Unidos) fue de cautela política y de admiración ideológica. Los Estados Unidos fueron, además, una tierra de refugio para los exiliados políticos de corte liberal. Pero de pronto la historia dio un vuelco que marcaría al siglo XX: la sorpresiva convergencia del ideario liberal con el conservador bajo el denominador común de su mutuo rechazo al naciente imperio estadounidense. Ese momento clave, especie de “toma colectiva de conciencia”, ocurrió en el gozne de los dos siglos y tuvo varios exponentes en la América Hispana. En México encarnó en uno de los más distinguidos espíritus de la época: Justo Sierra. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hacia 1897, a sus 49 años de edad, Justo Sierra viaja a los Estados Unidos. Se consideraba a sí mismo un “liberal conservador” puesto al día por las últimas corrientes del evolucionismo spenceriano. En &lt;em&gt;Tierra yanquee&lt;/em&gt;, su diario de viaje, Sierra refleja el inestable balance que intentaba el pensamiento liberal finisecular sobre aquel país con las dos caras de Jano, imperial y democrático. En una reunión con los liberales del exilio cubano en Nueva York, Sierra se acerca al problema de la isla, envuelta en la infructuosa guerra de Independencia y dividida entre sus deseos de libertad de España y el temor –previsto por Martí– de caer en los Estados Unidos. Al escucharlos, Sierra revive los conflictos de mitad de siglo sobre los que habría de escribir: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Lo que aquí hay es una formidable codicia; lo que aquí existe es el mismo cínico apetito que determinó al Congreso americano a aceptar la anexión de Texas [...] la verdad es que Cuba es un gran business [...] la preparación quedará completa en el curso de 98; entonces la amonestación amistosa a España se convertirá en aspérrima intimidación, y el coloso levantará su voz formidable para formular un ultimátum... una guerra por Cuba que empezará por hacer de Cuba misma la prenda pretoria, sería aquí enormemente popular. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Su profecía se cumplió, palabra por palabra, en el tiempo exacto. Pero días más tarde, frente al Capitolio, Sierra matiza un tanto su juicio: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Pertenezco a un pueblo débil, que puede perdonar pero que no debe olvidar la espantosa injusticia cometida contra él hace medio siglo; y quiero como mi patria tener ante los Estados Unidos, obra pasmosa de la naturaleza y de la suerte, la resignación orgullosa y muda que nos ha permitido hacernos dignamente dueños de nuestro destinos. Yo no niego mi admiración, pero procuro explicármela, mi cabeza se inclina pero no permanece inclinada; luego se yergue más para ver mejor. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El sentimiento ya no era de admiración pura sino de ambivalencia: por un lado el recelo ante aquella máquina de ambición y fuerza que le recordaba la herida abierta de 1847; por otra parte, la inclinada admiración ante “la labor sin par del Capitolio [...] embebido de derecho constitucional hasta en su última celdilla [...] ¿cómo no inclinarnos ante ella, nosotros, pobres átomos sin nombres, si la historia se inclina?”. Hasta aquí, el liberal y el nacionalista en Sierra permanecían en perfecto equilibrio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Todo cambio (para Justo Sierra y para la América Hispana) con la derrota de España en 1898 (esa “pequeña espléndida guerra” como la llamó el secretario Hay, uno de los grandes teóricos del imperialismo norteamericano). En ese instante, los liberales mexicanos e hispanoamericanos, como Justo Sierra, dejaron de “inclinarse”. Fue un momento de quiebre en la historia del pensamiento hispanoamericano, no podían admitir una libertad impuesta por las armas y una independencia convertida en protectorado (Porfirio Díaz mismo señalaría, no sin precaución, estos peligros en la entrevista con Creelman, en 1908). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La situación de Cuba configuró con claridad el sentido de varios episodios del siglo XIX: era el capítulo más reciente de una historia ya larga que incluía la anexión de Texas, la guerra con México, las acciones filibusteras en Centroamérica y hasta ciertos designios explícitos (por ejemplo de Henry Cabot Lodge) de hacer ondear la bandera de las barras y las estrellas desde el Río Bravo hasta la Patagonia. Tras esa toma colectiva de conciencia, era natural que la admiración liberal por la democracia norteamericana pasara, de manera definitiva, a segundo plano: lo que privaba ahora era el temor al siguiente zarpazo del “&lt;em&gt;Big stick&lt;/em&gt;” en cada confín del Caribe y en tierra firme. Fue entonces cuando los círculos liberales de América Latina comenzaron a conseguir un nacionalismo continental de nuevo cuño, un hispanismo americano laico, algo distinto al tradicional conservadurismo monárquico y católico, y formulado en términos explícitamente antinorteamericanos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Luego del agravio vino la primera construcción intelectual. Bajo el efecto del 1898, un escritor uruguayo, José Enrique Rodó, dio forma al nuevo credo en un pequeño libro: &lt;em&gt;Ariel&lt;/em&gt;. En la historia de las ideas en castellano, su célebre ensayo debe verse (junto con textos premonitorios de Martí y el poema “A Roosevelt” de Darío) como el complemento iberoamericano a la crisis histórica del 98 español. La patria misma de la democracia y la libertad, el mundo del porvenir y el progreso, había derribado al tronco español y amenazaba a sus ramas americanas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Rodó –como se sabe– proponía para la América Hispana la construcción de una cultura espiritual y estética opuesta al “crudo y salvaje” materialismo del Calibán norteamericano. Su mensaje caló en todos nuestros países al grado de que dio pie a un movimiento llamado “arielismo”, sin el cual no se entiende la historia intelectual de América Latina en el siglo XX. Los jóvenes en Hispanoamérica despertaron al siglo XX leyendo a &lt;em&gt;Ariel&lt;/em&gt;. “En sus luminosas páginas –escribió el dominicano Pedro Henríquez Ureña, en 1904– se cierne, en gloriosa lontananza, la visión de América”. Tiempo después, en el pujante estado de Nuevo León, el gobernador Bernardo Reyes ordenó realizar la primera edición mexicana del libro de Rodó. Ediciones similares aparecieron en todo el continente, e incluso en Perú varios jóvenes intelectuales formaron grupos arielistas. Tal vez Venustiano Carranza –ávido lector de &lt;em&gt;México a través de los siglos&lt;/em&gt;– supo de Rodó, y quizá así se explique su nombramiento de Amado Nervo como embajador en Uruguay. Pero lo cierto es que fue el primer presidente que intentó un acercamiento real con las repúblicas iberoamericanas. Años más tarde, en su gestión educativa y en varias de su obras –La raza cósmica, desde luego– Vasconcelos retomó el tema de Rodó y le imprimió una variación original y proteica. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El “arielismo” fue, en suma, la primera ideología moderna generada en nuestros países, frente al liberalismo clásico y sus sucedáneos directos (positivismo y evolucionismo). Con el tiempo se constituyó en un trasfondo (cercano o remoto, tácito o abierto), de los grandes y apasionados “ismos” del siglo XX en América Latina: anarquismo, socialismo, indigenismo, nacionalismo, iberoamericanismo, hispanismo, populismo, fascismo, comunismo. En mayor o menor medida todas esas doctrinas tuvieron un fondo “arielista”, compartían –incluso demagógicamente– el ideal de una nación de naciones unidas por altos valores del espíritu enfrentada a “la otra América”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En 1959, 59 años después de la primera edición del &lt;em&gt;Ariel&lt;/em&gt;, en una escuela secundaria privada de la ciudad de México, una famosa maestra de lengua y literatura llamada Rosario María Gutiérrez Eskildsen predicaba a sus alumnos: “Lean Ariel, es más que una profecía, es el evangelio de ‘nuestra América’ ”. En ese mismo año, como en una reversión de la guerra de 1898, la revolución cubana comenzó un ciclo de nacionalismo de izquierda continental, que aún no termina. Castro adoptó, claro está, el sistema comunista, pero en su ideario y sobre todo en el de su compañero de armas, el Che Guevara, resonaba un tema más decisivo que el materialismo dialéctico: el idealismo latinoamericano del &lt;em&gt;Ariel&lt;/em&gt;, ese nacionalismo colectivo que dio sus mejores frutos en la literatura y en el arte, pero que en los ámbitos de la economía y la política se ha definido menos por su valores propios que por el rechazo casi ontológico –pero siempre infructuoso y paralizante– al Calibán del norte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Enrique Krauze&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Revista Istor no. 15 CIDE&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-2057276806046093006?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2057276806046093006'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/2057276806046093006'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/la-invencion-de-ariel.html' title='La invención de &quot;Ariel&quot;'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Sf9lyDklyvI/AAAAAAAABkQ/N6lU7TZOY4U/s72-c/Ariel.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-5685760319028151524</id><published>2009-05-04T16:04:00.001-05:00</published><updated>2009-05-04T16:08:54.689-05:00</updated><title type='text'>Tlacaélel. El azteca entre los aztecas: México y los signos de los tiempos</title><content type='html'>&lt;embed id="VideoPlayback" src="http://video.google.es/googleplayer.swf?docid=5827169729860249463&amp;hl=es&amp;fs=true" style="width:400px;height:326px" allowFullScreen="true" allowScriptAccess="always" type="application/x-shockwave-flash"&gt; &lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-5685760319028151524?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/5685760319028151524'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/5685760319028151524'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/05/tlacaelel-el-azteca-entre-los-aztecas.html' title='Tlacaélel. El azteca entre los aztecas: México y los signos de los tiempos'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-451037037792302668</id><published>2009-04-21T14:48:00.008-05:00</published><updated>2009-04-21T20:49:16.654-05:00</updated><title type='text'>Laicismo y religiosidad en Juárez</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Se4m8j0i_uI/AAAAAAAABd8/1OTBJYUbetU/s1600-h/Benito+Ju%C3%A1rez.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5327238231075520226" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 258px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Se4m8j0i_uI/AAAAAAAABd8/1OTBJYUbetU/s320/Benito+Ju%C3%A1rez.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Escribe Juárez a su “muy amado Santa” —su yerno don Pedro Santacilia— que se encontraba en Nu e va York en 1865:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Supongo que Pepe y Beno están yendo a la escuela. Suplico a usted no los ponga bajo la dirección de ningún jesuita ni de ningún sectario de alguna religión; que aprendan a filosofar, esto es, que aprendan a investigar el por qué o la razón de las cosas para que en su tránsito por este mundo tengan por guía la verdad y no los errores y preocupaciones que hacen infelices y desgraciados a los hombres y a los pueblos.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al mismo Santacilia le escribe en ocasión del fallecimiento de su padre, el 16 de febrero del mismo año: “Que Él le dé a usted fort a l eza y conformidad, como lo desea su amigo y padre afectísimo”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De estos dos polos emerge el concepto personal de laicismo de Benito Juárez. Diversos datos indican que Juárez desarrolló desde muy temprano en su vida una &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;aversión por la estrechez conceptual de una formación religiosa. En sus notas autobiográficas menciona varias veces la “instintiva repugnancia que tenía a la carrera eclesiástica”. Pero también existen otros elementos indicativos de que Juárez —al fin y al cabo hombre de la provincia mexicana del siglo XIX— nunca abjuró de una fe personal. Y ahí estriba lo excepcional de su caso: tuvo la agudeza de percibir, cuando el hecho no era tan obvio como nos lo parece ahora, que cualquiera que fuese su credo personal, una nación moderna requería de la separación tajante del Estado y la Iglesia, del desarrollo de vigorosas instituciones estatales, de la más absoluta libertad intelectual y del florecimiento de una sociedad civil. Sin laicidad no hay modernidad, y la primera tarea de México era modernizarse. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;La hostilidad de Juárez hacia una educación religiosa provenía seguramente de sus experiencias en el seminario conciliar al que ingresara en la ciudad de Oaxaca en 1821. En &lt;em&gt;Apuntes para mis hijos&lt;/em&gt; él habla de las limitaciones curriculares que encontró en la institución eclesiástica. Para un adolescente ambicioso, pleno de inquietudes intelectuales, la atmósfera cerrada y el enfoque unilateral del conocimiento, así como el estudio privilegiado de la gramática latina más que de la castellana, deben haber resultado altamente constrictivos. Si a todo ello añadimos la corrupción y las prácticas de interrelación social (tan ampliamente conocidas y divulgadas hoy día) que probablemente observó en el seminario, resulta explicable que Juárez, como otros jóvenes inquietos y potencialmente liberales, viera en el recién fundado In stituto de Ciencias y Artes de Oaxaca (1827) un oasis en el cual se podía buscar la satisfacción de su sed de conocimientos y de horizontes amplios. Hacia allá dirigió sus pasos, venciendo las resistencias de su entorno inmediato. Es fácil imaginar que, una vez en el Instituto, Juárez encontró un semillero de espíritus afines: allí encuentra a sus primeros y verdaderos amigos —como Miguel Méndez— que continuarían siéndolo hasta que la muerte o la política los separó. Tal vez Juárez nunca tuvo amigos más cercanos que éstos, sus compañeros del Instituto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Otra experiencia, al menos, habría de forjar en Juárez la idea de que el clero y otras clases privilegiadas se unen y se confabulan, ora implícita ora explícitamente, para oprimir y vulnerar los derechos, siempre endebles, de los desposeídos. En 1834 Juárez —abogado postulante— se involucra en la defensa legal de un grupo de vecinos del pueblo de Losicha, vejados en sus derechos por el cura local. Juárez enfrenta la indiferencia cuando no la complicidad del tribunal eclesiástico y también de la autoridad civil: el defensor resulta apresado por más de una semana, acusado de vagancia y de sublevar a los vecinos contra las autoridades. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Como en tantos otros hechos de su vida —su culto al “deseo vehemente de saber”, su búsqueda de la redención indígena—, la experiencia directa y personal va conformando las ideas de Juárez y le permite luego convertirse no sólo en defensor de un concepto, sino en su encarnación misma. Sus posturas no provienen meramente de un ejercicio intelectual sino de su propia biografía. De ahí la fuerza de su convicción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pese a todo lo anterior, existen evidencias de que Juárez mantuvo, a lo largo de su vida, una fe personal básica, quizá cercana al deísmo del siglo XVIII. Cuando sus hijos enfermaban (perdió a cinco de sus doce vástagos), Juárez oraba por su recuperación. Las referencias a una deidad aparecen ocasionalmente en su epistolario, así como las alusiones a ocasiones religiosas. En febre ro de 1872, escribe a su hija Vela: “Dile a Chole que a las siete de la noche irá conmigo a llevar a bautizar a la niña de mi compadre Rafael García. Que pongan el coche después de la oración...” en aparente referencia a la oración familiar diaria que, según algunas fuentes, la familia&lt;br /&gt;observaba de acuerdo con la costumbre de la época. Las expresiones de la gente más cercana suelen revelar la &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;atmósfera, el tono de una casa, de una familia. Así, Margarita Maza escribe a su marido el 16 de marzo de 1866: “Sólo le pido a Dios que me dé vida para volverte a ver...”. Es difícil imaginar que Doña Margarita —tan solidaria siempre y en ese entonces compartiendo con Juárez el dolor intolerable por la pérdida de sus amados Pepillo y Antoñito— hubiese usado expresiones como ésa, de haberle resultado molestas a su esposo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esa religiosidad básica de Juárez no tiene por qué parecer extraña en el México de la época, aun en el caso de un liberal ilustrado. La información que se tenía en ese tiempo acerca de los orígenes del cristianismo y de la historicidad de Jesús era rudimentaria en extremo. Acaso el primer libro importante en torno a la figura histórica del Cristo, la &lt;em&gt;Vida de Jesús&lt;/em&gt; de Renan, no aparece sino en 1863 y probablemente se conoce en México mucho después. Los grandes desarrollos científicos y filosóficos que habrán de tener un impacto radical en la concepción que hoy se tiene de las religiones y del cristianismo en particular, estaban aún en el futuro, especialmente si se tiene en cuenta que, por su distancia geográfica respecto de los principales centros del pensamiento, México, a decir de Alfonso Reyes, había llegado tarde “al banquete de la civilización”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Justo Sierra resume así el asunto de la religiosidad de Juárez:&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Cristiano? Probablemente no dejó de serlo nunca; en su raza, primero vencida, luego forzosamente oprimida, y al fin comprimida en una tutela que la mantuvo en el estado de infancia de que trabajosamente va saliendo y saldrá en la escuela, su redentora suprema, en su raza era congénita la necesidad de creer en un juez infaliblemente justo que estuviese por encima de los jueces de la tierra, y sólo la religión de Cristo le ofrecía la plena satisfacción de esta necesidad fundamental en el espíritu del indígena después de la conquista: la de que sus explotadores fueran implacablemente castigados. Cristiano, sí, pero independiente ya de toda sumisión a la Iglesia, que intentaba mantener con la desigualdad ante la ley, es decir, con los fueros, una preponderancia que imposibilitaba el advenimiento del poder civil.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El genio de Juárez consistió en haber podido separar cualquier convicción religiosa personal de su acción como político, como gobernante y como líder. Pudo discernir, desde la remota atalaya del siglo XIX mexicano, las características esenciales de la modernidad y ofrecerlas a México. Vio con clarividencia que no hay modernidad sin laicismo. Hay quienes no perciben el hecho un siglo y medio más tarde.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Héctor Vasconcelos&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;Revista de la Universidad de México&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-451037037792302668?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/451037037792302668'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/451037037792302668'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/04/laicismo-y-religiosidad-en-juarez.html' title='Laicismo y religiosidad en Juárez'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Se4m8j0i_uI/AAAAAAAABd8/1OTBJYUbetU/s72-c/Benito+Ju%C3%A1rez.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-3321242185549997957</id><published>2009-04-21T12:47:00.004-05:00</published><updated>2009-04-21T13:27:02.787-05:00</updated><title type='text'>Quetzalcóatl sigue volando</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Se4O8UZWJFI/AAAAAAAABd0/7EhbivuesCY/s1600-h/Quetzalcoatl.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5327211838655833170" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 222px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Se4O8UZWJFI/AAAAAAAABd0/7EhbivuesCY/s320/Quetzalcoatl.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Quetzalcóatl es una de las deidades más complejas del mundo prehispánico. La riqueza de sus elementos simbólicos y del sustrato filosófico inherente a su figura hacen de él un mito fundacional de alcances universales. Roger Bartra, sociólogo y antropólogo, autor de obras como El salvaje en el espejo y La Jaula de la melancolía, comenta en este texto la obra de José Luis Díaz El revuelo de la serpiente: Quetzalcóatl resucitado editado recientemente por la editorial Herder:&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;José Luis Díaz ha escrito un libro audaz e increíblemente atractivo. Es audaz porque además de examinar con lucidez el mito de Quetzalcóatl en su contexto prehispánico, sigue sus pasos hasta nuestros días. Por ello el libro es doblemente atractivo, pues nos presenta la anatomía del dios prehispánico y nos enfrenta con ello al enigma de su supervivencia. El libro de José Luis Díaz es un ensayo literario y crítico muy bien escrito, provocador y estimulante. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Sus reflexiones sobre el mito originario se adentran en las diversas explicaciones que los arqueólogos y los historiadores nos han ofrecido del mito de Quetzalcóatl. Para Ángel María Garibay, el dios heroico y el rey terrenal reúnen las expresiones de una asombrosa literatura. El discípulo del padre Garibay, Miguel-León Portilla, ve a Quetzalcóatl como el centro de un complejo de ideas estructurado como un sistema filosófico. Para Laurette Séjourné el gran personaje histórico engendra al mito. Para Román Piña Chan, por el contrario, sólo una vez que se constituye el culto religioso el dios aparece en su encarnación humana. Enrique Florescano señala que este mito reproduce el ciclo del cultivo del maíz, en una secuencia de génesis, muerte y resurrección de una planta que fue la base alimenticia de las sociedades prehispánicas. Alfredo López Austin considera que el mito contiene elementos ideológicos que encarnan en el poder sucesivo de gobernantes, sacerdotes y guerreros. De estos y otros estudiosos José Luis Díaz extrae los elementos que le interesa destacar para su interpretación. Antes que nada, a Quetzalcóatl como deidad dual cuyo sacrificio permite que los hombres sean creados, lo que auspicia que el mito arraigue tanto en la conciencia individual como en quienes, muchos siglos después, lo toman como una vía de reflexión e introspección. Éste es el camino que con audacia toma José Luis Díaz. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;No me referiré a las características intrínsecas del mito de Quetzalcóatl. No tengo los conocimientos ni la especialización para ello. Comentaré aquí solamente algunos temas teóricos referidos a la interpretación de los mitos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Lo más fascinante del libro de José Luis Díaz es su seguimiento de las supervivencias y la evolución del &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;mito de Quetzalcóatl después del terrible desastre que la conquista española ocasiona en las culturas indígenas. Así, el libro examina la extraña figura de un apóstol Quetzalcóatl-Santo Tomás, donde según Jacques Lafaye se funde “el símbolo antiguo de las esperanzas frustradas del México moderno”, idea celebrada también por Octavio Paz. Este sincretismo lleva a José Luis Díaz a una de sus muchas sugerentes indicaciones: a invitarnos a una lectura gnóstica del mito mesoamericano. Ciertamente, en el Evangelio de Tomás (hallado en Nag Hammadi) queda claro que los gnósticos creían en una identidad de lo divino y lo humano, a diferencia de la tradición judeocristiana ortodoxa que señala enfáticamente que hay un abismo entre la humanidad y su creador. Para algunos gnósticos el autoconocimiento es conocimiento de Dios, porque el yo y lo divino son idénticos.&lt;span style="color:#000000;"&gt;[1]&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;No cabe aquí citar todas las encarnaciones y revuelos del mito que estudia José Luis Díaz, desde los primeros cronistas a fray Servando Teresa de Mier, de Carlos de Sigüenza y Góngora a José Vasconcelos, de Mesoamérica a la región andina, de los antiguos toltecas a los modernos chicanos. José Luis Díaz re c rea, como escribe: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Un mito cuya duración en el tiempo, extensión en la amplia geografía americana y magnitud de impacto sobre las principales culturas prehispánicas, durante la Colonia y aun los periodos independiente y contemporáneo sugieren una profunda raíz psicológica, además de social.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;¿Cuál es esa raíz?, se pregunta José Luis Díaz. Aunque ya ha sugerido una interpretación gnóstica, el autor se acerca aquí a la interpretación neokantiana de Ernst Cassirer: el mito contendría, no una ve rdad metafísica y absoluta, sino una verdad simbólica de carácter etnológico y psicológico. Le atraen mucho las respuestas psicoanalíticas en esta búsqueda de la raíz del mito. El lenguaje simbólico común a muchos mitos permite sospechar que se hallan anclados en los estratos profundos del inconsciente, incluso en esa entidad tan difícil de asir como el inconsciente colectivo del que habló Jung. Señala con razón que hay un parentesco entre las interpretaciones metafísicas que encuentran arquetipos o complejos en los mitos, por un lado, y la explicación estructuralista de Lévi-Strauss, quien supone la existencia de modos de operación del espíritu humano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;José Luis Díaz se resiste a las interpretaciones meramente circunstanciales del mito, que no acuden a ningún principio rector general. Por eso le atrae la explicación evolucionista de Hans Blumenberg. Para Blumenberg la “constancia icónica” de los mitos, que se manifiesta en su durabilidad y difusión, es un proceso prolongado de selección, una verdadera depuración milenaria de tipo darwiniano. La persistencia de los mitos, según Blumenberg, obedece al hecho fundamental de que la especie humana sufre una angustia por carecer de un nicho biológico preciso; esta desadaptación ha producido un déficit de instintos de adaptación. La función de los mitos consiste en superar esta angustia producida por lo que Blumenberg llama el “absolutismo de la realidad” (la desadaptación biológica), al traducirla a miedos específicos y concretos. Los mitos que sobreviven han sido sometidos a un largo “trabajo” de selección, donde los más aptos se endurecen y sobreviven. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Otra interpretación evolucionista del fenómeno de la larga supervivencia de los mitos podría provenir del campo que cultiva José Luis Díaz, la neurobiología. Para comprender la supervivencia es interesante convocar a la biología: el código genético de los organismos (o de los mitos) no contiene, como se sabe, las instrucciones para un cambio evo l u t i vo; los cambios y las variaciones no se encuentran programados en los mensajes genéticos. Es la estabilidad de la especie la que está programada, no su evolución. La neurobiología evolucionista se ha enfrentado a un dilema similar; tal como lo formula Gerald M. Edelman, los mapas neuronales no se pueden explicar por la operación de códigos genéticos preestablecidos que enviarían supuestamente instrucciones sobre la manera de tejer las redes de sinapsis (o de mitos). Según Edelman, debemos entender la red neuronal (o red mítica) a partir de un sistema de selección, en el cual la conexión ocurre ex post facto a partir de un repertorio preexistente; es decir, las conexiones no se tejen a partir de un instructivo —como en un telaro una computadora—, sino a partir de un repertorio previo sobre el que opera un proceso de selección de las conexiones más funcionales.&lt;span style="color:#000000;"&gt;[2]&lt;/span&gt; La larga duración de un &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;mito como el de Quetzalcóatl podría obedecer a un sistema de selección similar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Las propuestas de José Luis Díaz nos conectan con el problema de la larga duración de los mitos desde ángulos nuevos. ¿Acaso las interpretaciones de los mitos que los conectan con entidades universales —arquetipos, arquitecturas espirituales, inconscientes colectivos , mentalidades— no conllevan el riesgo de reducir la otredad fundamental de un mito a la unidad, mediante comparaciones y asimilaciones que hallan similitudes en su lenguaje? A fin de cuentas, la angustia de los primeros cronistas y conquistadores ante el gran abismo que los separaba de las culturas indígenas era reducida al encontrar supuestos elementos comunes de carácter cristiano. La amenazadora otredad de culturas diferentes que nos son ajenas puede paliarse si hallamos rasgos comunes que nos unen a ellas. Pero: ¿son reales las semejanzas u obedecen a una postura humanista ecuménica —renacentista e incluso medieval— que renuncia a buscar causas de la diversidad humana? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ante este problema tenemos varias opciones. Una de ellas, estructuralista, es la famosa secuencia de Vladimir Propia de los cuentos populares. Su versión junguiana es la que ofrece Joseph Campbell cuando se refiere al ciclo separación-iniciación-retorno.&lt;span style="color:#000000;"&gt;[3]&lt;/span&gt; Y más específicamente sobre el mito de Quetzalcóatl, que se refiere a la naturaleza ambivalente del ser humano y al conflicto entre fuerzas opuestas, los modelos de interpretación que examinan esta peculiar dualidad son muchos, desde el mito como mediador de opuestos (según Lévi-Strauss) hasta la fusión gnóstica de los contrarios. José Luis Díaz explora varias de estas opciones. Al acercarse al final de su análisis, concluye que: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;El mito de Quetzalcóatl es notable porque, si bien en muchos de sus aspectos y fases recuerda a los de otras latitudes, constituye en su totalidad algo único; posiblemente uno de los mitos más completos por los elementos universales que lo conforman. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Ésta es la paradoja en la que se mueve con sutileza el estudio de José Luis Díaz: nos habla de Quetzalcóatl como un mito único con elementos universales. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;En efecto —continúa el autor— el de Quetzalcóatl es un mito de origen y destrucción que trata de los dioses y de un héroe salvador y fundador de ritos y cultos en los que se toca la relación de la eternidad con la vida terrestre y se abordan tanto el renacimiento como la transforma ción cósmica, el totemismo y el nahualismo o la capacidad de poseer un alter ego animal. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Al examinar los elementos universales del mito José Luis Díaz se va acercando paulatinamente a una interpretación psicoanalítica y gnóstica; explora las diversas posibilidades de la dicotomía que distingue entre la sombra y la persona, entre eros y thanatos, el doctor Jekyll y míster Hyde, el ser y el no ser. Pero no ha perdido de vista las peculiaridades únicas del mito, las de una combinatoria de elementos que sólo ocurrió una vez en Mesoamérica y que no se ha repetido y acaso nunca se repetirá. Es muy posible que ese carácter único se haya perdido para siempre, y que hoy sólo podamos intuirlo y sentirlo, paradójicamente, por medio de sus ingredientes universales. “El mito de Quetzalcóatl —nos dice José Luis Díaz— es real y potencialmente gnóstico porque puede tomar vida en cada uno y simbolizar o articular esa febril batalla interior por el saber trascendental y la redención final”. Hay escritores que creen que el sueño antiguo mexicano se perdió, que su pensamiento fue interrumpido. Le Clézio, por ejemplo, cree que los mexicanos en el momento de la conquista estaban en vísperas de desarrollar un sistema filosófico que hubiera podido resolver las contradicciones del mundo antiguo europeo, que hubiera podido lograr la armonía entre lo real y lo sobrenatural. Cree que el hombre occidental ahora tiene que reinventar lo que ya sabían las civilizaciones que destruyó&lt;span style="color:#000000;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;[4]&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Para José Luis Díaz, más optimista, la inmersión en el mito de Quetzalcóatl permite reconocer la chispa de lo trascendental y al mismo tiempo su extinción en la dualidad del águila y la serpiente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;He aquí —dice José Luis Díaz— la doble esencia y el doble símbolo de la serpiente emplumada: el águila como aquella chispa y la serpiente como esta limitación. Se trata, finalmente, de una re s u r rección durante la vida por la cual se adquiere una nueva vida, de un despertar por el cual las apariencias adquieren nuevos significados. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;De esta manera José Luis Díaz logra una sensibilidad que abre las puertas del saber más que las de la creencia. Descubre que el río del pensamiento de los antiguos mexicanos no se interrumpió, aunque sus afluentes no son fáciles de encontrar. Para lograrlo hay que sumergirnos en el caudal de la imaginación, como lo hace con tanta brillantez José Luis Díaz. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Roger Bartra&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Revista de la Universidad de México&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;____________________________________________________________________________&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;[1]&lt;/span&gt; Elaine Pagels, Los evangelios gnósticos, Crítica, Barcelona, 1988, p. 19.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;[2]&lt;/span&gt; Véase un examen de la propuesta de Edelman en mi libro El salvaje artificial, ERA/UNAM, México, 1997.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;[3]&lt;/span&gt; La interpretación más rigurosamente junguiana de los mitos mexicanos antiguos es la de Manuel Aceves, El mexicano: alquimia y mito, Joaquín Mortiz, México, 1991.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;[4]&lt;/span&gt; Jean-Marie Gustave Le Clézio, Le rêve mexicain où la pensée interrompue, Gallimard, Paris, 1988.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/288840492643424425-3321242185549997957?l=umblicus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3321242185549997957'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/288840492643424425/posts/default/3321242185549997957'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://umblicus.blogspot.com/2009/04/quetzalcoatl-sigue-volando.html' title='Quetzalcóatl sigue volando'/><author><name>Cogitamentum</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-pmx-VV-jGMw/TWk5qATmQkI/AAAAAAAACtk/d7otdnE0YLE/s220/Poliedro%2BDavinci2.png'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_fME6Q1mU3zQ/Se4O8UZWJFI/AAAAAAAABd0/7EhbivuesCY/s72-c/Quetzalcoatl.jpg' height='72' width='72'/></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-288840492643424425.post-6619619979768593476</id><published>2009-04-10T22:08:00.001-05:00</published><updated>2009-04-11T11:29:16.398-05:00</updated><title type='text'>Fiestas del Centenario, Septiembre 1910 - III</title><content type='html'>&lt;object height="381" width="480"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.dailymotion.com/swf/x347ko_primer-centenario-de-la-independenc_shortfilms&amp;amp;related=1"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.dailymotion.com/swf/x347ko_primer-centenario-de-la-independenc_shortfilms&amp;related=1" type="application/x-shockwave-flash" width="480" height="381" allowfullscreen="true" allowscriptaccess="always"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' 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